domingo. 21.04.2024

La invasión de Irak diez años después

Hace diez años el gobierno de Estados Unidos, con ayuda del gobierno  Inglés y español, invadió Irak; invasión que fue precedida de una campaña demoledora de mentiras...

Hace diez años el gobierno de Estados Unidos, con ayuda del gobierno  Inglés y español, invadió Irak; invasión que fue precedida de una campaña demoledora de mentiras. El argumento que dio el gobierno de George W Bush para lanzarse contra el país, fue que Saddam tenía un temible arsenal químico y biológico y un número considerable de misiles; ese arsenal convertía a Irak en una amenaza para el mundo, y sobre todo para Israel. La propaganda oficial estadounidense ligó el régimen de Saddam con Al Qaeda, la red terrorista que en septiembre de 2001 Estados Unidos sufrió un brutal ataque, en el que perdieron la vida más de 3000 personas. Argumento que se demostró falso.

Tras ello, los autores intelectuales de la invasión de Irak esperaban la instalación de un gobierno acorde con sus intereses y el control de la producción de petrolera. Tras la conquista, las tropas de Estados Unidos, copiando el estilo del Imperio Romano, saldrían en desfiles recibiendo el agradecimiento del pueblo liberado del dictador, y retornarían a casa para recibir los merecidos honores. Pero desmantelado el régimen que por décadas mantuvo bajo control a diversas facciones, Irak se sumió en un conflicto de sectas religiosas y de yihadistas. Por otro lado, el pueblo comprobó  cómo el país se sumía en un caos de destrucción, de muerte y de escasez de los más elementales productos.

De nada sirvieron las protestas de los pueblos contra la invasión de Irak, incluida la del pueblo estadounidense. Las manifestaciones ocuparon las calles para mostrar su rechazo ante las pretensiones del Trío de las Azores, que a fecha de hoy ha dejado Irak destruido y a su población hundida en la miseria más absoluta. Con más de un millón de desplazados al exterior, el paro se acerca al 60% y los servicios de primera necesidad son un bien escaso. Y ante esta situación, Donald Rumsfeld, ex Secretario de Defensa de EE.UU., declaró no hace mucho que no siente ningún remordimiento por haber iniciado la guerra en Irak.

La historia nos dice que las superpotencias siempre buscan pretextos para justificar sus invasiones militares o sus injerencias políticas para hacerse con los recursos de otros países: petróleo, gas, agua y ahora Mali por sus reservas de oro y uranio.

Un análisis del Instituto Watson para Estudios Internacionales, en la Universidad Brown (Rhode Island), llegó a la conclusión de que la invasión de Irak costó 1,7 billones de dólares, y que sumados al dinero que ha costado la asistencia médica y psicológica de los soldados afectados, las jubilaciones y las compensaciones, (aproximadamente 490.000 millones de dólares), ofrece un desastroso balance económico de la invasión para Estados Unidos. Dicho estudio pronostica que a lo largo de las próximas cuatro décadas la cifra subirá a 6 billones de dólares.

El impacto económico es enorme porque  la guerra de Afganistán, iniciada en octubre de 2001 como respuesta a los ataques de Al Qaeda- y la posterior invasión de Irak, se realizó bajo el retorno de EE.UU. a la ortodoxia conservadora del presidente Bush; ortodoxia que consideraba la reducciones de impuestos como unos de los ejes centrales de su política. Y a menor recaudación la única salida para financiar guerras es el endeudamiento. Cuando Bush llegó a la Casa Blanca, en enero de 2001, el gobierno tenía superávit fiscal en tres años consecutivos. Y cuando dejó el gobierno, en enero de 2009, el déficit y la deuda habían crecido a niveles sin precedentes.

Y es que no es sólo el coste que supone una invasión; hay que contar con los problemas que conlleva controlar el territorio y a los habitantes rebeldes. La fuerza invasora no cuenta con el equipo necesario para la vigilancia policial, el patrullaje de las calles y los focos rebeldes. Durante la preparación de la invasión, el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, general Eric Shinseki, calculó unos 300 mil soldados para controlar Irak, pero  Rumsfeld insistió en que con 120 mil serán suficientes. Cuando la realidad dio la razón al general Shiseki, el Pentágono recurrió a los "contratistas privados"; ellos proporcionaron todo tipo de servicios, desde la atención en las cantinas militares al mantenimiento de sistemas de computadoras, la protección de funcionarios civiles y de oficinas empresariales; todo ello a un costo mayor que el de los soldados regulares. En 2008, Estados Unidos mantenía en Irak 152.300 soldados y el Pentágono empleaba 155.800 contratistas privados. La invasión de Irak no sólo ha dejado a un país destruido y a una población sumida en la miseria, en las enfermedades y las malformaciones genéticas, sino que ha dejado a Estados Unidos sumamente endeudado bajo el dogma privatizador.

El diario The Los Angeles Times calculó que con los 6 billones de dólares del costo de la guerra en Irak se podría financiar la cobertura de asistencia médica para ancianos (Medicare) por una década, el programa de subsidios médicos para los pobres (Medicaid) por dos décadas, y la Agencia de Protección Ambiental por más de 600 años. Por su parte, el inspector general para la reconstrucción de Irak, Stuart Bowen, informó en junio de 2011 que 6.600 millones de dólares asignados a la tarea de reconstrucción del país invadido se habían perdido. "Éste ha sido el robo más grande de fondos públicos en la historia del país", dijo.

Otro aspecto  a destacar son  los soldados estadounidenses muertos, los mutilados y los enfermos metales que la invasión de Irak ha generado. Desde que comenzó la “guerra contra el terrorismo internacional. La espiral diabólica que se puso en marcha arrasó vidas y causó tantas desdichas, que la huella quedará marcada durante mucho tiempo. En este sentido, la carta que el ex soldado del Ejército, Thomas Young, de 33 años, escribió al ex presidente George W Bush y al ex vicepresidente Dick Cheney, muestra una de las caras más amargas de la invasión a Irak.  El soldado fue herido en 2004, cinco días después de llegar a Irak. Como resultado de las heridas Young quedó paralizado, y actualmente está desahuciado en una residencia médica en Kansas City, Missouri.

La carta:

"Les escribo esta carta, mi última carta, a ustedes señor Bush y señor Cheney. Les escribo no porque crea que ustedes comprendan las terribles consecuencias humanas y morales de sus mentiras, su manipulación y su ansia de riqueza y poder. Les escribo porque, antes de mi muerte, quiero dejar en claro que yo y cientos de miles de mis camaradas ex combatientes, junto con millones de mis compatriotas, junto con cientos de millones más en Irak y Oriente Medio, sabemos con plenitud quiénes son ustedes y lo que han hecho. Ustedes pueden evadir la justicia pero a nuestros ojos cada uno de ustedes es culpable de graves crímenes de guerra, de saqueo y finalmente de homicidio, incluidas las muertes de jóvenes estadounidenses, mis camaradas ex combatientes, cuyo futuro ustedes robaron.

Me uní al Ejército dos días después de los ataques de setiembre de 2001. Me uní al Ejército porque nuestro país había sido atacado. Quería combatir a quienes habían matado a 3 mil compatriotas. No me uní al Ejército para ir a Irak, un país que nada tuvo que ver con los ataques de setiembre de 2001 y no era una amenaza para sus vecinos y, mucho menos, para Estados Unidos. No me uní al Ejército para 'liberar' a Irak o para destruir las míticas instalaciones de armamento de destrucción masiva, o para implantar lo que ustedes, de manera cínica, llaman 'democracia'.

No les escribiría esta carta si hubiese sido herido combatiendo en Afganistán contra las fuerzas que nos atacaron en setiembre de 2001. Si me hubieran herido allá, igual estaría sufriendo por mi deterioro físico y muerte inminente, pero al menos tendría el consuelo de saber que mis heridas fueron consecuencia de mi propia decisión de defender el país que amo. No tendría que yacer en mi cama, con el cuerpo saturado de analgésicos mientras se me escapa la vida, sabiendo que cientos de miles de seres humanos, incluidos niños, fueron sacrificados por poco más que la avaricia de las compañías petroleras y vuestra alianza con los jeques petroleros de Arabia Saudí y vuestras locas visiones de imperio".

La invasión de Irak diez años después