domingo 08.12.2019

Escenario postelectoral

No sé cuándo la política fue un arte, si es que lo fue alguna vez y cuándo dejó de serlo. Entiéndase, el arte de lo posible, de lo real y de lo necesario, no una entidad estética, desde luego, como si fuera una Venus de Nilo

Ni siquiera pienso que tales categorías, subrayadas por un artículo neutro, hayan formado parte de la política alguna vez; menos aún, a partir del momento en que la política pasó a ser tarea exclusiva de los partidos, que, para colmo, se arrogan la representación de la ciudadanía.

Se olvida que hacer política no solo la hacen los partidos. Quizás, en esta época, quienes menos hacen política son los políticos profesionales. Menos mal que ahí está la sociedad civil manteniendo el tipo de las reivindicaciones, si no, el FMI y el IBEX 35 nos habría tragado hace tiempo.

¿Doy para que me des? A veces, es muy conveniente dar sin recibir nada a cambio. Se llama generosidad. Pero, al parecer, la generosidad no existe en política. Mal asunto

La confirmación más próxima a lo que estoy lamentando sería el escenario en que se han movido estos políticos tras las últimas elecciones.

Nunca un escenario post-electoral fue tan propicio para que las lenguas de algunos dirigentes políticos se hayan desatado como coristas impúdicas y desdeñosas.

Por un lado, estuvieron las voces pertenecientes al arco parlante de la derecha que no han podido acceder al reparto del pastel del poder. Parece increíble que de la boca de unos políticos en posesión de másteres universitarios saliesen palabras de palafreneros cuando hostigan a su caballería.

A Sánchez lo han calificado de felón y de estafador; en tiempos, Suárez fue tildado de tahúr del Mississipi, que ya eran ganas. Un estafador y un felón con quien, paradójicamente, estos lenguaraces suspiraban por formar un gobierno de coalición hasta que el entendimiento entre Sánchez e Iglesias terminó por producirles una parálisis facial.

Por otro, están ciertas izquierdas que, también, se han arrimado a la mesa de estos nuevos ricos epulones por ver si recogen algunas migajas del pastel del poder o venden las pocas lentejas que tienen en el plato a cambio de una concesión que es del todo imposible conseguir, dadas las complejidades a las que los Tribunales de este país someten ciertas concesiones del Gobierno a partidos sospechosos de terrorismo y otras excrecencias políticas, como la de pedir un referéndum… ¡Menuda osadía!

Sí, en efecto. Me refiero a los partidos políticos que tienen la llave de abrir la puerta del armario del poder a la entente socialista y podemita. Entre ellos, ERC y Bildu. Ambos, según sus dirigentes, negarán su apoyo a dicha entente, sea no absteniéndose en la investidura o votando en contra de ella, respectivamente,si la entente en cuestión no apoya el derecho de autodeterminación y la amnistía/indulto a los presos políticos.

¿Y a qué parte de la sociedad española le importa esta autodeterminación y esta amnistía exprés? ¿En qué medida estas concesiones favorecerán que la mayor parte de la ciudadanía experimente una mejora en sus vidas?

En cualquier caso, ¿por qué ERC y Bildu no exigen al futuro Gobierno que, si este quiere su apoyo que derogue los Acuerdos con la santa Sede? ¿O que exija a la Iglesia que devuelva al poder civil las mil posesiones inmatriculadas ilegalmente a su favor? ¿O exigirle mayor inversión económica en Ciencia, Investigación y Educación? ¿O que los pensionistas recuperen su poder adquisitivo con un aumento de sus pensiones? ¿O por qué no exigirle al Gobierno que deje de vender armas a cualquier país del mundo, sean armas de precisión o de las que producen daños colaterales a mansalva, una precisión que solo un cínico e hipócrita político hace para lavar su conciencia?

En definitiva, ¿a qué juegan estos políticos? ¿O, acaso, piensan ERC y Bildu, que la entente susodicha les hará más caso en el asunto de la autodeterminación que en el de los acuerdos eclesiásticos o en el resto de las cuestiones apuntadas y muchas más que podrían apuntarse?

Con estas actitudes, que solo son producto de una cerrazón mental y chulapería política, no es de extrañar que la derecha se crezca y acabe por sacar tajada hasta de los tocomochos estratégicos de esta izquierda, más infantil de lo que parece.

En fin. ¿Por qué edificar una casa empezando por el tejado en lugar de hacerlo por su base? ¿Y por qué utilizar el chantaje para conseguirlo?

Es un mal principio. ¿Doy para que me des? A veces, es muy conveniente dar sin recibir nada a cambio. Se llama generosidad. Pero, al parecer, la generosidad no existe en política. Mal asunto.

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