sábado 28/11/20

No todos los políticos son igualmente responsables de la crispación política

Se está difundiendo en muchos medios de comunicación nacionales e internacionales una interpretación errónea de la enorme crisis social y económica en la que se encuentra inmersa España como resultado de la pandemia, y que se atribuye a una supuesta incapacidad e inoperancia de los políticos del país, criticando por igual, tanto al gobierno de coalición de izquierdas de España como a los partidos de la oposición, por una supuesta incapacidad del conjunto de la clase política para poder responder a la pandemia. Esta interpretación presupone una equiparación de responsabilidades entre los partidos gobernantes de izquierdas y los partidos de derechas en la crisis. Esta equivalencia es presentada por gran parte de los medios de información como muestra de objetividad y neutralidad, culpando tanto a las izquierdas como a las derechas de la situación de crisis actual, ocultada bajo una crispación política en la que, supuestamente, todos los partidos están envueltos a partes iguales. Un ejemplo de ello es el artículo de The Economist sobre el porqué del desastre de la pandemia en España, titulado “Bailando con la muerte (03.10.20), en el que se atribuye el gran impacto negativo de la pandemia en España a “la tóxica lucha política que caracteriza la vida política española”.  En España, esta interpretación está ampliamente extendida y es promovida por grandes medios de comunicación, como, entre otros, La Sexta, que tanto en su programa La Sexta Noche, que se emite los sábados, como en El objetivo, los domingos, dieron gran cobertura televisiva a esta crispación política que, según estos programas, caracteriza la vida parlamentaria española actual, culpando por igual a todas las formaciones políticas, tanto a las izquierdas gobernantes como a las derechas en la oposición.

Esta percepción, sin embargo, oculta las verdaderas causas de la crispación y los partidos responsables de ella

La atribución a todos los partidos de la responsabilidad de tal crispación es una tergiversación de lo que ocurre en realidad, ocultando la causa real de estos conflictos, que no es otra que la enorme hostilidad y resistencia de las derechas, herederas y enraizadas en su mayoría en las fuerzas políticas que dominaron la dictadura y la inmodélica Transición, y que consideran las instituciones del Estado, incluyendo las representativas, como propias. Estas derechas -el PP y Vox- junto con las nuevas -Ciudadanos-, promovidas estas últimas por grupos bancarios, como el Banco Sabadell (como respuesta a la aparición de movimientos sociales -como el 15M- y de partidos políticos que denunciaron la democracia incompleta y el bienestar insuficiente que el dominio de las derechas en las instituciones políticas habían causado), habían sido responsables de enormes recortes de gasto público que habían debilitado enormemente la sanidad y la protección social, además de reformas laborales que habían deteriorado el bienestar de la clase trabajadora y la calidad de vida de las clases populares. Tal deterioro se ha hecho evidente con toda crudeza durante la pandemia.

No es pues, sorprendente, que haya habido una rebelión popular, reflejada electoralmente en la pérdida de la mayoría parlamentaria de esas derechas, las cuales no lo han aceptado todavía (como tampoco lo aceptaron en ocasiones anteriores), cuestionando incluso la legitimidad del nuevo gobierno. Detrás de la crispación se encuentra, en realidad, el conflicto entre el establishment económico y financiero y sus intereses mediáticos y políticos, por un lado, y los instrumentos de las clases populares que se rebelan y demandan un cambio de las políticas neoliberales que se les impusieron, por el otro. La pandemia ha mostrado claramente las consecuencias de aquellas políticas neoliberales, que han causado un enorme daño a la población en general y a las clases populares en particular. Y, respondiendo a la demanda de estas, el nuevo gobierno está actuando, intentando revertirlas frente a una gran hostilidad por parte de las derechas, utilizando todos los medios para frenar tales cambios, intentando romper la coalición de gobierno. Lo que ocurre en Madrid es un claro ejemplo de ello.   

Las derechas madrileñas: la versión española del trumpismo

Las derechas que gobiernan Madrid (PP, Vox y C’s) son el bloque de las derechas que, como el presidente Trump en EEUU, anteponen los intereses económicos y financieros (a los cuales representan) a todos los demás. También, como Trump, son escépticos ante el conocimiento científico y han sido extraordinariamente laxos en la aplicación de las políticas recomendadas por los científicos necesarias para contener la pandemia y que el gobierno español ha requerido. La laxitud del gobierno de coalición de derechas de la Comunidad de Madrid explica que sea la región que tenga la tasa de infectados de coronavirus más elevada de Europa en los últimos 14 días: 524 por cada 100.000 habitantes. En Alemania, son 50. Si hay una crítica que puede hacerse al gobierno actual de España es haber permitido que esta tasa llegara a ser tan elevada en Madrid, sin intervenir y tomar las riendas de las autoridades sanitarias y salubristas en dicha comunidad que fracasaron estrepitosamente en su intento de contenerla. Definir la resistencia de las derechas madrileñas a esta intervención del gobierno central meramente como una crispación creada a partes iguales por las izquierdas gobernantes y las derechas de siempre me parece de una manipulación extrema.

Qué hay detrás del supuesto “ruido político”

Las derechas españolas -que en el panorama europeo son homologables a la extrema derecha (siendo las más trumpistas de Europa) están ahora utilizando la pandemia para intentar destruir la coalición de gobierno, que es en este momento el nivel de gobierno que tiene mayor responsabilidad constitucional para actuar en esta situación de emergencia. Aunque esperó demasiado en intervenir, el gobierno de coalición actuó correctamente en su aplicación del estado de alarma. Fueron las derechas nacionalistas españolistas, junto con las derechas nacionalistas (y ahora independentistas) periféricas, las que se opusieron a la prórroga del estado de alarma. Y, tras conseguir su objetivo, tomaron las riendas del control de la pandemia, relajando las medidas de control, anteponiendo dos de las comunidades autónomas más ricas de España (las dos gobernadas por las derechas), Madrid y Catalunya, los intereses económicos y financieros por delante de todo lo demás. Y así fue como la pandemia se descontroló.

Ante esta realidad, poner a todos los actores políticos en la misma categoría es, repito, profundamente injusto y manipulador. La pandemia ha mostrado la dureza de la realidad en la que vive el país. Una de las causas principales de la elevada tasa de mortalidad ha sido la escasez de recursos públicos, consecuencia de las políticas de austeridad, aplicadas por los gobiernos de derechas. Y ahora, cuando respondiendo a la presión popular, el gobierno está haciendo todo lo posible por revertir tales políticas, vemos a las mismas derechas de siempre utilizando incluso la judicatura para rebelarse contra el gobierno intentando romper la coalición. La mayor prueba de ello han sido precisamente las declaraciones de la presidenta de Madrid, la Sra. Díaz-Ayuso, en su entrevista a El Mundo (11.10.20), en la que indicó que era ella la que estaba liderando la oposición al gobierno, en alianza con los jueces (incluyendo también al rey). 

¿Qué papel juega la judicatura en este “ruido”?

Lo que estamos viendo es que la pérdida de apoyo electoral de las derechas españolas hace que esta esté movilizando los aparatos del Estado controlados o altamente influenciados por ellas (enraizadas en el régimen dictatorial anterior), como es la judicatura, con el objetivo de forzar la aplicación de aquellas medidas que las derechas no pueden conseguir por la vía parlamentaria. Como bien reconoció la que fuera portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, el sistema judicial, controlado por el PP, es el “último dique de contención” ante los avances de los “sociocomunistas”, expresión muy utilizada por las derechas en su intento de señalarles como los herederos del Frente Popular que sus antecesores derrotaron. Es importante señalar que la actual judicatura, a diferencia de las fuerzas armadas, no fue sometida a ninguna renovación de personal durante o después de la Transición. La Transición no tocó la judicatura, la rama más profundamente conservadora y de derechas en el Estado español, y de las más represivas y con menor sensibilidad social hoy en la UE-15. La resistencia del PP a la renovación de este órgano de gobierno del poder judicial es parte de su hostilidad hacia el cambio.

Las semejanzas con EEUU: el comportamiento semejante del trumpismo en EEUU y en España

En una situación parecida se encuentra EEUU, donde la pérdida de apoyo electoral del presidente Trump está movilizando al presidente y al Partido Republicano para intentar hacerse con el control del Tribunal Supremo de aquel país. Dicho control es parte de la estrategia del presidente Trump de permanecer en el poder (sin respetar el resultado electoral) alegando unas irregularidades no existentes en el proceso electoral que justificaría que se pudiera alcanzar la presidencia. De ahí la enorme importancia del nombramiento de su candidata a juez de ese tribunal, la Sra. Amy Coney Barrett, que podría aportar el voto decisivo para que el Tribunal Supremo decidiera a favor del Sr. Trump. Un tanto igual ocurre ahora en España. Al no haber conseguido la expulsión de Unidas Podemos del gobierno por la vía electoral, las derechas intentarán conseguirla por la vía judicial, que es más próxima a su sensibilidad política. De nuevo, ocultar toda esta realidad definiéndola como crispación y mala educación entre grupos políticos es disfrazar un intento de golpe de estado por vía judicial.

¿Estamos viviendo el renacer del fascismo?

Esta defensa del statu quo, motor principal del comportamiento de las derechas reaccionarias, reproduce también un “ruido mediático” a través de una cultura heredada del régimen anterior, muy presente en la derecha extrema del país, que ve con malos ojos llevar mascarilla, mostrar temor o cualquier cosa que implique ser menos macho al no ignorar el riesgo. Estos gestos los reproducen constantemente Trump y Abascal, y bastantes personalidades de las derechas de siempre. El canto a la fuerza y a la masculinidad forma parte de su menosprecio hacia los comportamientos preventivos y científicos. Este canto a la fuerza, con una concepción nacionalista extrema, marcada por un racismo muy acentuado (la derecha española celebraba el día del descubrimiento y la conquista de América Latina como el “Día de la Raza”, mostrando su superioridad sobre los indígenas que fueron aniquilados) y un autoritarismo profundamente antidemocrático puesto al servicio de la estructura de poder económico y financiero (frente a las amenazas que representaban los nuevos movimientos sociales, como el 15M y las coaliciones de partidos políticos que denuncian la instrumentalización de las instituciones democráticas por intereses corporativistas privados a costa del bien común, y que se percibieron como una amenaza a tales intereses) fueron, por cierto, lo que caracterizó al fascismo. Y es lo que representa hoy claramente el trumpismo presente a los dos lados del Atlántico Norte. Describir esta situación como mero “ruido político”, repito, es ocultar esta realidad. Lo que estamos viendo hoy es el resurgimiento del fascismo a ambos lados del Atlántico Norte, con la ultraderechización de las derechas (del Partido Republicano en EEUU) y del PP en España (en alianza con Vox y C’s) en el que predominan el nacionalismo extremo, basado en una visión racial y de superioridad étnica, profundamente hostil hacia el otro (sea inmigrante o de una nacionalidad “periférica”), profundamente centralista, con sus cantos a la fuerza, anticientífico, autoritario y antidemocrático. En otras palabras, lo que estamos viviendo es la expansión del fascismo, y su amenaza a la democracia.

Una última observación: el sesgo derechista de la cultura mediática y política del país

He criticado extensamente que la cultura política y mediática de España está sesgada hacia la derecha. He documentado que incluso los medios que se presentan como “liberales” están mucho más a la derecha que los medios liberales en otros países. Ejemplos de ello hay miles. El más reciente es el consenso promovido por los principales medios de información sobre la necesidad de privatizar Bankia, sin que ningún gran rotativo del país publicara ningún artículo de opinión a favor de convertirlo en una Banca Pública, siendo el sector bancario público español uno de los más reducidos de la UE. Otro ejemplo, en el debate económico de La Sexta Noche del pasado sábado, tanto el economista que representaba a la izquierda como el que representaba a las derechas coincidieron en no incrementar ningún tipo de impuesto, estando también en contra del incremento de las pensiones y de los salarios de los empleados públicos. Las izquierdas, tanto en EEUU como en la mayoría de países de la Europa occidental están, sin embargo, pidiendo aumentar los impuestos en sus países. Lo que varía es el tipo de impuesto. Pero la necesidad de aumentar de la carga impositiva en aquellos sectores que han visto aumentar sus rentas y el valor de sus propiedades durante la Gran Recesión y durante la pandemia es casi unánime en la mayoría de países del capitalismo desarrollado. Aquí en España, tales medidas se presentan como “extremistas” por la sabiduría mediática y política convencional.

Pero hay otros indicadores de este profundo conservadurismo. En el mismo programa, dos opinadores fueron preguntados por la Sra. Ana Pastor sobre el porqué de las supuestas crispaciones. Y una de estas personas, una mujer joven, dijo que las tensiones de la Guerra Civil todavía persistían, sin preguntar por qué. Por lo visto, no sabía que el enorme retroceso del Estado del Bienestar español, de los menos financiados en la UE-15, se debe precisamente a la enorme influencia que los herederos de los vencedores de aquel conflicto continúan teniendo sobre el Estado español, y ponen el grito en el cielo cuando se exige por mera salud democrática que dejen de tener tanto poder. Y el Sr. Pérez-Reverte, uno de los intelectuales más promovidos por los medios de información y persuasión, definía como causa de la crispación política lo que él llamaba “el rencor de los vencidos”, confundiendo rencor con deseo de justicia, libertad y bienestar. Seguro que La Sexta puede encontrar personajes mejor informados sobre la realidad de este país que los individuos aquí citados. Pero, por lo visto, no se lo permiten. Debería haber una movilización de los espectadores, recordándoles a estos medios que están financiados, en parte, con fondos de la gente normal y corriente, vía impuestos, y que es su obligación ser más plurales y democráticos de lo que son ahora. La documentada escasa popularidad de los medios de información se basa precisamente en esta realidad. Los datos hablan por sí mismos.


Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra; Professor of Health and Public Policy, The Johns Hopkins University; Director del JHU-UPF Public Policy Center en Barcelon

No todos los políticos son igualmente responsables de la crispación política