sábado 04.04.2020

A grandes males grandes remedios

“A grandes males grandes remedios”, es un refrán muy popular que suele utilizarse con frecuencia. Y en estos momento, donde el “coronavirus” y otros virus endémicos nos invaden, nada mejor que poner en práctica el dicho popular.

El Presidente de Gobierno ha lanzado una batería de propuestas sociales y económicas dirigidas a poner remedio a las consecuencias que se darán, tras el parón de actividades que la cuarentana impone. El gobierno ha ido recogiendo aportaciones de aquí y acullá, porque la convulsión es tanta que algunos remedios pueden escapase, suponemos que sin mala intención. Así que entre unas y otros ponemos la masa gris del cerebro en marcha para paliar la crisis que vendrá después que el virus nos abandone. Y ante la suspensión de gran parte de la actividad productiva, sobre todo la turística, que es la madre de nuestra industria, (que es la que nos tocó en el reparto europeo) nada mejor que suspender ciertos pagos de obligado cumplimiento, como son; luz, alquileres onerosos, hipotecas, impuestos  y otros asuntos que todos los meses agobian a propios y extraños. Y pregunto:

¿Alguien pensó en no pagar la deuda que nos oprime?

Recuerdo que antes de subir al cielo, el ahora Vicepresidente Iglesias prometió una auditaría de la deuda, por aquello de que gran parte de la privada se asumió como pública, cargando sobre las espaldas de la clase trabajadora “la parte contratante de la primera parte”; la frase es atribuida a Graucho Marx. Y los préstamos de la Banca y de las extinguidas Cajas de Ahorros se dieron a quienes pensaron en su propio beneficio. Y el cuento de La lechera se puso en marcha con gran fervor, plantando casitas, aeropuertos y proyectos de todo tipo, como si fuesen setas; plantaciones que dieron mucho en comisiones y puertas giratorias. Pero el cántaro de la lechera se rompió y los préstamos sin pagar dejaron a los prestamistas con la boca y los bolsillos abiertos para pedir dinero al complaciente Gobierno de turno; y el dinero público sirvió para sustituir al dinero que había traspasando fronteras para instalarse en paraísos fiscales. Las casas plantadas-deshabitadas, los grandes proyectos sin apenas rendimiento, y al paro la mano de obra sobrante. A la banca se la rescató, sobre las espaldas de las clases populares cayeron los ladrillos; hay dos versiones en el caudal que se puso en sus arcas: 60.000 millones para algunos, 100.000 para otros. Les aseguro que yo no eché la cuenta.

Llegado a este punto, y sabiendo que “cada día” debemos pagar, solo en intereses de la deuda, 90 millones de euros, ¿los asesores del  gobierno, o el propio gobierno, se han planteado dejar de pagarlos y ponerlos al servicio de la comunidad? Claro está que para que dicho acto sea posible debe derogarse, o modificarse el artículo 135 de nuestra Constitución, que ya fue modificado en 2011, en cuyo texto estableció el concepto del concepto de estabilidad presupuestaria, dando al pago de la deuda pública prioridad frente a cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales. La Constitución, incumplida hasta el momento en muchos apartados sociales, quedó sellada por acuerdo de los dos partidos mayoritarios, de la noche a la mañana, como si fuese uno de los diez “sagrados mandamientos”; no es casualidad que el Consenso de Washington también estableciera “diez recomendaciones”, entre las que privatizar servicios públicos y la deuda eran la columnas fundamentales de la nueva política “desregulacionista”, del estado del bienestar instalado en Europa, después de la 2ª guerra mundial.

Bruselas manda, ¿seguirá mandando después de la gran epidemia?        

Vendrían muy bien los millones que se pagan por los intereses de la deuda y los que se destinaron al rescate de la banca, para calmar la penuria que ya aflora, y la que se ve venir. Ánimo que solo hace falta cambiar el artículo que antes se cambió, así salimos adelante con más recursos. Pues llegó el momento, que ya vamos tarde.

Pero, ojo, debemos seguir en aislamiento para que se vaya, con viento fresco, el coronavirus , y otros virus que le acompañan, para poder salir a disfrutar de la vida al aire libre, del teatro y otros bienes culturales.

A grandes males grandes remedios