miércoles 19.02.2020

¿Debate de investidura o circo mediático?

Victor Cabrera Angulo

El Congreso de los Diputados es el lugar de España donde a través de los representantes de los ciudadanos (los diputados) se representa a todos los ciudadanos, y sus diferentes ideologías y sensibilidades. Dicho esto, si es así, ¿es el actual Congreso de los Diputados, un reflejo de nuestra sociedad?

Si la respuesta a esta pregunta es sí, tenemos un gran problema social. Nuestra sociedad se está embruteciendo a marchas forzadas, pero sino es así, entonces nuestros políticos van por libre y se han alejado totalmente de los ciudadanos instalándose en la autocomplacencia del comodismo posicional y la seguridad económica que les da un puesto en el Congreso de los Diputados, y poco más.

En la primera sesión de investidura, hemos asistido a un espectáculo dantesco, dónde los reproches, la humillación, la intolerancia y las faltas de respeto han sido la constante del debate. Ha imperado la anarquía total y absolutista del absurdo ideológico de la derecha instalada en el ostracismo mental y moral y esa ausencia de ideas y soluciones ha llevado a la derecha en España al insulto como solución.

¿Dónde ha quedado la democracia, el diálogo, el intercambio de ideas con respeto y escucha activa para aportar ideas y soluciones a los incesantes problemas que acucian a nuestra sociedad y que no obtienen respuesta de una clase política que se ha convertido en una pseudo réplica barata del sálvame Deluxe de Telecinco? ¿Dónde encontrar los trapos sucios de los demás es el fin principal y único divertimento para el espectador?

Por contraposición sí hemos podido ver el surgir esperanzador de una corriente impulsada por el PSOE y Unidas Podemos en pos del diálogo, tolerancia y comprensión como solución a la diversidad ideológica y a las diferentes sensibilidades que existen y existirán desde hoy y en adelante en el parlamento y en la sociedad

Nuestros políticos parecen empleados de una revista de prensa rosa o auténticos detectives de nivel bajo escarbando en la hemeroteca, vigilando las palabras del oponente, buscando el error, el desliz para atacar como un león acechando a su presa, en busca de la encarnizada confrontación para mediatizar el debate, para confrontar con el oponente con la desidia verbal y el absurdo total, pero y ¿dónde queda el programa político, la solución a los problemas, la respuesta que los ciudadanos demandan cuando van a las urnas a elegir a sus representantes, que hoy por hoy, más bien se representan a sí mismos?

La teórica función del debate de investidura ¿no era que el candidato presenta su candidatura y un programa electoral, unas ideas a llevar a término y el resto de la cámara debate dichas ideas, las apoya o se opone a ellas razonando dichas locuciones con sus propias soluciones, además de razonar porque se apoya o no al candidato que se presenta a la presidencia, desde el respeto y la racionalidad de unos cargos públicos representativos que han sido elegidos en las urnas democrática y legalmente?

Es irracional ver como se llega a cuestionar la legitimidad del proceso democrático, a través del cual se le ha otorgado a un partido político la legítima opción de formar gobierno pactando con quien estime oportuno o con quién pueda hacerlo para llevar a término la conformación del gobierno de la nación.

PP, Ciudadanos y VOX se han instalado en el negacionismo recalcitrante a todo lo que no provenga de sus entrañas, y luego recriminan su posicionamiento antidemocrático a los independentistas, por la radicalidad de su ideología Pero éstos son consecuentes consigo mismos, no como los partidos mal llamados constitucionalistas, que sólo reconocen y respetan aquello que provenga de sus ideales y coincida con lo que ellos quieren, entonces ¿en que se diferencia hoy por hoy la derecha y los independentistas, ambos radicalizan su postura en tanto en cuánto sólo reconocen lo que ellos quieren o desean?

Hemos visto una derecha arisca, desproporcionada, faltona, gritona, irrespetuosa, sin capacidad de diálogo y que sólo entiende como racional imponer sus ideales, y ahora yo me pregunto, si el ciudadano ha decidido fragmentar el arco parlamentario para dar cabida a la pluralidad ideológica que existe en nuestra sociedad, si cada ideología o pensamiento se instala en la convicción de que sus ideas son únicas y válidas, sólo existe una única y solidaria solución: diálogo.

La base de la democracia y la política, el diálogo algo que se ha perdido con el paso de los años. El costumbrismo al bipartidismo y la constante ideológica de la ciudadanía ha posicionado a la clase política española en el jurásico político, quedándose en la época en la que me permitían hacer y deshacer a mi antojo. Ahora no hay capacidad para dialogar con ideologías contrarias o diferentes para encontrar los nexos de unión que puedan hacer florecer soluciones imaginativas y racionales a los conflictos y problemas de una sociedad moderna y universal.

Porque precisamente en esto radica el problema en la modernización de la sociedad, y el ostracismo y antigüedad del parlamento en España que se niega a modernizarse al ritmo que le exige la sociedad, mientras la derecha sigue viviendo del pasado, la izquierda quiere dar un paso adelante y modernizar las estructuras del estado y principalmente el parlamento.

Tristemente hemos asistido a un fiel reflejo de los últimos años, donde la política española se ha ido quedando detrás del avance de una sociedad que demanda más a unos políticos que se resisten a avanzar. Dícese de la derecha que ha recrudecido su argumentario con la presencia de la ultraderecha que ha radicalizado aún más su postura con postulados anticuados y obsoletos que lejos de ser representativos de una democracia moderna, nos relegan a una democracia arcaica y anticuada.

Por contraposición sí hemos podido ver el surgir esperanzador de una corriente impulsada por el PSOE y Unidas Podemos en pos del diálogo, tolerancia y comprensión como solución a la diversidad ideológica y a las diferentes sensibilidades que existen y existirán desde hoy y en adelante en el parlamento y en la sociedad.

No quiero repetirme pero la clave en los próximos años es el diálogo, y que nuestros políticos descabalguen de la sinrazón y la cabezonería, deben dejar de lado la exageración y la hipérbole constante,  y vuelvan a abrirse a abrazar la tolerancia, el compromiso y el diálogo para dar solución tanto a los problemas de la sociedad como a las divergencias dentro del arco parlamentario, que por su diversidad añaden complejidad al ejercicio del diálogo siendo especialmente relevante el compromiso con la libertad de expresión.

¿Debate de investidura o circo mediático?