Protesta en Madrid por la condena contra La Manada.
Protesta en Madrid por la condena contra La Manada.

No existe duda de que en la actual judicatura está arraigada la cultura patriarcal y, por tanto, dicho pensamiento domina la injusticia que padecemos las mujeres

La milenaria cultura patriarcal contempla a la mujer solo para dar servicio al hombre, la considera como un objeto de su pertenencia que debe usar como mejor le parezca; incluso matarla si ésta llega a rebelarse de la situación de género que el patriarcado le ha asignado. El Patriarcado da al hombre la centralidad en el mundo (androcentrismo) y el machismo es la consecuencia directa de dicha cultural. Las religiones monoteístas fueron y siguen siendo el principal baluarte del Patriarcado y. más tarde, algunos filósofos y científicos acunaron dicha cultura, convirtiéndose así en cómplices de la milenaria ideología que padecemos. Para Aristóteles la mujer era un hombre imperfecto, una vasija donde depositar el fluido activo de la vida y las religiones hicieron de la maternidad el principal objetivo que las mujeres debían cumplir en la sociedad. Madres o monjas al servicio de hombres o dioses, aunque para paliar la fogosidad de la que muchos hombres no podían desprenderse, estaban las “otras”.

Por otra parte, el Sadismo obtiene el placer ejerciendo acciones de dominación sobre la víctima elegida. Y en el ámbito de la sexualidad provoca su propia excitación humillando a la otra persona, sintiendo que puede hacer con ella cuanto quiera. Se siente dueño y señor de la acción y hace alarde de ello con cuantos medios tiene a su alcance.

En la agresión a la víctima, la manada ejerció el patriarcado en su máxima expresión haciendo de la mujer un objeto sexual a su servicio, realizando a la vez acciones sádicas ya que primero se excitaron y sintieron placer ejerciendo dominio sobre la víctima. La llevaron a un portal, la acorralaron y con dicha actitud debilitaron la psique de la mujer para humillarla, y después colmaron sus ansias sexuales disfrutando con dicha agresión grupal. Los cinco machos querían demostrar su virilidad sometiendo a la mujer a sus caprichos, vía oral, anal y vaginal. Y para recrearse con la brutal acción cometida grabaron las escenas, vanagloriándose en las redes de la “hazaña” realizada. Pero ahí no acabó todo; después de dar satisfacción a sus deseos robaron el móvil de la víctima para dejarla desarmada e impedir que pudiera reclamar ayuda; eso es puro sadismo.

La judicatura patriarcal que padecemos hace el resto.

Dice la sentencia que la mujer no mostró resistencia. ¿Es ello tan extraño? ¿Acaso no hubiese obrado así cualquier persona si se hubiese visto en una situación semejante? ¿No pensaron los sesudos jueces que la mujer estaba atemoriza por la situación? ¿Acaso no saben que muchas mujeres que se resistieron están muertas?

La justicia es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse cualquier sociedad y el Estado, si éste es democrático.

Pues bien ¿Qué respeto tuvieron los cinco machos hacia la mujer? ¿Qué pensaron los jueces de la acción cometida por la manada contra la víctima de 18 años? ¿Cómo debe valorarse una agresión cometida en grupo por hombres mayores de edad, reincidentes algunos de ellos, contra una mujer? ¿Qué libertad tuvo la mujer para deshacerse de la manada que la rodearon para perpetrar la múltiple violación? Y por último, ¿con qué equidad trataron a la víctima los jueces? Si hablamos de justicia, ciertas premisas deben ser tenidas en cuenta, pero los jueces que han dictado la sentencia no las tuvieron. Tanto meses para deliberar, tanto tiempo para llegar a ese pernicioso veredicto; un veredicto que, como tantos otros, da alas a futuras agresiones sexuales y a las diversas violencias que sobre la mujer se ejerce, llegando en el caso más extremo al asesinato.

No existe duda de que en la actual judicatura está arraigada la cultura patriarcal y, por tanto, dicho pensamiento domina la injusticia que padecemos las mujeres. Urgen leyes justas, pero urge también una judicatura que esté a la altura de dichas leyes y no impregnada de valores androcéntricos. Las mujeres no podemos esperar JUSTICIA hasta que en ésta no se introduzcan valores feministas; esto quiere decir hasta que no nos dotemos de un nuevo paradigma político, social y cultural que erradique la discriminación y la cosificación de la mujer en todos los ámbitos. La pornografía y la publicidad son inductores de una “pretendida libertad”, donde la mujer lleva la peor parte, donde a ésta se la cosifica y al hombre se le permite mostrar su poderío sobre la mujer. Son las libertades represivas de las que hablaba Helbert Marcuse.