domingo 23.02.2020

¡Habemus Presidente!

Por Mario Regidor | Después del bochornoso espectáculo protagonizado por las derechas en el hemiciclo este fin de semana, finalmente tenemos Presidente del Gobierno.

Han pasado muchos meses y todos los partidos sin excepción tienen en su debe el haber tardado demasiado tiempo en dar un gobierno a este país.

Soy consciente de la dificultad ideológica y aritmética a la hora de conseguir este gobierno que celebrará su primer Consejo de Ministros a finales de esta semana, pero al contrario de lo que han querido vender cada partido en aras de sostener su discurso o su relato, existían múltiples combinaciones y, algunas de ellas no excluyentes entre sí para haber llegado a buen puerto con tiempo de sobra.

La diferencia entre un gobierno progresista y otro liberal o conservador no se dirime en la disyuntiva anterior sino, partiendo de esta dicotomía, decidir en quién vamos a sustentar ese aumento presupuestario para acometer dichas políticas

No obstante, bien está lo que bien acaba y, a pesar de las execrables presiones recibidas por los partidos que apoyan al gobierno, en especial [email protected] [email protected] del PSOE, y el señor Guitarte de Teruel Existe, el guion ha salido bien y tenemos gobierno.

Dicho esto, concentrémonos en lo importante. A partir de ahora comienza un gobierno progresista para el que será esencial para su supervivencia a medio y largo plazo, la pronta aprobación de los primeros presupuestos después de la Era Montoro.

Los desafíos son notables. La presión de la Unión Europea para que reduzcamos 9.000 millones de euros para embridar el déficit público y no generar más deuda (recordemos que, en la actualidad, se ha reducido pero ronda el 97% de nuestro PIB), debe afrontarse de tal manera que, cumpliendo los criterios de estabilidad macroeconómica derivados de nuestra pertenencia a una organización supranacional a la que tanto debemos como es la Unión Europea, podamos afrontar, además, el necesario impulso a las políticas progresistas y de apoyo a los colectivos más desfavorecidos en materia de Salario Mínimo Interprofesional, mejor gestión de los servicios sociales y la sanidad, lucha contra el juego, apuesta decidida por una educación pública y de calidad, lucha contra el cambio climático, etc.

¿Cómo se va a conseguir esto? Pues si se quiere incrementar el gasto público para acometer estas políticas necesarias y no estamos dispuestos a detraerlo de otras partidas económicas, la única posibilidad es aumentar los impuestos existentes y/o generar otros nuevos.

La diferencia entre un gobierno progresista y otro liberal o conservador no se dirime en la disyuntiva anterior sino, partiendo de esta dicotomía, decidir en quién vamos a sustentar ese aumento presupuestario para acometer dichas políticas. En el caso de un gobierno de izquierdas, éste se centrará en las rentas más altas, las grandes empresas y multinacionales y las grandes fortunas donde recaerá la principal carga impositiva mientras que, en el caso de gobiernos de derechas, dicho suplemento tributario recaería en las clases bajas, medias bajas y medias, sin distinción.

En este sentido, cuestiones como la Tasa para Transacciones Financieras (Tasa Tobin), auspiciada y ya implementada por gran parte de los países que forman la Unión Europea, el conseguir que las empresas que generan negocio en nuestro país, aunque tengan sedes y negocios en otros países, tributen por la facturación y beneficios conseguidos en España, el aumento del tipo marginal para rentas superiores a 300.000 euros anuales, la disminución de la base de tributación para el Impuesto de Sociedades para pequeñas empresas, así como conseguir que las medianas y grandes empresas tributen un tipo mínimo del 15% del mencionado impuesto. Todo ello son ejemplo de políticas económicas progresistas en pos de lograr una redistribución más equitativa de la riqueza generada en España.

Por último, sí quisiera destacar las intervenciones de dos diputados en esta sesión de investidura. Por un lado, Aitor Esteban, portavoz del Partido Nacionalista Vasco que realizó un recorrido cinéfilo por gran parte de las obras maestras del cine ligándolas a lo que estaba aconteciendo en el Congreso en esos momentos elevando el nivel de las disertaciones de sus señorías y, por otro lado, Iñigo Errejón, de Más País que, en un minuto escaso, logró sintetizar lo que debería ser el fundamento principal de la legislatura. En una palabra: DIÁLOGO.

Pero, por encima de todo, quizás lo que le faltaba a este país para poder considerarse una democracia completa y, sobre todo, compartida, era tener un gobierno nacional de coalición por primera vez en su historia. Lo que en ciudades y comunidades autónomas sucede sin excesivos problemas en un alarde del consenso y de acuerdo entre partidos políticos distintos, debía extrapolarse al ámbito nacional y, finalmente se ha conseguido.

De esta cohabitación entre PSOE y Podemos, a pesar de sus exiguos apoyos, y de la aprobación de los primeros presupuestos progresistas en una década depende que la legislatura pueda ser duradera y, por encima de todo, marque un hito en la historia de España y reúna en el Congreso, no dos Españas enfrentadas, sino una sola con diferentes formas de entender la gestión pública, la organización territorial del estado y la redistribución de la riqueza que generamos y que, en el seno del poder legislativo, con educación y siendo firme en su ideario, todos los partidos desarrollen su labor de la mejor manera posible.

¡Habemus Presidente!