martes 26/1/21

El sorpasso que no pudo ser y los olvidos

La coalición de Unidos Podemos ha perdido más de un millón de votos respecto a los que cosecharon ambos partido por separado, el 20 de diciembre. “Qué será, será”, pregunta la canción que cantaba Doris Day en la película, “El hombre que sabía demasiado”, de Alfred Hitchcok.

Ignoro si viviremos otro thriller de similar alcance, pero todo indica que será el Partido Popular el que tome las riendas del gobierno que gobernará en España durante los próximos años. Un gobierno cuyo partido está inmerso en una estructura corrupta; un gobierno que ha saqueado al pueblo español para repartir las ganancias entre la gran oligarquía nacional e internacional, y entre otros beneficiarios de menor calado.

Seguridad frente a incertidumbre, miedo al cambio en manos de aventureros y populistas, fue el mensaje reiterado del P.P. y cundió el miedo entre un público formado en el nacional-catolicismo, que insufló el franquismo en varias generaciones de hombres y mujeres de nuestro país y que aún perdura. También hay que decir que los otros partidos no supieron o no quisieron dar  razones suficientes que derrumbaran las mentiras del gobierno en funciones, aunque hablaron mucho de la corrupción que envuelve al Partido Popular.

Pero los cuatro tenores tuvieron algo en común; los olvidos  Los cuatro contendientes en la batalla electoral se olvidaron de las mujeres, o sea, de la mitad de la población que sigue siendo marginada en muchos aspectos de la vida cotidiana; entre otras cuestiones, salarios y pensiones más bajas. La violencia machista no cesa de asesinar a mujeres, pero sólo Pablo Iglesias, el tenor del Cambio, hizo una breve y desafortunada referencia, al prometer a las mujeres maltratadas un lugar habitacional, en vez de leyes claras y concisas que aparten de la vía pública a maltratadores y asesinos, y no a las víctimas. Y qué iba a decir de la prostitución, cuando no llega a entender que dicha práctica es la violencia institucionalizada en esa aparente legalidad que algunos proclaman, cosificándolas para beneficio de mafias, proxenetas y prostituidores. Los cuatro tenores se olvidaron de nosotras y de la infancia que anda al borde de la pobreza.

¿Qué es el olvido?: “La lucha contra la tiranía es la lucha del hombre contra el olvido”, asegura Milan Kundera,  y unos versos de Pepe Viyuela dicen: “El olvido es no ser/ no haber sido”. Todos se olvidaron de principios inalienables, todos se olvidaron de  quienes dieron su vida por un mundo más justo, lo que quiere decir más humano. Todos se olvidaron de quienes esperan memoria y reparación a la vez que quieren recuperan los restos de sus familiares que aún esperan en las fosas comunes.

El “sorpasso”, ese objeto de deseo que puso en boga Julio Anguita, ha fracasado. Los méritos de Pablo Iglesias al frente de Podemos son indudables, puede que sin él no existiría el partido. Para perder un millón de votos antes hay que ganarlos y él y su partido lo logró. Pero Pablo Iglesias fue girado de la radicalidad a la moderación, del puño en alto al desprecio a las mochilas históricas y a IU. Al final del recorrido quedaron las sonrisas, los besos, los corazones pintados en colores, pero con bajo tono en el latir de un pueblo que ve en Podemos un remedo del PSOE. Y para votar a la copia muchos prefirieron quedarse con el original.

El tenor del Cambio bailó con el Centrismo amable de Adolfo Suarez; el Presidente que emergió del franquismo para ilusionar al pueblo: “Libertad sin ira”, cantaba el grupo “Jarcha” para amenizar la transición. Abrazó el centrismo, pero dejó huérfano al voto de izquierdas, aquel que no quiere olvidar un pasado repleto de lucha por la dignidad, donde las lacras de la judicatura heredada del franquismo pudiesen dar paso a una nueva sociedad más justa. El traje multiusos de Pablo Iglesias no funcionó. Los discursos complacientes con la moderación defraudaron a parte de sus votantes situados más a la  izquierda.

Hubo muchos olvidos, pero Podemos no se olvidó de la OTAN y colocó de cabeza de lista en Almería a, Julio Rodríguez, el ex jefe del Estado Mayor del Ejército durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero; qué gran fichaje, debieron pensar mientras se relamían de gusto y éxito. Pero la realidad va por otro lado. En las provincias donde IU era más fuerte en votos, la caída de Unidos Podemos ha sido más pronunciada, porque no olvidaron que IU surgió de la gran oposición a la OTAN. El pacto arrancó con muchas cuentas pendientes entre ambos, y el ex jefe del Estado Mayor puso la guinda a dicho desafecto.

¿Y qué pasó al otro lado del campo? Pablo Iglesias hablo de "la cal viva" para recordar a Sánchez el pasado del Partido Socialista. Después le ofreció el puesto de Vicepresidente, en ese soñado sorpasso y, algo más tarde, su apoyo a la Presidencia de gobierno. Finalmente, anunció que era socialdemócrata y elogió a Rodríguez Zapatero, asegurando que había sido el mejor Presidente de gobierno que había tenido España. Iglesias se olvidó que durante el gobierno Zapatero se cambió el artículo 135 de la Constitución, el que da preferencia al pago de la deuda a costa de grandes recortes sociales, y que él mismo Iglesias denunció en repetidas ocasiones.

Al final, la palabra “amor” inundó los concurridos graderíos, pero faltó solidez en el discurso. Pablo Iglesias emitió un discurso ambivalente y de flojo contenido ideológico. Podemos creció porque el movimientos del 15M esperaba canalizar sus esperanzas sobre un movimiento alejado de los partidos tradicionales, desgastados por las contradicciones, las promesas incumplidas y la corrupción. El  movimiento repudiaba los  liderazgos personales defendiendo la participación horizontal; presumía de ser un partido anti-casta y anti-tradicional, pero se ha consolidado como un partido más. Mientras tanto, Mariano Rajoy contemplaba tranquilo, en su palacio, el desgaste de sus oponentes políticos.

El sorpasso que no pudo ser y los olvidos