martes 15.10.2019

Conmemorando el Día de Europa

Más de 60 millones de personas murieron en la II Guerra Mundial y una nueva generación de políticos de diferentes ideologías se conjuraron para que esta tragedia no volviera a repetirse

Por Mario Regidor | Este jueves se “celebra” el Día de Europa y lo pongo entre comillas lo de “celebrar” porque ha caído en el olvido más profundo, un olvido que, ahora más que nunca, se hace necesario recuperar del túnel más angosto y profundo en que se encuentra y volver a ponerlo en valor como una de las principales efemérides a conmemorar desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En 1945, Europa se encontraba en un estado de devastación y destrucción como pocas veces se había visto en toda su historia, quizá comparable a la Peste Negra de 1348 que se llevó al cielo o al infierno, según se mire, a una cuarta parte de la población europea.

Más de 60 millones de personas de todas las razas, credos y religiones murieron en la Segunda Guerra Mundial y una nueva generación de políticos de diferentes ideologías se conjuraron para que esta tragedia no volviera a repetirse.

No fueron comienzos dulces, muchas reticencias de diferentes potencias y gobiernos recelosos del poder que podría acumular una organización supranacional como aquella y, sobre todo, con la cesión de soberanía nacional que podría suponer hizo que los inicios de la Unión Europea en 2007 (U.E.), antes Comunidad Económica Europea en 1957 (C.E.E.) y antes Comunidad Económica del Carbón y del Acero en 1951 (C.E.C.A.) fueran difíciles.

A pesar de los riesgos, peligros, zancadillas y, sobre todo, miedos existentes en los vestigios iniciales de creación de este proyecto, debemos poner de relieve el carácter audaz y visionario de varias personalidades políticas que, a pesar de todo lo anterior, tuvieron la clarividencia y la voluntad política de ser conscientes del momento histórico en que se encontraban y del objetivo primordial que debía tener la configuración de la nueva organización y que era, indudablemente, no volver a repetir la conflagración entre hermanos que se había producido, por dos veces, en el Siglo XX.

Nos estamos refiriendo a Winston Churchill que, en esas carambolas del destino, el hombre de la “sangre, sudor y lágrimas”, perdió las elecciones legislativas justo después de haber salvado a su país de la invasión nazi, y al ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schumann.

Churchill con su discurso en la Universidad de Zurich en 1946 ya planteó lo que podría ser la simiente de una organización supranacional superior a las entidades nacionales que, en aquel momento, conformaban el continente europeo apostando por la integración.

Schumann, por su parte, acometió una iniciativa muy osada en colaboración con el presidente de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, con el fin de poner en común en una especie de mercado único el carbón y el acero existente en el territorio. De resultas de lo anterior, saldría la Comunidad Económica del Carbón y del Acero en 1951 y que sería el germen de la Comunidad Económica Europea constituida en 1957.

Hay que ser consciente de que la unión entre países comenzó bajo un pretexto económico pero no debemos olvidar que, gran parte de los conflictos intraeuropeos proceden de desacuerdos económicos y que la libertad de comercio recíproca incide en una disminución considerable del número de controversias bilaterales.

Podría extenderme mucho más en torno a las bondades que el proyecto europeo ha traído a nuestro país y, en general, a todo el escenario geopolítico mundial pero daría para mucho más que un artículo, probablemente un ensayo de varias páginas que no me resisto a intentar pergeñar en un futuro, dicho sea de paso…

No obstante, y refiriéndome a España, sí me gustaría resaltar la gran visión política que demostraron los gobiernos nacionales en los albores de la transición y principios de la década de los 80 para intentar que la sociedad española entrase de lleno en una comunidad de estados donde a los beneficios económicos, sociales, culturales y educativos podíamos aportar nuestras sinergias y, sobre todo, desarrollarnos como país y como ciudadanos/as. Los fondos estructurales, los fondos de desarrollo regional (FEDER), el Fondo Social Europeo (FSE), los ERASMUS, las iniciativas conjuntas como la Política Exterior y de Seguridad Común que debería sentar las bases, además, de un ejército europeo que aumentara nuestra independencia estratégica tanto de la ONU como de la OTAN, además de los Estados Unidos. Todas ellas han sido iniciativas que han traído paz y prosperidad.

Todos estos proyectos que necesitan muchísimo desarrollo a lo largo de los tiempos y, sobre todo, consenso entre políticos y sociedades que piensan diferente han venido acompasados desde, prácticamente, la finalización de la segunda Guerra Mundial con el fin de que, probablemente sin saberlo sus impulsores, hayamos llegado a 2019 encadenando el período de mayor paz en territorio europeo en toda su historia, exceptuando la terrible guerra en la antigua Yugoslavia.

Pero hay nubarrones en el horizonte. Los populismos y extremismos de distinto signo político pero, esencialmente, de extrema derecha amenazan con quebrar los cimientos de la Unión Europea fortaleciendo el papel de los estados-nación como nunca desde el Tratado de Westfalia (1648) y demorando o, incluso, retrotrayendo a tiempos pretéritos las reformas realizadas, se ciernen sobre el proyecto de la Unión.

Soy consciente de que, también, se han cometido errores en este largo proceso, pero no me cabe duda de que lo construido por nuestros ancestros con tanta pasión y sacrificio, únicamente buscaba un futuro mejor para las generaciones venideras. Y, aunque no crea en ellos, considero un milagro que, con la miríada de países, voluntades, personajes políticos e ideologías existentes, hayamos podido construir, entre todos, esta gran organización supranacional, garante de nuestros derechos y libertades y que tanto ha contribuido al bienestar de la ciudadanía.

Por todo ello, brindo por tu cumpleaños Europa y confío en que mis hijos y nietos sigan viviendo y prosperando en tu interior en paz y democracia.

Feliz cumpleaños.

Conmemorando el Día de Europa