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viernes 20/5/22

Bárcenas versus Cospedal

A Bárcenas parece que le ha pasado lo mismo que al pastor del cuento de Nabokov. Ha mentido tantas veces que cuando dice la verdad no le cree nadie....

Decía el escritor Nabokov que la literatura empezó con una mentira. La de aquel niño que, bajando del monte al grito de “¡que viene el lobo!, ¡que viene el lobo!”, y no venía, metía tal miedo en el cuerpo de los pastores que azuzaban su rebaño a toda pastilla y lo encerraban en el aprisco hasta que se daban cuenta del engaño. La jugada se repitió varias veces. Y siempre con el mismo resultado. El lobo no aparecía nunca, así que los pastores acabaron hartos de aquel niño y decidieron pasar de sus mentiras. Un día, el niño dijo la verdad, pero como los pastores lo tenían como un mentiroso pasaron de su mortal aviso. El resultado ya lo sabemos: el lobo apareció y mató cientos de ovejas.

A Bárcenas parece que le ha pasado lo mismo que al pastor del cuento de Nabokov. Ha mentido tantas veces que cuando dice la verdad o su aproximación a ella no le cree nadie. Ni siquiera quienes mejor lo conocen. Es decir, quienes en un tiempo no muy lejano lo consideraban como maestro de la verdad, de la honradez y de la exactitud manejando números y cantidades diferidas. A fin de cuentas, Bárcenas es una creación del PP. Una creación que, como los monstruos de la literatura fantástica y terrorífica, terminan por volverse contra su propio creador. 

A Bárcenas le bastó con que mintiera varias veces en relación con sus propios papeles, para tener la consideración del político más falsario que ha dado la historia española. Lo que ni tanto, ni tan calvo. El pastor mintió varias veces, sí, pero, al final, dijo la verdad. Y fueron los pastores los que decidieron no creerlo, y así les pasó. ¿Solo fue culpa del niño mentiroso? Me da que no.

 Para quitarse de encima el peso pesado Bárcenas se arguye que este es un mentiroso de cuidado. En efecto. Lo es si tenemos en cuenta que ha estado largo tiempo mintiendo a Hacienda. Bárcenas ha mentido de forma oficial y oficiosa durante un montón de años, los que van desde que se hizo con las riendas de las cajas blancas y negras del PP. Solo cuando salió a la luz el escándalo, el partido de Rajoy mostró cierta repugnancia hipócrita por haber tenido en sus filas a un chorizo con denominación de origen. Mientras, el PP se sentía feliz y contento de disponer de un tesorero tan hábil administrando la mentira en un terreno tan pringoso como el de los números.   

El PP tiene razón cuando asegura que Bárcenas es un mentiroso. Pero el PP debería añadir que ha sido él como partido quien lo ha creado.  Cuanto más repita que Bárcenas es el más mentiroso de todos los mentirosos lo único que estará pregonando es la facilidad del PP en crear mentirosos en sus propias filas.

Dicho lo cual, no tiene mucho sentido que Martínez Pujalte diga que Bárcenas miente porque odia a Cospedal. Que donde hay odio no puede haber verdad.  Pujalte se equivoca. Porque el odio y los términos como envida, rencor, resentimiento y venganza son los más acuciantes resortes psicológicos que tiene el individuo para atreverse a decir la verdad. Toda esa parrilla de sustantivos no es incompatible con el deseo   de decir la verdad. Si Bárcenas no odiara a Cospedal, el ex tesorero no habría dado jamás un paso para acusarla de haber recibido dinero negro. Si Bárcenas amase a Cospedal con un amor romántico sublimado, es imposible que pringara el honor de la dama. Por tanto, el problema está en Cospedal, la cual debería pensar por qué una criatura creada por el partido que ella dirige ha terminado por odiarla hasta acabar con su carrera política.

¿De dónde surge la convicción de que una persona rencorosa y vengativa no puede decir la verdad? ¿De dónde surge la convicción de que quien ha mentido una vez tiene que mentir cada vez que abre la boca? Estamos ante una cínica manera de quitarse de encima una acusación. Porque significaría que lo que se diga en contra del PP y de sus dirigentes de altura nace del odio. Odiamos al PP, y porque lo odiamos, todas las críticas que se le hagan son mentira. Menudo método ideal cabrón para quitarse de encima lo que nos molesta. Con decir que quien me critica lo hace porque me tiene tirria, está arreglado todo.

 ¿Y cómo resolverán los jueces esta situación de enredos amorosos y odios manchegos? ¿Se dejarán llevar por este tipo de coloraciones psicológicas? ¿Invalidarán una acusación por el hecho de hacerla desde la orilla de la venganza o del odio? ¿Y cómo sabrán los jueces que Bárcenas miente por odio o que dice la verdad, precisamente, porque se lo pide su irreprimible odio?

Es lógico pensar que el odio que Bárcenas siente por Cospedal aumentara sus ganas de declarar en su contra, pero eso no significa que esté mintiendo aunque lo haya estado haciendo toda su vida en favor de la economía sumergida del PP. Se podrá condenar a Bárcena por vengativo, pero ¿por mentiroso? Pienso que no. A no ser que se diga que todos los amantes despechados mienten cuando hablan de su amor perdido.

Bárcenas versus Cospedal