miércoles 11.12.2019

La Guerra que acabará con todas las guerras

Por Ignacio Apestegui | Este poético nombre se dio a La 1ª guerra mundial, por supuesto que no acabó con todas las guerras, al contrario. El mismo tratado de paz con la que terminó la 1ª Guerra Mundial propició la gran crisis en Alemania y los acontecimientos posteriores que provocaron la creación y surgimiento del partido Nazi y después la propia II Guerra Mundial.

Hoy en día, en Occidente, se tiene la sensación de que ya no habrá más guerras cruentas, debido a nuestra sociedad y cultura, que tiende a ocultar y relegar la violencia y a hacernos creer que la barbarie humana es cosa del pasado o de sociedades menos evolucionadas que la nuestra.

Lo cierto es que la guerra no ha desaparecido de Europa, más bien la hemos externalizado, como las producciones de nuestras fábricas. En África, Oriente Medio, Sudamérica y el sureste asiático hay conflictos para elegir dónde luchar. Hay guerras abiertas, conflagraciones soterradas, luchas empresariales, genocidios públicos y explotación del prójimo para escoger como en un mercadillo de ofertas para genios del mal.

Pero lo cierto es que cuando YO digo “La guerra que acabará con todas las guerras” no me refiero a una guerra con fusiles y misiles. No, esas guerras no desaparecerán mientras los humanos seamos humanos. No, me refiero a la guerra contra nuestra aniquilación. Parece una frase grandilocuente pero la Tierra se ha enfrentado a grandes extinciones masivas a la largo de su historia. Mucho más larga que la propia del Homo Sapiens.

Es cuestión de tiempo que de manera natural, o provocada por nosotros mismos, el mundo sufra otra extinción masiva que lleve a nuestro exterminio como especie predominante del planeta. En realidad, O.N.U. mediante, ya estamos inmersos en lo que posiblemente sea el mayor conflicto que, como raza, debamos enfrentar.

El cambio climático es un hecho. La explotación de los recursos naturales del planeta ha llevado a llevado a una deforestación masiva, se han extinto en los últimos 100 años más especies que en los anteriores 10.000 años. Debido a la estandarización de la dieta, que ha supuesto la globalización, la biodiversidad de las plantas y especies productivas para la alimentación ha disminuido tanto que estamos expuestos a crisis alimentarias sin parangón en nuestra historia. (Bastará con una plaga centrada en el arroz y el trigo o en el pollo y el cerdo.)

La deforestación provocada por intereses económicos es tan grande que se mide ya, no por hectáreas sino por comparación con países enteros, pues es tan grande la destrucción que los números simples no nos permiten comprender tales magnitudes. (Lo mismo sucede con los incendios forestales que queman medio mundo, lo vemos en los noticiarios sobre Siberia, Amazonas y África.)

Nosotros colgamos un Tweet y tenemos la conciencia tranquila. Seguimos con nuestras compras en empresas que contaminan, explotan y destruyen nuestro futuro. La sociedad basada en un consumo obsolescente no contempla la posibilidad del absurdo que significa el capitalismo basado en el crecimiento continuo de la economía.

Cualquiera que haya estudiado Economía sabe que en un sistema cerrado todo crecimiento tiene un límite máximo y la humanidad está a punto de alcanzarlo. Poco antes de que lo lleguemos a ese fatídico nivel empezarán las guerras por los recursos. Tierras Raras, petróleo, comida y agua potable.

Este último recurso es el absurdo último de la civilización en un planeta con el 70% de la superficie llena del líquido elemento y la escasez a la que nos enfrentamos de agua potable. En casi la mitad del planeta ya hay graves problemas de adquisición de este recurso (Agua potable), agravado por la privatización de los recursos a empresas multinacionales que funcionan como psicópatas sociales y cuyo único objetivo es la capitalización y explotación de todos los recursos posibles.

Como sociedad, creo con firmeza, que estamos abocados al fracaso. En un sistema cerrado como en el que vivimos, en el cual los recursos son contables y limitados y en el que la sociedad se rige por un sistema de consumo ilimitado y contaminante, las matemáticas son sencillas…

Extinción

Es cierto que hay movimientos que promulgan el consumo responsable y la economía sostenible, además de la repoblación forestal y el cuidado de la biodiversidad. Pero son insuficientes. Los políticos, cuya obligación debería ser la defensa de la población y no de las empresas y el dinero, no legislan para proteger nuestro planeta. (El único que tenemos). Las empresas y las personas, en general, solo miran con los ojos del corto plazo. No comprenden que las acciones son como piedras que caen en un estanque, cada acción provoca ondas que se expanden concéntricamente, potenciadas la siguiente y la siguiente piedra, hasta que al final tenemos un maremoto que lo arrasa todo.

La guerra que acabará con todas las guerras, no será una guerra genocida entre humanos. Aunque a ésta la precederán guerras cruentas que empequeñecerán las anteriores guerras mundiales, porque serán guerras que afectaran a todos los países de la tierra. No. La GUERRA DE TODAS LAS GUERRAS será una guerra contra el hambre y la escasez y después una guerra contra el olvido. El olvido que provocará nuestra extinción.

Los imperios, los Dioses y sus religiones, la música, Shakespeare o Cervantes, todo será olvidado. Otra especie, seguramente las cucarachas, nos dará el relevo como especie dominante, y para entonces, todos los logros de la humanidad ya habrán desaparecido por completo. Seguramente nuestra generación no viva esta lucha. En cambio, la de los hijos de los hombres que nazcan a partir de ahora no estoy tan convencido.

Nuestra obligación moral es prevenirlo. O, al menos, sentar las bases políticas, económicas y sociales que permitan a las personas, que vienen después de nosotros, enfrentarlo con alguna posibilidad. Esta guerra es una amenaza global y las soluciones deben ser planetarias.

Debemos crear estructuras supranacionales con capacidad de acción. La O.N.U. debe convertirse en los Estados Unidos del Mundo o en la Federación Tierra (si no os gusta el corte imperialista de lo de EEUU), pero ciertamente un organismo con capacidad legislativa, ejecutiva y judicial que ponga a la tierra, a su biodiversidad y su prosperidad por encima de los intereses económicos, nacionales o partidistas.

Como soy un pesimista diagnosticado creo que es imposible que lo logremos como especie. Vamos a ir viendo la degradación paulatina del medio ambiente, la desaparición más especies, la carencia de recursos naturales, la escasez, las guerras por el agua y, finalmente, la extinción.

Como creo en la responsabilidad individual, compraré en empresas de comercio justo y sostenible, reciclaré, repoblaré, al menos, mi parte del mundo y también consumiré de manera responsable. Y, por si acaso, se adelanta la cosa, he acumulado una buena cantidad de libros para tener un final del mundo entretenido.

La Guerra que acabará con todas las guerras