viernes 27/11/20

Ave Fénix del patrimonio histórico-artístico

Foto: Bomberos de Loire Atlantique
Foto: Bomberos de Loire Atlantique

Por Mariola Marrero | El incendio de la Catedral de Nantes el pasado mes de julio, nos ha recordado al que sufrió el año pasado la Catedral de Notre Dame de París, pero sobre todo, nos manifiesta la fragilidad de los monumentos arquitectónicos y lo importante que es su conservación y qué clase de intervenciones deben aplicarse en sus restauraciones.

Tras el incendio de Notre Dame, el entonces Ministro de Cultura español, José Guirao, convocó un Consejo de Patrimonio Histórico extraordinario para repasar los planes de emergencia para catedrales. Algunos apuntan que sería necesario acometer la previsión de riesgos como se hace en los museos, con elementos para la extinción de incendios y detección precoz centralizada, como el uso de rociadores por ejemplo siendo uno de los problemas la insuficiente partida económica que se recibe desde el presupuesto anual y, este es un debate nuevo que se añade al histórico, el relativo a los diferentes tipos de restauración a acometer sobre el patrimonio histórico-artístico.

La Catedral Notre Dame de París comenzó a construirse en 1163 en Ilé de la Cité, es de estilo gótico francés, y en su construcción intervinieron varios arquitectos junto a Jean de Chelles y Pierre de Montreuil. La fachada occidental y las torres fueron construidas en 1200 y el campanario y la primera aguja quedó lista 500 años después. Viollet-Le-Duc colocó una segunda aguja de 93 metros de altura. El techo se aguantaba por una armazón de madera, el famoso “Bosque de Notre Dame" llamado así por el gran número de vigas realizadas a partir de un árbol de roble entero cada una y de bastante antigüedad. Su edificación terminó en 1345, pero en el reinado de Luis XIV se sustituyeron varios vitrales y obras de estilo antiguo por otras barrocas. De 1786 a 1792 la aguja fue desmontada para su reparación. En el siglo XIX se ordenó una serie de restauraciones dirigidas por Jean-Baptiste-Antoine Lassus y Eugene Viollet-Le-Duc, y en 1991 también se hicieron pequeñas labores de preservación.

En 2017, el gobierno francés y la Archidiócesis firmaron un acuerdo para restaurar la catedral. Era un trabajo que duraría 20 años para recuperarla de los sucesivos daños causados por incendios, revueltas, efectos atmosféricos, contaminación, roedores, palomas y el desgaste ocasionado por millones de visitantes. En el momento del incendio estaba siendo restaurada por cinco empresas.

Notre Dame y Nantes, seguramente, como otras tantas, volverán a ser de los monumentos más visitados de Europa, símbolos de una época y, al final no importará el tipo de proyecto que se ponga en práctica en sus reconstrucciones y restauraciones porque, se levantarán esplendorosas de nuevo cual Ave Fénix

Los trabajos de reconstrucción tras el incendio del año pasado terminarán en el 2021 y la fisonomía va a ser idéntica aunque se planteó que contuviera detalles modernos, otro debate que se  quiere  evitar y que ocupaba a los parisinos, a los entendidos y a los políticos. Para dar soluciones se creó un ente, única “voz y parte” en el proceso, integrado por asesores de varios comités de especialistas. El gobierno se ha asegurado el control al contar con más representantes que el  Arzobispado y el Ayuntamiento juntos. Pero, ¿cómo reconstruir Notre Dame? ¿igual a la original o más contemporánea? 

El presidente Macron ha sido más partidario de postulados violletinianos mientras la Alcaldesa Hidalgo prefería volver a la original sin el añadido de la flecha del siglo XIX. Parece ser que el Gobierno y la oposición en el Senado francés se dividió por el mismo debate que ya separaba a los expertos desde hace dos siglos.

Según las últimas noticias Notre Dame se va a restaurar siguiendo también la doctrina del “dov´era e com´era”, eludiendo soluciones innovadoras y descartando las intervenciones más aventureras como algunas ideas de internautas que proponían, por ejemplo, instalar una piscina en el techo. 

Lo más difícil es siempre decidir el empleo de nuevos materiales, sobre todo en la estructura de las cubiertas y la reconstrucción de la aguja y, según la recomendación de la Carta de Venecia, de compatibilizar los trabajos con otras técnicas contemporáneas de conservación y de construcción, siempre en concordancia con los sistemas constructivos góticos y las aportaciones de Viollet-le-Duc, que ha sido la parte más afectada por el incendio. Entre los materiales posibles están la fibra de vidrio, la de carbono o el aluminio, de menor peso y hasta la madera laminada encolada con tratamiento ignífugo que podría recuperar el espíritu de la estructura de la cubierta perdida. 

Le-Duc fue el primero en crear los principios de una teoría de restauración arquitectónica y ejecutarla en todos los edificios medievales que estuvieron bajo su dirección, además de la Catedral de París, la Catedral de Amiens o las Murallas de Carcasona. La restauración, según Le-Duc, tenía por objetivo “recuperar un estado completo” del edificio, es decir, una afirmación que abrió la puerta a mantener el estado original y suprimir aquello que no se adecuara a su transformación. Rescatar el origen de Notre Dame no era suficiente, se debía hacer “tal y como debería haber sido”. En sus postulados, el valor de la novedad era tan legítimo como el valor histórico. El resultado en Notre Dame y otras de sus restauraciones fue un falso histórico, una adulteración en la que no se distinguían las partes originales de las añadidas.

En contraposición a las ideas de Le-Duc, estaban las de John Ruskin que afirmaba que la reconstrucción de un monumento era una falsificación ética, moral y material y defendía conceptos prudentes y puritanos que consiguieron frenar las reconstrucciones y las falsas restauraciones con recreaciones fantasiosas y abusos de los seguidores de Le-Duc. Camilo Boito sintetizó las teorías de Viollet y de Ruskin, rechazó la idea de la reconstrucción que solo quiere recrear el modelo ideal y defendió la restauración y consolidación de los monumentos, con mínimas intervenciones y solo si era necesario, Boito afirmaba que los derribos de los añadidos posteriores a la época de construcción del monumento eran imprudentes y que las nuevas adiciones imprescindibles debían resultar ser identificables respecto al resto del monumento. Fueron sus teorías las que sentaron criterios científicos y en ellos se inspiraron las principales cartas de restauración. Está claro que, a pesar del transcurso del tiempo, siempre estará latente el debate de la restauración y las Cartas Internacionales del Patrimonio son una guía para que se efectúen acorde con unos criterios sopesados durante siglos y puestos en práctica por los restauradores contemporáneos. 

La Catedral de Nantes cuya construcción comenzó en 1434 y terminó en 1891,  es el tercer edificio  construido en el mismo lugar. La primera catedral se construyó en el siglo VI y la segunda, románica, se levantó en siglo XII. Ardió el pasado julio, debido a tres focos simultáneos. Esta vez no se pudieron salvar las vidrieras que explotaron ni el gran órgano de 1621 , que se pudieron salvar en el incendio de 1972  junto con  la sillería del coro, y una pintura de Hippolyte Flandrin del siglo XIX. A diferencia de Notre Dame, cuyo armazón del techo era de madera, el de la catedral de Nantes se construyó con hormigón tras el incendio de 1972. Ya había sido victima de siniestros a lo largo de su historia; en la segunda Guerra Mundial, los bombardeos aliados destruyeron la sacristía y parte del deambulatorio de la catedral. El edificio fue totalmente restaurado. 

La alcaldesa de Nantes Johanna Rollad, abrirá una investigación para determinar las causas del incendio. Esta vez no ha sido por un accidente en una reparación, todos los indicios apuntan a un accidente material, o un error humano  provocado intencionadamente o no, por un voluntario que las autoridades de la Catedral conocían hacía años y tenía las llaves del templo que usó para cerrar la noche del incendio. 

A lo largo de la historia reciente, muchos son los templos que han sido pasto de las llamas y que han necesitado de una intervención restauradora importante. En España contamos con un manual de seguridad y protección contra incendios en Ciudades Patrimonio dentro del “Plan Nacional de Patrimonio Histórico” pero, extrañamente, no incluye el riesgo de incendio. Los templos, además, se gestionan por consejos con diversos criterios en lo que respecta a la protección pero, ¿está la arquitectura del patrimonio histórico artístico suficientemente protegida? Desde luego, es imperante que se incluyan  todos los riesgos en una adecuación del Plan Nacional de Catedrales asesorado por expertos.

Al menos casi la mitad de los incendios producidos en los edificios son causados por los trabajos en caliente que se efectúan durante la restauración y mantenimiento. Es precisamente esto lo que sucedió en la Catedral de Nantes en 1972, cuando el soplete de un obrero que trabajaba en la reparación del techo de la catedral provocó un incendio que destruyó el armazón de madera. Otros han sido producidos por rayos, como el de la Catedral de León en 1966 y, por último, los  menos digeribles desde el punto de vista de una historiadora del arte; el vandalismo para con las obras de arte por causas religiosas y otras más patológicas, de lo que podremos hablar en otro artículo.

Notre Dame y Nantes, seguramente, como otras tantas, volverán a ser de los monumentos más visitados de Europa, símbolos de una época y, al final no importará el tipo de proyecto que se ponga en práctica en sus reconstrucciones y restauraciones porque, se levantarán esplendorosas de nuevo cual Ave Fénix, para seguir siendo silenciosos testigos del paso de la historia y obras de arte, patrimonio de todos y todas, por lo que es nuestra obligación su protección.

Ave Fénix del patrimonio histórico-artístico