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miércoles. 01.02.2023

Barack Obama: ¿Un buen presidente?

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Por Mario Regidor | El 20 de enero toma posesión como presidente de los Estados Unidos Donald Trump y deja la presidencia Barack Obama después de 8 años de mandato.

¿Cómo podríamos catalogar su legado? Sinceramente, y a bote pronto, si hacemos la comparación con el período precedente con George W. Bush al mando, las guerras en Irak y Afganistán, los atentados del 11-S, la exacerbación de los ánimos de los países de Oriente Medio y Próximo y el repunte del terrorismo yihadista, que continúa vigente en la actualidad, podríamos decir que ha sido netamente positivo. Aún más, si lo vemos en contraposición con lo que nos espera a partir del 20 de enero.

No obstante, si indagamos un poco, sin ánimo de ser excesivamente exhaustivos, observamos luces y sombras como corresponde a un mandato largo como el suyo.

En lo que se refiere a política interior, creo que el saldo es positivo. La reforma sanitaria para dotar de seguro médico a más de 20 millones de personas que antes no lo tenían supone un paso adelante que, a nosotros con nuestra mentalidad europea, nos parece de Perogrullo pero que el individualismo estadounidense ha logrado cercenar hasta ahora. No obstante, todavía se aventura peligro ya que Donald Trump ya ha dicho que hará todo lo posible por desnaturalizar el sistema e, incluso, desecharlo sin más.

Por otro lado, tal y como reconoce el presidente saliente, uno de sus grandes lunares ha sido no poner freno al ingente número de armas que poseen los ciudadanos estadounidenses, cuyo derecho a portarlas viene consagrado en la Declaración de Derechos, y que ha causado un alarmante incremento de personas heridas y asesinadas por disparos, amén de un repunte importante del número de personas de raza negra afectadas por acciones sin control procedentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Estos, quizás, son los lunares más reseñables de su mandato pero no quería dejar de señalar uno que me parece fundamental. Barack Obama hizo de la promoción de energías renovables uno de sus baluartes en las dos campañas electorales, en especial, la primera. Es bien cierto que, al principio, hizo avances con el etanol como combustible pero pronto derivó sus esfuerzos hacia lo más sencillo, la obtención de petróleo no por plataformas oceánicas sino por el sistema de la fracturación hidráulica o fracking que causa una potente erosión de la superficie terrestre y una contaminación de la tierra debido a los productos químicos que ayudan a la obtención del petróleo del subsuelo.

En el plano internacional, es cierto que Obama se ha caracterizado por tratar de “templar los ánimos” en los conflictos heredados de la época de Bush lo cual ha conseguido a medias ya que, nuevos desórdenes han aparecido en lontananza.

Nos referimos a Rusia, que con la invasión de la península de Crimea en Ucrania y las sanciones impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos, hemos revivido episodios de la Guerra Fría que creíamos ya desterrados. A esto no ha ayudado la Guerra en Siria, donde a los rebeldes laicos, se les une el ejército sirio leal a Bashar al Asad, junto con las milicias chiíes de Hizbulá y Rusia, Turquía que traspasa su guerra con los kurdos a territorio sirio, Al Qaeda y el Daesh que, a veces, trabajan unidos y otras en guerra y en donde, finalmente, quien pierde siempre es la población civil. En suma, un maremagnum de siglas y ejércitos con diferentes objetivos y alianzas de interés que amenazan la estabilidad geopolítica de la región.

En este último aspecto, la actitud de Estados Unidos la podemos considerar bastante timorata, en especial en lo que se refiere al conflicto sirio donde Rusia sí ha adoptado una postura beligerante de apoyo al régimen sirio y que, está decantando la balanza lentamente a su favor, ante la inanidad estadounidense en apoyo de los rebeldes.

No obstante, debemos destacar la actitud diplomática estadounidense en Cuba e Irán. En el primer caso, con la visita de Obama a territorio cubano anotándose un buen tanto político y mediático en lo que podríamos llamar su “canto de cisne” y donde parece que el deshielo de relaciones está comenzando y podría llegar a cristalizar, en un futuro a medio y largo plazo, en un cambio de régimen o, al menos en una democratización del ya existente.

En el caso de Irán, la actuación diplomática estadounidense también ha sido encomiable. De estar, prácticamente, en una situación muy cercana al conflicto bélico, por el programa nuclear iraní hemos pasado a una situación de supervisión controlada y de normalización casi total de relaciones va un trecho en política internacional muy complicado de transitar y que la administración Obama ha logrado pergeñar de forma muy convincente.

No puedo dejar de destacar, no obstante, la situación del campo de prisioneros de Guantánamo que Obama se comprometió a cerrar ya desde su primer mandato y no ha podido o no ha sabido hacerlo. Quizá es su mayor debe en materia de política internacional y lo peor es que la esperanza de que se clausure en el mandato de Donald Trump es nula.

Por todo lo anterior, conviene resaltar que el mandato demócrata que ahora torna a su fin ha tenido notables claroscuros en donde, quizá en política internacional ha tenido sus principales aciertos o, al menos, aquellos que pueden constituir su legado como presidente y en política nacional, dejando de lado el llamado Obamacare, sus principales fallos.

No obstante, debemos tener en cuenta que, frecuentemente, a un presidente le hace un buen o un mal gobernante los que le siguen. Es posible que, si lo peor se confirma, Donald Trump convierta a Barack Obama en uno de los mejores presidentes que se han sentado en el Despacho Oval, lamentablemente.

Barack Obama: ¿Un buen presidente?