sábado 20.07.2019

Catarsis, ballenas y onanismo mental

La influencia de Podemos e Iglesias se medirá por la viabilidad de su política y el entusiasmo que genere, y no por si es ingeniosa o ingenua

Por José Bujalance | La realidad supera a la ficción y, sea verosímil o no, el relato bíblico de Jonás. Hace unos días nos sorprendió la noticia de que una ballena se tragó a un buzo y lo escupía vivo poco después en una playa, recordando también el suceso al cuento de Pinocho.

La Historia tiene habitualmente un elemento trágico y no hay que olvidar que no se puede prever con certeza el curso de los acontecimientos por lo que un líder debe, a veces, tomar decisiones basándose en su visión de futuro. El problema de Iglesias y Podemos es tratar de ser capaces de discernir si se va a producir el "efecto ballena" y los votos emergerán en los próximos comicios o, por contra, su alianza con el Psoe ha neutralizado sus opciones el 26-M.

La cuestión que ya no puede soslayarse es si Podemos ha llegado como una opción de verdad, como representación de un estado de liberación y madurez, o se ha impuesto el sistema que tiende a eliminar colegas y contrincantes internos evitando aprender y crecer, cerrando con ello la necesidad de encontrar las vías de conocimiento adecuadas que lo hubiesen permitido evolucionar.

La historia de Jonás es la historia de un profeta desobediente que, tras ser tragado por una ballena y vomitado en la orilla, condujo a regañadientes la ciudad reprobada de Nínive al arrepentimiento. Pablo Iglesias nos recuerda a algunos a Kissinger cuando, preguntado por la prensa, cómo debían dirigirse a él, contestó que no daba importancia al protocolo y bastaba con que le llamaran "excelencia". Ahora debe tomar conciencia, y sabremos si tiene la capacidad imprescindible que hace distinguir la verdad de la mentira, aquello que es útil para el camino de lo que lo esclaviza y lo vuelve ignorante, si asume que tomó algunas decisiones equivocadas, o sucumbe ante la tentación del orgullo y de la mentira.

No siempre el esfuerzo trae consigo la recompensa, ni las buenas intenciones obtienen buenos resultados. Ya hace mucho que existe la conciencia de que el camino ni tiene fin ni lleva a la utopía. Ni hay que creer que somos demasiado buenos ni pensar que no somos lo suficiente, pues tanto daño hace a la estabilidad el optimismo creciente como una actitud timorata. Podemos debe ser consciente o bien sumirse en la rutina de un teatro de máscaras y de títeres para representar una fantasiosa función.

Ante la actual situación política del país, que parece sustanciarse nítidamente en dos bloques, el futuro próximo dependerá de lo que se decida hoy. La influencia de Podemos e Iglesias se medirá por la viabilidad de su política y el entusiasmo que genere, y no por si es ingeniosa o ingenua. Sus actos no sólo deben generar consenso, también deben tener un propósito, una coherencia más allá del victimismo y la persecución -visiblemente antidemocrática- al proletariado. Lo difícil no es tener un puesto de responsabilidad, entre el reconocimiento y grandes aplausos, los difícil es sobrellevar la falta de responsabilidad, la falta de propósitos adecuados.

El llamado bloque de izquierdas puede y debe desarrollar un imprescindible anhelo de superación, olvidándose de quienes son individualmente y visionando su verdadera misión. Debe recuperar sabiamente el camino, pasar de un nivel egocéntrico a uno más consciente y participativo, tomar conciencia y tratar de seducir, ofreciendo una oportunidad de dignidad.

Catarsis, ballenas y onanismo mental