lunes 26/10/20

La crisis sanitaria por coronovirus y el futuro próximo: epidemiología y compromiso

Por Juan Francisco Santana Armas | Un virus ha hecho temblar el planeta. Ha confinado a la humanidad, segado más de 250.000 vidas y cambiado la forma en que vamos a vivir y morir. ¿Cómo será el mundo que nos espera a la salida de esta crisis? ¿Qué rumbo deberemos tomar?

La medicina predictiva y la tecnología sanitaria no nos garantizan, por el momento, una vuelta segura a nuestras vidas de antes de diciembre de 2019. La forma exacta en que acabará la pandemia dependerá, en gran parte, de los avances venideros de la ciencia y la medicina y de las decisiones políticas de los Gobiernos, pero también de nosotros mismos y de nuestras conductas como ciudadanos de un polis-aldea global, solidaria y responsable.

En ese devenir cobra especial importancia la epidemiología como el estudio de la distribución y los determinantes de la enfermedad en la población humana. Y es también la ciencia básica y práctica fundamental de la salud pública. Algunas premisas básicas de la epidemiología establecen que la enfermedad humana no se produce al azar, y que pueden identificarse algunos factores causales y preventivos de la enfermedad mediante una investigación sistemática de diferentes poblaciones o subgrupos de población en diversos lugares o momentos.

Pedimos, a las ciencias médicas, observancia a la epidemiología y a los Gobiernos, acatamiento al compromiso, en un esfuerzo para evitar el eterno retorno o el viaje a ninguna parte en estos tiempos de transición a una nueva normalidad

Conocer el verdadero mecanismo del contagio del SARS-Cov2 nos sigue preocupando a todos. En su transmisión se habla de “grupos de riesgo” y de “factores de riesgo”. Los grupos de riesgo se refieren a las personas más vulnerables como ancianos, niños e individuos inmunodeprimidos o inmunoincompetentes a consecuencia de un tratamiento médico o de una condición fisiopatológica. Y los factores de riesgo son cualesquier rasgo, característica o exposición de un individuo que aumente su probabilidad de sufrir una enfermedad o lesión y son esos elementos los que potencian el contagio de la enfermedad entre las personas. Para luchar contra ellos se apela a las tres reglas de oro de la prevención contra el coronavirus: la correcta higiene de manos, la adecuada distancia física y el oportuno uso de mascarillas eficaces y seguras.

Además, habremos de considerar el concepto de “práctica de riesgo”. Un autoanálisis personal y reflexivo puede llevarnos a pensar que no se está en un “grupo de riesgo” y una síntesis social y crítica que no se incurre en “factores de riesgo”, pero al hablar, gritar, toser, estornudar, reír, llorar, tocar, etc… algo que hacemos de forma inconsciente todos y cada uno de nosotros, incurrimos en estas prácticas de riesgo.

Al parecer, determinados individuos actúan como supertransmisores o supercontagiadores de la enfermedad. Y, más que en su biología e infectología, es en su actitud y comportamiento donde habría que indagar las causas primeras y razones últimas de la persistencia de una epidemia que, en pleno siglo XXI, desafía a la ciencia, reflota miedos y siembra dudas.

Por eso pedimos, a las ciencias médicas, observancia a la epidemiología y a los Gobiernos, acatamiento al compromiso, en un esfuerzo para evitar el eterno retorno o el viaje a ninguna parte en estos tiempos de transición a una nueva normalidad. Solo eso, epidemiología y compromiso.

La crisis sanitaria por coronovirus y el futuro próximo: epidemiología y compromiso