Nuevatribuna

Historia de una vergüenza ajena

Santiago Abascal y Marine Le Pen
Santiago Abascal y Marine Le Pen

La llegada de populistas de carácter indiscutiblemente profascista -xenófobo, misógino, militarista, etc- a instancias de poder decisorias como la presidencia de EEUU, así como a puestos relevantes del sistema financiero internacional, ha espoleado a los herederos del franquismo

Por José Bujalance C | Que en el siglo XXI el Presidente del Gobierno tenga que ir a defender ante organismos supranacionales que en España rige el Estado de Derecho es muy vergonzoso y denota la baja calidad democrática que padecemos, debiendo hacer reflexionar sobre la ética de nuestros representantes públicos y los motivos de la incertidumbre internacional sobre el Imperio de la Ley en nuestro país.

Europa y sus tribunales nos han enmendado la plana en materia judicial en varias ocasiones relevantes; de no ser por la Unión Europea, los Derechos y Libertades consagrados en la Constitución del 78, así como los Derechos Humanos, estarían en serio peligro pues hace tiempo que se encuentran en recesión, por no decir en crisis claramente; crisis de valores, valores democráticos y humanistas.

La socialización franquista (fascismo catolicista) y la rápida evolución de España en los mercados financieros auspiciada por su inmejorable situación geopolítica, la entrada en la UE -que dotó al país de notables fondos estructurales- y algunos factores más, hicieron que buitres y tiburones sin escrúpulos, así como sus rémoras, se "fotografiasen" junto a las élites políticas y económicas si bien, como ha quedado demostrado incluso en sede judicial -a pesar de connivencias execrables- la moral es tan laxa entre la clase social alta como lo es su actitud académica (hace muchos años que es sabido por todxs que las universidades privadas "venden" titulaciones) y por ende su cultura y conocimiento -el sentido común se abonaba en estudios de posgrado y la mayoría no se matriculó- estando dirigidos por mediocres con ínfulas -en el mejor de los casos- y por peleles en manos de intereses privados en demasiadas ocasiones.

Tras los titubeos socialdemócratas de quienes prestaban atención a cantos de sirena neoliberal -auspiciados en muchos casos por negocios espúreos- la trinchera marxista vio su oportunidad histórica en la indignación generalizada por la crisis/estafa e implementó el entrismo que no en mucho tiempo ha terminado por implosionar dejando huérfanos una vez más a los miserables y oprimidos, que conforman el grueso de la población dado que la clase media está extinta o ha pasado a engrosar el precariado en su mejor caso.

En este contexto sociopolítico en el que la corrupción generalizada hacía posible las puertas giratorias no ya en las finanzas como era tradicional, sino en la separación de poderes a plena luz del día y, en ocasiones, hasta con taquígrafo para verguenza y escarnio. El control financiero y social se incrementó, apoyado en la crisis de valores epidémica y en la incultura -también política- generalizada; se implementaba estratégicamente para aborregar a una ciudadanía bien adoctrinada y resocializada o, en su defecto, se aplicaban leyes retrógradas, amordazantes, cercanas a las del régimen dictatorial, imponiendo el miedo a la población menos sumisa que defendía un estado social y democrático de derecho, un país moderno alejado del totalitarismo.

La responsabilidad de algunos jueces y fiscales -los menos- así como las sentencias comunitarias han servido, hasta hace bien poco, para satisfacer al subyugado pueblo español -mediante pan y circo- y la necesidad de mantener abierto el grifo europeo ha contemporizado a las corruptas élites que gobiernan -sin distinciones- pues la excepción es la búsqueda del bien común y el servicio público. La alternancia entre aznaristas y felipistas, miembros del mismo club internacional que, ora tu ora, yo se vienen repartiendo prebendas y territorios, hablando catalán o vasco en la intimidad o en público según convenga, cobijados a la sombra del mismo árbol aunque no siempre de la misma rama, parecía llegar a su fin pues nuevos actores -contratados por el mismo empresario, eso sí- hacían su aparición en escena

La llegada de populistas de carácter indiscutiblemente profascista -xenófobo, misógino, militarista, nacionalista, etc- a instancias de poder decisorias como la presidencia de EEUU y otros estados, así como a puestos relevantes del sistema financiero internacional, ha espoleado a los herederos del franquismo y a la derecha cada vez más reaccionaria y antidemocrática que no sólo insulta sino que calumnia e injuria enardeciendo los ánimos populares descabellada e irresponsablemente, a veces con argumentos ya conocidos por culminar en sangrientas represalias contra la población civil e incluso un levantamiento armado antidemocrático, cobarde y traidor, que por terminar vencedor en una cruenta guerra civil parece les llena de orgullo, lo que certifica una enfermedad -el fascismo- que sólo se cura con una formación de la que carecen.