miércoles 17.07.2019

Por favor, enséñeme a pescar

Dale un pez y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida. Y por añadidura, apunto yo, podrá enseñar a pescar a otros

Por Ignacio Apestegui | Hay un dicho muy conocido que dice: Dale un pez y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida. Y por añadidura, apunto yo, podrá enseñar a pescar a otros. Aunque esté tan poco de moda recurrir a la tradición, tal vez sea esa la solución, mirar un poco hacia el pasado para aliviar la presión migratoria que sufre Europa. Por supuesto me refiero a este dicho como lo que es, una metáfora, y no solo al hecho de pescar, que también. 

Desde que el Presidente Sánchez abordó la crisis humanitaria del Mediterráneo con la propuesta de creación, por parte de los estados miembros de la UE, de Centros de Acogida y distribución de los migrantes recogidos en el Mare Nostrum, parece que la solución para los cientos de miles de personas que buscan llegar a Europa para vivir mejor o incluso simplemente vivir es determinar si merecen la condición de refugiado o migrante económico.

Este punto creo que no solo es una vuelta atrás en la concepción propia de la UE sino, además, es una manera incompleta de afrontar dicha problemática. La propuesta del Presidente Sánchez es lo que es, una solución al flujo migrante por el Mediterráneo, pero nunca una solución para la inmigración en sí.

Aunque parezca volver a soluciones del pasado siglo, pues yo llevo oyéndolas desde que tengo uso de razón, la solución pasa por ayudar a crear sociedades con la misma calidad de vida en los países de origen y paso de la migración. Europa y las potencias desarrolladas perdieron una oportunidad crucial en el norte de África al no apoyar la Primavera Árabe. Esta falta de apoyo real, político, militar y económico llevó a la creación de varios estados fallidos además de la expansión del ISIS y otras facciones Yihadistas en la región que se nutrieron del desencanto y el hambre.

Nuestra complacencia o falta de interés del pasado tenemos aún ocasión de solucionarla, a un mayor coste económico, político y humano, pero aún estamos a tiempo de no solo de solucionar con parches la afluencia de refugiados por los conflictos armados sino, además, la presión migratoria que lleva sufriendo Europa las últimas décadas.

No me malinterpreten, Europa necesita la inmigración como las plantas el agua, somos un continente envejecido, cuyo índice de natalidad es solo mayor que el de Japón, necesitamos sangre fresca que riegue cada uno de nuestros sectores productivos, que fluya por nuestra sociedad mejorando con nuevas fuerzas nuestra cultura, nuestra diversidad, nuestra sociedad entera. Porque eso es Europa o, al menos, lo que quisimos ser.

Pero ese aire que necesitan nuestros pulmones debe entrar con cada inspiración, no a borbotones, además creo que todo aquel que venga debería QUERER venir, no venir porque lo necesite. Para lograr esto debemos ayudar al desarrollo de los países de origen y tránsito de la migración. Si, por ejemplo, los países de África poseen democracias cuya calidad de vida es equiparable a la nuestra y hubiera un conflicto armado en la región, las posibilidades de que los refugiados del mismo no murieran ahogados en el Mediterráneo para llegar a Europa se limitarían bastante.

Por ello creo que además de soluciones a corto plazo como las aprobadas recientemente en el seno de la UE, es necesario una política Europea real de ayuda al desarrollo que englobe la educación, desarrollo social, cultural y político. Y, aunque puede que no sea una medida a la que los europeos estemos acostumbrados, con un control de dichas ayudas férreo pues, por desgracia, la percepción de la corrupción en la gestión de los fondos de ayuda al desarrollo por parte de los países receptores como emisores de ayuda ha sido demasiada.

Las medidas concretas para la implantación de dicha política creo que poder ser un interesante tema de discusión en una mesa redonda para gente más capaz que yo.

Por favor, enséñeme a pescar