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sábado 21/5/22

¿Qué hacemos con las pensiones?

Por Mario Regidor | Uno de los grandes temas a solucionar en la presente legislatura, se refiere a la gestión futura de las pensiones públicas. Evidentemente, un tema de tal enjundia como el que pretendemos tratar, supera el ámbito de un mero artículo de opinión pero vamos a tratar de esbozar unas pinceladas para clarificar posturas.

Tanto el gobierno de Zapatero como el de Rajoy, intentaron ir regulando, cada uno desde su perfil ideológico, un tema candente como el que nos ocupa pero, en mi opinión, se quedaron en la superficie. Es cierto que atendieron a problemas a corto plazo que urgían una solución pero no entraron en el fondo del asunto.

La regulación futura de las pensiones no se soluciona, únicamente, alargando la edad de jubilación o derivando a ser costeada por impuestos ciertas pensiones como las no contributivas o las de viudedad u orfandad. Se requiere una actuación conjunta y en profundidad que agrupe estas posibles soluciones y otras más.

Considero lógico e, incluso, justo que se alargue la edad de jubilación hasta los 67 años. Es más, en función de ciertos sectores de actividad que no tengan un desgaste físico y/o psicológico importante, sería partidario de alargarlo aún más. Pero no puede ser la única vía para asegurar la viabilidad futura de las pensiones en España.

Algunos expertos y el propio PSOE abogan por una financiación de ciertas pensiones vía Presupuestos Generales del Estado e, incluso, abogan por la creación de un impuesto específico a cobrar a las grandes fortunas para el costeo total o parcial de dichas pensiones. Sinceramente, creo que es un punto que debería tenerse en cuenta partiendo de la base de que la introducción o el alza de nuevos impuestos tendría que realizarse en períodos de bonanza económica y no en situaciones de crisis como la que padecemos pero conviene anotarla en la agenda.

Otro punto interesante, realizar una mayor actuación en la lucha contra el fraude fiscal a todos los niveles, con endurecimiento de la normativa vigente y reforzamiento de la plantilla más allá de la tasa de reposición impuesta por Montoro. Ese dinero recaudado vía inspecciones podría dedicarse, en todo o en parte, a sufragar la llamada “Hucha de las pensiones” que corre el riesgo de verse a cero a finales del año que viene.

De todos modos, a nadie se le escapa un problema primordial del que adolecemos ahora en España y que amenaza con convertirse en un problema aún más serio a medio y largo plazo: el envejecimiento de la población.

Siempre se ha comentado que para pagar una pensión de nivel medio, se necesitan las cotizaciones de 3 trabajadores a tiempo completo. Sólo en este caso, no sería necesario echar mano de la hucha de las pensiones y las 14 pagas de esta persona en edad de jubilación podrían costearse sin problemas.

Lamentablemente, no estamos en esa situación en la actualidad por dos motivos. El primero es la temporalidad y precariedad de los contratos actuales que se viene produciendo, en especial, a raíz de la reforma laboral última a cargo del Partido Popular que diezmó a la clase trabajadora como nunca se había hecho en la historia de la democracia y que ha reducido, drásticamente, las cotizaciones sociales. El segundo factor es la reducción de la población activa a raíz de la crisis económica acaecida en 2008 y en la que, todavía, seguimos inmersos. Este último motivo ha convertido una ratio de 3 a 1 en una actual de 2 a 1. Todo ello sin olvidar el hecho de que la natalidad en nuestro país se ha reducido de forma drástica desde hace varios años.

La solución es más y mejor empleo para lo cual se requiere un cambio del modelo productivo de nuestro país en el que prime el desarrollo tecnológico, científico e industrial en detrimento de la construcción y los servicios que generan un tipo de trabajo intensivo en mano de obra pero de escasa cualificación. No obstante, en esencia, el punto de partida debe consistir en un cambio de paradigma cultural por parte de todos en el que las cotizaciones sociales sean las que efectivamente se dimanan fruto del trabajo del ciudadano. Es decir, nada bajo mesa o sin factura, todo cotizado y tributado. Sólo con esta medida de afloramiento de la economía sumergida, la hucha de las pensiones estaría sobradamente dotada. Es posible que pida un imposible pero, antes de subir las cotizaciones sociales de las empresas, asunto que también se está barajando, creo conveniente que, se reduzca la economía sumergida y aflore gran cantidad de dinero que pueda ir a las arcas estatales.

Otra opción planteable: tener en cuenta toda la vida laboral de la persona para el cómputo de la pensión final. Se han hecho cálculos de lo que podría suponer la adopción de esta medida que, recordemos, comenzó por tener en cuenta los dos últimos años, luego llegó hasta los 8, continuamos hasta los 15 y estamos en la fase de llegar a los 25 años, con el siguiente dato: la pensión se vería reducida una media de un 18%.

No cabe duda de a quién perjudicaría la adopción, sin matices, de esta medida, las rentas medias-bajas y bajas preferentemente. Aunque, es cierto que, fruto de los múltiples vaivenes laborales a las que nos vemos sometidos, pudiera ser que, en determinados casos,  resultara beneficiada la persona ya que no vamos a trabajar en una única empresa a lo largo de nuestra vida laboral, ni vamos a tener el mismo salario, ni la misma categoría profesional, ni la misma tipología de contratos y pudiera darse que hace 12 años cobraras más que hace 2 (sirva mi propia experiencia laboral como ejemplo). No obstante el factor correctivo a implementar debería ser objeto de debate y discusión, no fuéramos a tener unas pensiones futuras de muy escaso poder adquisitivo.

Por último, aunque se nos podrían ocurrir muchas iniciativas si escribiéramos un ensayo, nos encontramos con los planes de pensiones privados y de índole colectiva. En el caso de estos últimos, propios de grandes empresas y convenios colectivos de carácter sectorial, hay que potenciarlos en detrimento de un aumento de las cotizaciones sociales empresariales ya que sería un complemento ideal para las pensiones públicas. Para conseguirlo necesitaríamos que las empresas en España crecieran en tamaño y en fortaleza económica con el fin de asegurar estabilidad y las mejores condiciones laborales a sus trabajadores.

Con respecto a los planes de pensiones privados, personalmente, los justifico como otra buena manera de complementar, nunca sustituir, la pensión pública estatal y para ello, abogaría por un mejor tratamiento fiscal, en especial, en el momento del rescate de la pensión ya que el tipo impositivo a aplicar convierte a un mecanismo de ahorro fiscal presente y de sustento económico futuro en un producto, salvo excepciones, de escasa rentabilidad y poco atractivo a largo plazo.

Por último, hay algunas “mentes privilegiadas”, en especial en este gobierno actual, que abogan por seguir engrosando la deuda pública tirando de ella para financiar el abono de las pensiones públicas. Conviene recordar que ya rebasamos el 100% de nuestro PIB en materia de deuda pública y tengamos en cuenta que se pedía no tener más del 60% del PIB en deuda pública para estar dentro de la moneda única. Nos pasamos de largo y, ¿pretendemos seguir agrandando el montante de deuda? Sinceramente, me parece una manera muy egoísta de pretender poner un parche a corto plazo, pretendiendo que nuestros nietos paguen ese exceso de deuda que estamos generando en la actualidad.

Caso aparte, que merecería un artículo completo, es el hecho de las nuevas modalidades y tipologías de puestos de trabajo que alumbrarán en los próximos años, todos muy ligados a la esfera tecnológica, comercial e industrial en su mayoría y, en donde se estima que, aproximadamente, un 40% de los puestos de trabajo actuales serán reconvertidos o eliminados.

Bueno, con estas líneas hemos pretendido esbozar remedios conjuntos que contribuyan al sostenimiento de las pensiones públicas y, con ello, a una vejez lo más longeva y saludable para nuestros mayores tratando de asegurar lo que, para ellos, es más preciado: la estabilidad económica.

Es trabajo de todos, clase política, empresarios y trabajadores pero quiero creer que, entre todos, lo lograremos. Las pensiones públicas constituyen uno de los grandes avances del Estado del Bienestar surgido tras la Segunda Guerra Mundial y de todos depende lograr mantenerlo con las mayores dosis de equidad posibles.

¿Qué hacemos con las pensiones?