miércoles 25/11/20

El Plan Marta

Mujeres que emigraron a Australia durante el Franquismo

De un acuerdo migratorio entre los gobiernos de Australia y España, estimulado por la Iglesia Católica, nació El Plan Marta, el cual consistía en enviar mujeres españolas como trabajadoras domésticas a Australia. Las condiciones indispensables para viajar a dicho  país, bajo el Plan Marta incluían ser joven, católica y soltera, sin embargo, algunas mujeres eran madres solteras: estas tuvieron que dejar sus hijos en orfanatos o con su familia hasta su regreso. Al avión enviado a tierra australiana se le llamó, “El avión de las novias españolas”.

Se dijo que las jóvenes pretendían una vida mejor que la ofrecida por el régimen Franco, pero ellas desconocían que existía otra intención oculta: casarlas con sus compatriotas que emigraron a Australia en 1958, bajo el Plan Canguro. Los hombres emigrados llegaban a Australia con contrato de dos años, y “si se iban antes tenían que reembolsar el viaje”, explicó a Efe Carmen Castelo, autora del libro "La experiencia española", y miembro de la australiana Fundación de Patrimonio Español; "casi todos se quedaron a pesar de que era muy difícil", concluyó. Dos años más tarde, en la primavera de 1960, 92 mujeres españolas y griegas subieron en un avión empujadas por las condiciones de vida de la postguerra franquista.

Miedos, llantos y rezos se dejaron sentir durante la travesía. Las “Martas” llegaban con un contrato para trabajar como empleadas domésticas, durante dos años. Se les había hablado de un país maravilloso con mucho futuro, en él iban a ganar mucho más de lo que cobraban en sus míseros empleos españoles. Lo que ignoraban es que la intención era casarlas con sus compatriotas para formar familias y poblar las tierras australianas. La emigración fue el resorte del Franquismo para mitigar el gran desempleo que azotaba a España.

Para Australia, tierra semi-despoblada, la política que llevaron los gobiernos de mediados de siglo 20 se resumía en el lema: “poblar o morir”. Un artículo publicado en la época cuenta que el Ministro de Inmigración, Alexander Downes, les dio la bienvenida a las mujeres del Plan Marta en una ceremonia “con cantos y bailes” realizados por unos cien inmigrantes griegos y españoles que, según la administración australiana, habían recorrido unos 1.600 kilómetros para recibirlas. Australia se industrializaba bajo el segundo gobierno del Primer Ministro liberal, Robert Menzies, quien promovió una política de migración asistida para poblar al país con jornaleros extranjeros.

Para Mari Paz Moreno, una de las primeras mujeres que viajaba en el avión de las novias, el recibimiento oficial no fue tan maravillo como se dijo: ella sintió que las trataron “como ovejitas”. Las primeras mujeres aterrizaron en Melbourne el viernes 11 de marzo de 1960, y fueron divididas entre las familias a las que iban a servir y las misiones católicas a las que habían sido asignadas.

 “Ellas no sabían que al avión se llamaba el avión de las novias”, explica la investigadora y académica española-australiana, Natalia Ortiz, al referirse al Plan Marta. Australia ya contaba con un número importante de inmigrantes europeos, en su mayoría hombres. A la Operación Canguro, de 1958, le siguió la operación “Eucalipto”, en 1959 y “Emu”, en 1960. En total, hasta 1964 se desplazaron a Australia 7.816 emigrantes de nuestro país. A los emigrados les instalaron en zonas muy retiradas, trabajando de sol a sol cortando caña y viviendo en campamentos sin familia. Así pues, la llegada de mujeres suponía para los hombres la posibilidad de establecer una relación con ellas y, si prosperaba, poder formar una familia. Por parte de algunas las mujeres, las condiciones en las que vivieron les empujaban a contar con alguien que les hiciera sentir que no estaban solas: muchas aceptaron el matrimonio como la opción menos mala. Fueron aproximadamente 400 las mujeres que llegaron a Australia bajo el Plan Marta, mujeres que apenas habían salido de su terruño; la mayoría ni siquiera habían escuchado hablar del país donde iban.

Natalia Ortiz entrevistó a decenas de Martas y a sus familiares y fruto de ese conocimiento pudo explicar que muchas de ellas sufrieron un gran impacto emocional desde el mismo momento de partida

Muchas de ellas llevaban sobre sus espaldas años de trabajo, como empleadas de hogar en España. Tal era la sujeción de las mujeres en el Franquismo, que algunas tuvieron que pedir permiso al señor de la casa donde trabajaban, al cura y a los padres para poder emigrar. Tras los parabienes que les contaron, muchas de las mujeres soñaban con trabajar duro para independizarse y poder ahorrar para regresar a España y comenzar de nuevo. “Se sacaba en una semana lo que se ganaba en el país de origen en un mes”, relata Mari Paz Moreno, que trabajaba como correctora en Europa Press en España antes de emigrar a Australia. Ella soñaba con aprender inglés y viajar a varios países; una aspiración que el Plan Marta le ofrecía. Los promotores del Plan les dijeron que podían aprender inglés con facilidad y, con el tiempo, mudarse a otro trabajo si ese era su deseo, pero la realidad fue muy distinta.

Desolación y tristeza. Las calles desérticas, sin luces, no eran propicias para pasear, no había lugares donde ir, ni podían conversar con personas de su mismo idioma y costumbres: dichas circunstancias nutrían la nostalgia y la depresión que sufrieron algunas de ellas. Por otro lado, las relaciones de las mujeres con sus jefes eran muy difíciles, lo que motivó quejas y abandonos del trabajo asignado. Según relata Natalia Ortiz, las autoridades decidieron limar las asperezas con la entrega del “Manual de la Servidora Doméstica”. El texto contenía indicaciones de cómo eran los horarios de los hogares, de cómo dirigirse adecuadamente a los patronos. Pero debido al choque cultural, el “Manual” tuvo que modificarse varias veces para ajustarlo a necesidades que iban surgiendo. Ortiz explica que el trato a los hombres que llegaban bajo el Plan Canguro o Emu era muy distinto del que recibieron las mujeres: a los hombres se les entregaba el “Manual del Inmigrante”, que contenía información más profunda y abundante.

Las mujeres vivían sometidas a sus familias de acogida, en unas ciudades muy diferentes de las españolas. Desarraigadas, las mujeres sintieron la soledad y el aislamiento; se sintieron diferentes en todos los aspectos. Su vida se reducía al trabajo duro en una casa extraña, donde la xenofobia se dejaba notar en todo momento. Solo llamaban a sus casas de origen en caso de emergencia, ya que eran muy costosas las llamadas internacionales y qué decir de un viaje a España.

Natalia Ortiz entrevisto a decenas de Martas y a sus familiares y fruto de ese conocimiento pudo explicar que muchas de ellas sufrieron un gran impacto emocional desde el mismo momento de partida. Y el dolor persistió en Australia: “se conocía como “el mal de Australia”, relata Ortiz. Otras Mujeres tuvieron que soportar sentimientos de culpa por haber dejado atrás a sus familias, además de la gran frustración que sufrieron al comprobar que nada era como les dijeron. En un país tan hostil para las mujeres, la misa dominical se convirtió en un espacio de encuentro. Algunas mujeres repetían sesiones solo para encontrarse con alguien afín. “Nos reuníamos en la catedral de Santa María del centro los domingos. Era el mejor día de nuestra vida en Australia”, recuerda Mari Paz. La comunidad italiana fue su salvación: muchas, como Mari Paz, se casaron con inmigrantes italianos”.

La labor de documentación ha sido un intenso y perseverante trabajo, ya que no existe la misma documentación sobre el Plan Marta, en comparación con los planes migratorios de los hombres. Aún así, Natalia Ortiz, fundadora del Spanish Film Festival de Australia, que se celebra anualmente durante el mes de mayo en las ciudades de Sidney, lo logró con el apoyo del Ministerio de Trabajo Migraciones y Seguridad Social de España.

Suele repetirse que el tiempo lo cura todo; puede que él borre la amargura que sufrieron las mujeres emigradas del Plan Marta. Algunas echaron raíces en Australia, tienen descendencia y una vida confortable. Otras regresaron a España. Hoy, Australia pone trabas a la inmigración y recibe otro perfil de españoles, muy lejos de aquellos planes concebidos entre el gobierno franquista y el australiano.

Foto: SBS

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