miércoles 17.07.2019

Brexit, ultra derecha y justicia social

Si, Europa, o lo que una vez significó como garante de los derechos humanos, la cultura y la justicia social va a desaparecer, será culpa de aquellos que no han hecho nada

Por Ignacio Apestegui | “Neuromante”, impreso en 1984 es el iniciador de género “ciberpunk”. “1984” es el título escrito por George Orwell que junto a “Un mundo Feliz” de Aldous Huxley y “La isla del señor Moreau” de H.G. Wells hacen los cuatro paradigmas de las distopías por excelencia. Los cuatro libros nos hablan de sociedades injustas, opresivas y amorales.

Podrían todas parecer obras de ciencia ficción, sociedades o culturas que no nos competen o creadas por la imaginación de sus autores para solo para aterrorizarnos. Pero la ficción siempre ha acabado superada por la realidad.

“20.000 leguas de viaje submarino”, “De la tierra a la Luna” fueron imaginadas por Julio Verne. En su día nadie pensó que el ingenio humano o la realidad superarían todos los sueños del autor. Hoy en día las cuatro obras del primer párrafo parecen estar quedándose en simples apuntes a pie de página en la historia de la humanidad, como indicador:

África es el mayor depósito de tierras raras del mundo (mil veces más valiosas que el oro y necesarias para toda la tecnología moderna) pero sigue siendo el continente más pobre. En los 90' se inició una depresión, seguida por varias grandes crisis que han provocado que la desigualdad social llegue a extremos que indignan. Los trabajadores modernos tienen menos derechos y menos beneficio por su trabajo que los esclavos que vivían en los siglos XVI y XVII.

No es una percepción, son datos de universidades como Oxford e informes de grandes bancos y de la OCDE. Podría escribir las fuentes y los datos, pero serían números y datos que nadie lee y a nadie, excepto a los que no va dirigido este artículo, importan.

España, y Europa en general, está inmersa en un empobrecimiento de las clases más bajas, condenando a las personas con menos estudios y sepultando a sus hijos a tener menos cada vez, a ser cada vez más pobres, a acceder cada vez a peor educación y derechos.

Nuestra sociedad está cimentada en un sistema que nos lleva a dar la espalda a lo malo. Los noticiarios y los medios de comunicación no hablan de las guerras que no nos importan. La sociedad de consumo se basa en la reducción del ruido y en la creación de un sistema donde aquello que obtenemos está destinado a gastarlo en los bolsillos de aquellos que nos pagan por un trabajo indigno y mal pagado.

Donde nosotros mismos nos esclavizamos a nosotros y volcamos nuestra rabia y frustración en aquellos únicos en los que podemos, los que tienen menos que nosotros y en los que están por debajo de nuestra posición.

Siempre he dicho, y creído fervientemente, que ningún ejército puede contra un pueblo sublevado. Al fin y al cabo, los ejércitos se nutren siempre de los más necesitados. Ninguna tiranía ha podido contra un pueblo unido. La historia está ahí para darme la razón.

El problema siempre ha sido, y citando a Burke que, “El mal triunfa porque los hombres buenos no hacen nada para evitarlo” (o cualquier otra variante de la traducción).

Estos meses que tenemos por delante nos traen varias grandes citas con las urnas. Elecciones europeas, autonómicas, municipales e incluso en España, nacionales. En toda Europa el auge de movimientos de ultraderecha, secesionistas y aislacionistas me lleva a la conclusión que el mundo (y perdone la expresión) se va a la mierda. 

El ruido de “Gran Hermano”, “Master Chef” y toda la telebasura, el desprestigio de la cultura y la pérdida de valores del esfuerzo y el respeto del conocimiento nos ha llevado a una apatía social, a un pensamiento de que nada de lo que hagamos sirve para nada. Que el poderoso seguirá siéndolo y que el pobre está obligado a bajar la cabeza y obedecer.

Aquellos que levantan la voz, aquellos que creen diferente, aquellos que piensan diferente son ridiculizados. Putas teorías de la conspiración, gilipolleces, tonterías (perdón otra vez por las expresiones). Pero saben que les digo… Que no. Que es verdad. El club Bilderberg existe (la reunión donde las personas más poderosas deciden el futuro de los estados), los 20 hombres más ricos del mundo tienen más dinero que el 20% de la población más pobre y subiendo y demás datos e información sobre la injusticia social.

Los 7 estados más ricos contaminan más que todos los demás países juntos. Destruyen con ello todo el planeta. En los próximos 50 años la contaminación y en general la destrucción de los ecosistemas terrestres y marinos llevaran a una extinción planetaria (no lo digo yo, lo dice la ONU) aunque claro, no queremos escucharlo.

Y ese es el poder que ellos tienen. Nuestra sordera y silencio. Nuestra falta de ganas de buscar problemas. Frases como “eso no es cosa mía” o “hija, no mires, no te metas…”. Lo he oído tantas veces que me duele el alma por ello.

Dentro de un par de meses las elecciones europeas nos van a llevar a una encrucijada. Muchos países están amenazados por partidos nacionales, aislacionistas, xenófobos y públicamente racistas e, incluso, directamente asesinos. Partidos que promueven directamente “Progromos” (asesinatos masivos de minorías, inmigrantes o librepensadores), y debido a aquellos que no hacen nada contra ello, van a triunfar.

Si, Europa, o lo que una vez significó como garante de los derechos humanos, la cultura y la justicia social va a desaparecer, será culpa de aquellos que no han hecho nada. Sera culpa de todos aquellos que no han ido a votar. Será culpa de aquellos que miran al diferente con miedo y odio. Aquellos que dicen que el de fuera es peor, que nos viene a robar, viene a quitarnos nuestros derechos, viene a invadirnos o alguna tontería por el estilo.

Es culpa nuestra que el mundo se vaya a la mierda (sí, me repito con el mal lenguaje) pero también está en nuestras manos la solución para que “Neuromante”, “1984”, “Un mundo Feliz” y “La isla del señor Moreau” sean sólo distopías de ficción. No todo está mal, no todo el mundo está loco o corrompido.

La política europea se está abriendo a políticas reformistas, ecologistas, justas y humanas… Hay partidos cuyos programas incluyen la justicia social, la igualdad, los derechos humanos y la creación de estamentos supraestatales que nos ayuden a salvar un contaminado, injusto y lleno de problemas. Un mundo con problemas que el individuo jamás podrá solventar pero que el conjunto de todos nosotros juntos tiene posibilidades de mejorar.

Por todo ello yo, y perdón por la personalización, sé a quién votaré, pero cada uno debe decidir a qué partido votar o en qué mundo vivir. Uno lleno de desigualdad e injusticia o uno donde el futuro de todos sea igualitario sin importar sexo, raza o religión.

Ahora es el momento de votar y elegir nuestro futuro, el futuro de una Europa social y humana y otra donde la desigualdad, el odio y el miedo sean la impronta, de lo que una vez fue la esperanza de una humanidad bella y con unos valores. Y que a mí, personalmente, me hacían orgulloso de decir en voz alta. 

Soy europeo, soy español, soy humano… y con orgullo.

Brexit, ultra derecha y justicia social