martes 30/11/21

Bares contra políticas sociales

terrazas

Por Mariola Marrero | En un país con más bares por metro cuadrado que en cualquier país europeo y gran arraigo a las tradiciones religiosas, taurinas y folklóricas, no es sorprendente que, en las últimas elecciones de la Comunidad de Madrid, el discurso populista y con el único punto programático de una bajada de impuestos, eso, y la libertad triunfara por doquier. Menos mal que, aunque el Partido Popular se empeñe en extrapolar lo sucedido en Madrid al total de la nación, eso no es, histórica, ni electoralmente, factible.

Haciendo un resumen de todos los análisis realizados, después del 4 de mayo, lo único que sale en claro es que Isabel Díaz Ayuso ha ganado las elecciones, lo demás, depende del prisma con que cada analista, tertuliano o asalariado vea con beneficio a su causa.

Hay, por supuesto, algunas obviedades que tampoco necesitan de gran capacidad de análisis como que, Ciudadanos ha desaparecido del panorama autonómico al no haber conseguido escaños en la Asamblea de Madrid y, que han evaluado la situación como si no fuera lo suficientemente importante. Eso sí, siguen defendiendo el discurso del centrismo, la moderación y la no confrontación, claro.

La confrontación de ideas es importante cuando te dedicas a la política, la moderación en el discurso imprescindible y el centrismo, bueno, es una herramienta necesaria para captar el voto indeciso y que, en un panorama tan fragmentado, puede hacer que la balanza se incline a un lado u otro del espectro político. Sin autocrítica es posible enmendar los posibles errores que han llevado al fracaso, a la pérdida de confianza y votos en unas elecciones.

Unidas Podemos salvó los muebles del desastre, pero pierde la cabeza con el anuncio de Pablo Iglesias de dejar la política. Puede ser una refundación del partido para bien, una oportunidad. Por tu parte, Mas Madrid se beneficia del voto progresista que pierde el PSOE y no gana UP con la Doctora García al frente. Con una convincente oposición a esas políticas liberales desde el punto de vista de los profesionales, supo encauzar un argumentario desde el conocimiento de las consecuencias de haber padecido la crisis en la comunidad con más recortes en sanidad.

Está claro que en este ambiente de crispación y con la ultra derecha echando más leña al fuego de la discordia, viniendo a la cola de casi todo siempre, el discurso facilón de Díaz Ayuso, se impusiera a las propuestas progresistas como lo hiciera en su día el de Trump en EEUU. Un discurso que dirigió directamente contra Pedro Sánchez pudiendo causar, dentro de su formación alguna incomodidad.

El partido Socialista está más ocupado ahora mismo en diferenciar lo sucedido en Madrid del resto del territorio español y, apuntalar, con un discurso social y de recuperación, la debilidad que le achaca la derecha ahora henchida. Sí, la que en Cataluña apenas sobrevivió, la que en el País Vasco se desdibujó, la que gobierna apenas con Ciudadanos y Vox en otras autonomías, pero, que al ganar Madrid ya se permite asaltar el cielo y si les dejan, hasta la  Moncloa, eso sí,  sin tener en cuenta lo que democráticamente se votó en las últimas elecciones generales, que existe un presupuesto general del Estado y que, desde el Gobierno Central, se gestiona sin confrontación por parte de los partidos que conforman la coalición. Da igual, el PP ya pide adelanto de elecciones generales con el coste y la inestabilidad que eso supone. Porque, dicen, lo hacen por España, por la España que creen les pertenece, por esa España cañí de bares de tapas y corridas de toros en las Ventas.

El pueblo de Madrid ha preferido votar las políticas aplicadas en los últimos veintiséis años en esa comunidad: la de los recortes en educación y sanidad, la privatización de lo público, los fondos buitres, los innumerables casos de corrupción, la pésima gestión de la pandemia, y la rebeldía de una candidata que se pasó dos años posando y defendiendo la libertad que, al parecer, sólo disfruta su Madrid, pero, lo más importante, los bares se han mantenido abiertos.

Es de suponer entonces, que el aumento de la participación, vino principalmente del mundo de la hostelería y del miedo a perder su empleo por parte de miles de trabajadores de un sector que, hace de éste país un referente turístico. Madrid abierto, incluso en pandemia, reclamo de jovencitos franceses, da igual los datos de contagios, y muertes. Ésta parece ser la filosofía imperante: en Madrid hay libertad para ir de cañas y eso le basta a la mayoría.

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