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jueves. 11.08.2022

Señor Gandhi

Algún viaje he tenido la oportunidad de hacer y alguna historia tengo por contar sobre ellos. Anécdotas amables, instructivas, aventureras y hasta peligrosas...

@caval100 | Algún viaje he tenido la oportunidad de hacer y alguna historia tengo por contar sobre ellos. Anécdotas amables, instructivas, aventureras y hasta peligrosas. De todo ha habido. Hoy recuerdo una historia, que por entrañable, merece la pena relatar en este comienzo del otoño, que no solo deja mustios a los árboles, sino también a los espíritus. Me fue contado en la Ciudad de Panamá, una tranquila tarde, cayendo el sol, junto al Canal y frente al majestuoso puente de las Américas.

El protagonista es Gandhi. Mohandas Karamchand Gandhi. Una figura histórica, un hombre singular —me atrevería a decir que irrepetible—, austero y de absoluta modestia. Sus teorías modificaron la configuración política e ideológica del mundo. Un ejemplo de vida y de lucha. Había nacido en Porbanda, un remoto lugar de la India, país en el que la política era sinónimo de corrupción. En este ambiente, Gandhi introdujo la ética en la política y su ejemplo como forma de vida. Tendríamos que recuperar esos principios. Vivió en la pobreza, rechazó el poder político y no concedió prebendas a amigos y familiares.

Desde 1918 estuvo al frente del movimiento nacionalista indio. Instauró un método de lucha social comprometido y novedoso: la huelga de hambre. En sus programas rechazaba la lucha armada y su gran aportación revolucionaria: la no violencia —áhimsa—, como instrumentos para luchar contra el dominio británico.

Me contaron en aquella entrañable tarde panameña, que cuando Gandhi estudiaba derecho en la University College de Londres, un profesor de apellido Peters, le tenía animadversión; pero, el alumno Gandhi, nunca le permitió humillación alguna.

«Un día Peters estaba almorzando en el comedor de la Universidad. El alumno, con su bandeja en la mano, buscando sitio, se sienta a su lado. El profesor, altanero, le dice: —Señor Gandhi, usted no entiende. Un puerco y un pájaro, nunca se sientan a comer juntos—; a lo que Gandhi le contestó: —Esté usted tranquilo profesor, yo me voy volando— y se cambió de mesa.

»Otro día, el señor Peters, decide vengarse de Gandhi, aprovechando un examen. Pero encuentra dificultades académicas, pues el alumno responde con brillantez a todas las cuestiones. Entonces, el profesor verde de rabia, le interpela: —Señor Gandhi, usted va caminando por la calle y se encuentra con dos bolsas; en una de ella está la sabiduría, en la otra mucho dinero, ¿Cuál de los dos se llevaría usted?. Gandhi responde sin titubear: —¡La del dinero, profesor!—. El susodicho, sonriendo le dice: —Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no le parece?—. Y Gandhi respetuoso responde: —Cada uno toma lo que no tiene profesor—.

»El profesor Peters, histérico, ya no sabe como poder a alumno tan aventajado, y tras corregir el excelente examen, escribe a su pie una nota: —«Idiota»— y le devuelve el ejercicio. Gandhi toma la hoja y tras leer la anotación del profesor, le espeta: —Señor Peters, usted ha firmado la hoja, pero no me puso la nota—.»

Fuera como un pajarillo volandero o como un sabio sin dinero, Gandhi, en su vida estuvo a la altura de las circunstancias que eligió. Decía las cosas como las sentía. No se dejó humillar, ni por profesor impertinente, ni por las circunstancias históricas de la India en donde nació, ni por los acontecimientos del mundo en tensión en los que le tocó vivir. No se dejó humillar, ni por las balas del fanático integrista hindú que le produjeron la muerte en 1948. Había vivido 78 años, pregonando la total fidelidad a los dictados de la conciencia, llegando incluso a la desobediencia civil. Quién defendió la no violencia, murió de forma violenta.

Albert Einstein dijo tras su muerte: «quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo». Pero lo fue: de carne y hueso, de espíritu fuerte y condición comprometida. Personajes como Gandhi pocos han existido, pero quizás haya alguno entre nosotros, aunque no se deje notar. Si alguno existiera y se diese la oportunidad de que leyera esta breve crónica, había que pedirle: ¡manifiéstate!, si no lo has hecho. Eres más necesario que nunca. Para todos nosotros.

Lucha constante, coherente con la forma de pensar, los instrumentos adecuados y con la mayor unidad posible, aún solo. «La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo… Dicen que soy héroe; yo débil, tímido, casi insignificante; si siendo como soy, hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos», dicen que dijo.

Señor Gandhi