lunes 18/10/21

Las grandes cacerías

El Fondo Monetario Internacional ha declarado que las pagas por jubilación se prolongan demasiados años. Esas declaraciones, unidas a los consejos, (mejor llamarlo exigencias) a privatizar el sector público, no dejan lugar a dudas sobre sus siniestras intenciones.

El Fondo Monetario Internacional ha declarado que las pagas por jubilación se prolongan demasiados años. Esas declaraciones, unidas a los consejos, (mejor llamarlo exigencias) a privatizar el sector público, no dejan lugar a dudas sobre sus siniestras intenciones. Al sistema le fue y sigue siendo necesario un ejército de parados para contener los salarios, pero ahora, con unos índices de paro tan elevados y con un significativo avance de la tecnología, les sobramos algunos millones de asalariados y de pensionistas. No, no estoy exagerando; y a las pruebas me remito: la prolongación en la edad de jubilación, la congelación de pensiones, el medicamentazo, la premeditada y paulatina venta de la Sanidad Pública.

¡Es la crisis! Repiten que no hay dinero, pero ¿quiénes lo han derrochado?; ¿los 10 millones de personas que están por debajo del umbral de la pobreza en España, los 4 millones de jubilados que cobran menos de 600 euros al mes, los que trabajan por un salario mínimo, los parados de larga duración, los trabajadores autónomos que pagan el IVA antes de que las administraciones se lo pague, al funcionariado público que se les ha rebajado el salario en los últimos años?

Veamos:

Al sistema financiero español, los diferentes gobiernos les han inyectado, hasta el momento, cerca de 200.000 millones de euros para sanearlos.

El Banco Central Europeo les ha prestado al ingentes cantidades de dinero al 1%, para que ellos, a su vez, se lo presten a los gobiernos al 4%, 5%, 6%, según sea la prima de riesgo de cada país (la de España está por las nubes).

Tanto desafuero y especulación, primero inmobiliaria, después financiera, ha propiciado esta desastrosa situación. El anterior gobierno y el actual se descapitalizan y sacan bonos de deuda pública para conseguir dinero, y bancos y particulares con solvencia económica los compran. Bonito negocio para los bancos y las grandes fortunas; la gran deuda privada pasa a convertirse en deuda pública. De seguir por ese camino, el dinero recaudado por la administración, fundamentalmente de los trabajadores y trabajadoras, sólo servirá para pagar los intereses de la deuda pública.

Ya no hay dinero. ¡Y a desamortizar toca!

Sanidad, educación, transporte, agua, y cuanto se ponga a mano; ahí está Capio, Sacyr, Ribera Salud, (alguna de ellas operan con capital de riesgo), las megaempresas que lo mismo gestionan escuelas infantiles y hospitales, que construyen carreteras y edificios de toda índole, o aeropuertos… y las fundaciones educativas bajo el paraguas de los poderes financieros. Todo vale para convertir los derechos de la ciudadanía en un gran negocio. Las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal se quedan cortas; éstas se hicieron para tapar la deuda causada por las guerras carlistas del siglo XIX, y la desamortización actual se hace para sufragar la gran guerra especulativa, una guerra que pretende llevarnos hacia el abismo. Y los causantes del tal desafuero campean a sus anchas, mientras que al pueblo se le encoge el estómago cada vez que se habla de “reformas”.

¿Y las pensiones?; ese sabroso manjar quieren controlarlo los bancos. Un dato; los fondos de pensiones suponen el 27% del producto interior bruto mundial, con esos fondos juegan y ganan grandes cantidades de dinero. El 80% de las empresas del Ibex 35 tienen filiares en paraísos fiscales. No es que no haya dinero, es que vuela libremente hacia otros lares para que los poderes económicos hagan y deshagan con él cuantas tropelías quieran. El poder económico se ha hecho con las riendas del poder mientras la política languidece, o se hace cómplice del poder económico.

Estamos en plena cacería; una cacería humana orquestada en los garitos de las jerarquías económicas. Un fantasma recorre Europa bajo la mentira para hacerse con el patrimonio de la ciudadanía y para enviar a la miseria, cuando no a la muerte, a millones de personas. Para ellos no somos más que una pieza a batir, algo desechable.

El gobierno demuestra su “gran autoridad” siendo fuerte con los débiles y muy dóciles con los poderosos; ahí está la amnistía fiscal anunciada para los grandes defraudadores. Por si esto no fuera suficiente, los expertos estiman en cerca de 90.000 millones de euros anuales el fraude al erario público, y de ellos, el 75% es de la gran empresa. Y qué de decir de las SICAV, corporaciones de inversión que aportan a la Hacienda Pública el 1,5 de sus ganancias. ¿En qué país vivimos? Gobiernan a base de despropósitos.

En un Estado que se precie, la economía debe estar para dar servicio a la ciudadanía. Pero estamos ante la antítesis de dicha premisa; es una cuestión ética y de gobernanza elemental. La economía forma parte de la filosofía, de la vida en comunidad, la economía debe estar al servicio de la humanidad, y no la humanidad al servicio de la economía. Pretenden llevarnos en dirección contraria, pretenden aturdirnos con palabras vacías de contenido, con promesas que horas más tarde se contradicen con los hechos.

¿Quieren recortar?; pues recorten los altos sueldos del que gozan algunos estamentos, los múltiples privilegios, ciertos Directivos y allegado, las Diputaciones Provinciales, (ya que tenemos autonomías) Ciertas fundaciones…, el Senado, tanto Consejero que no aconseja, o aconseja muy mal, tanto Lobby de influencias, tantos puestos a dedo, tanto coche oficial, tantos asesores, tantos privilegios, tanto gasto militar, sobre todo las partidas que van camufladas en otros ministerios, las subvenciones a troche y moche

¿Y quién se atreve con los paraísos fiscales? Pero eso, dirán, que es otro cantar.

Qué poco les duele poner el salario y la pensión mínima, esas migajas que apenas dan para vivir dignamente; ¿por qué no fijan un tope a los supermillonarios salarios, o aprenden de políticos, como Anguita, renunciando a la jubilación parlamentaria? Existen tantos caminos que recortar, además de cortar las alas a los defraudadores. El verdadero problema es que no existe voluntad política de gobernar para la ciudadanía. Y cuando esta voluntad falta se produce situaciones como la que estamos viviendo.

Un fantasma recorre Europa, un fantasma que creíamos derrotado. Alemania, cual espectro del pasado, marca las pautas a seguir. Y casi todos los políticos obedecen. Pero el pueblo resiste, se indigna y dice ¡no! a tanta injusticia y mentira.

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