Foto: Revista Libero
Foto: Revista Libero

Buena parte de la ultraderecha española está integrada en el Partido Popular, aunque a dicho partido le guste definirse de centro-derecha; ya sabemos que el centro es el caladero donde casi todos los partidos quieren pescar votos

Las grandes corporaciones, las trasnacionales y los centros neurálgicos del poder especulativo se han hecho con el poder, generando con ello trágicas consecuencias. Convertir el dinero en el dios que todo lo puede es tan peligroso como abandonarnos en los brazos de dioses que nos prometen una vida feliz después de la muerte. Y es que la política despojada de los efectos sociales que esgrimieron los filósofos naturalistas, como Hume, o el materialista Karl Marx, se queda en tosca y engañosa charlatanería.

A cada proceso histórico y político le preceden unas circunstancias concretas y el pensamiento único que padecemos deja sus flancos dispuestos para que en ellos se alojen fuerzas de ultraderecha y otros experimentos de nuevo cuño. La sociedad, distraída con los juegos de pelota y otros variados espectáculos, no percibe que a la globalización económica le molesta las naciones, por tanto, promueve su fragmentación; división territorial que se inició a finales del siglo XX en el este de Europa. En dicha zona se dio el pistoletazo de salida para experimentar nuevas formas de romper obstáculos en el avance omnipotente del neoliberalismo. Y al poco le llegó el turno al corazón de Europa (Ucrania). Una “revolución de colores” inició el proceso y en el país continúa el combate, aunque apenas se habla de ello: en el año 2016 la violencia en Ucrania fue en aumento y en 2017 ha sido todavía más intensa y no hay visos de que la calma llegue al país porque el Departamento de Estado norteamericano sigue echando leña al fuego, asignando 500 millones de dólares para suministrar armas letales a Kiev para defenderse de Rusia. El jefe de República Popular de Donetsk (RPD), Alexandr Zajarchenko, advierte de una guerra a gran escala si EE.UU. sigue con el plan provocativo de suministrar armas a Ucrania para azuzar las tensiones en el país europeo.. En ese mismo sentido, el director de cine Oliver Stone está convencido de que la CIA "está detrás de todos los eventos importantes de la historia moderna", incluyendo el conflicto en Ucrania.

"EE.UU. necesita el miedo, necesita un enemigo, y no solo uno. Creo que el poder estadounidense se basa en los enemigos, porque traen dinero", añadió el cineasta.

Y si nos vamos al otro extremo de Europa, la derecha catalana independentista también está haciendo su trabajo, y no le falta apoyo de los partidos ultraderechistas europeos. Basta recordar las reuniones mantenidas entre Puigdemont y Francken, uno de los dirigentes del partido independentista flamenco N-VA (Alianza Neo-Flamenca) que forma coalición con el Gobierno belga. El N-VA apoya el movimiento secesionista catalán. Manuel Abramowicz, uno de los históricos estudiosos del neonazismo y la extrema derecha belga, mantiene que "en el seno del partido hay una corriente de extrema derecha que avanza de manera encubierta" (La Libre Bélgique, 23-9-2015). Francken es conocido por su dureza con los inmigrantes y ha sido acusado por la Red Europea contra el Racismo de ser una de las figuras que fomenta el discurso racista en Europa. Otro de los dirigentes del N-VA, el ministro de Interior Jan Jambon, ha  manifestado su "comprensión" con los belgas, de signo fascista, que colaboraron con el ocupante nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

No conviene despistarnos de lo que sucede en Austria. El antecedente lo puso el ultraderechista Haider, (ya fallecido) que propuso una federación de partidos europeos ultraderechistas, y colaboró con la Liga Norte italiana, la cual formaba parte del gobierno de Berlusconi. En 2016, Alexander Van der Bellen logró la presidencia de Austria en la segunda vuelta, en clara competición con el candidato de ultraderecha, Norbert Hofer, del Partido de la Libertad (FPÖ), que había ganado en la primera vuelta. Alexander Van der Bellen se impuso con el 50,3% de los votos frente a un 49,7% de Hofer y con tan solo 31.026 papeletas de diferencia.

Por otro lado, no hay que olvidar el fortalecimiento de Marie Lepen, actual líder de la ultraderecha francesa, sin obviar que el actual presidente francés, Macron, no se aleja mucho de las políticas neoliberales más duras. Queda claro que los partidos que más fieles se mantienen a su ideario son los derechistas y ultraderechistas, a ellos no les importa cumplir sus objetivos a sangre y fuego, deshaciéndose de las principales señas de identidad de la Revolución Francesa, “Liberté, Egalité, Fraternité”.

También sabemos que Europa hace tiempo que cedió el liderazgo Occidental a EE.UU y sigue cediéndolo. Nada que objetar si el liderazgo estadounidense fuese una guía del buen vivir para todos las personas que bajo su manto acoge, pero nada más lejos de la realidad. Y aunque intente disimularlo con palabras de neutralidad calculada, a EE.UU le interesa la fragmentación de Europa, contar con pequeños estados colaboradores que le permitan establecer el poder de sus intereses, para hacer del viejo continente un fácil pasillo hasta llegar al corazón de Euro-Asia, lugar estratégico para dominar el tablero mundial. Y en eso anda el juego de los intereses económicos; se juega con las vidas humanas como si fuesen un objeto de usar y tirar. Las grandes cumbres donde se analizan los graves problemas mundiales, suelen quedarse en mera retórica, o muy empequeñecidas por su incumplimiento.

Buena parte de la ultraderecha española está integrada en el Partido Popular, aunque a dicho partido le guste definirse de centro-derecha; ya sabemos que el centro es el caladero donde casi todos los partidos quieren pescar votos. Todo sea por mantenerse en el poder y servir a los poderes económicos que luego les agradecerán los servicios prestados. Existen partidos minúsculos de ultraderecha que afirman ser el legado histórico de los valores de la España Grande y Libre que el franquismo afianzó durante los años de dictadura, pero ahí está el Partido Popular, antigua Alianza Popular, dando subvenciones a la Fundación Francisco Franco. Un claro síntoma de fidelidad al dictador, si además Rajoy ha declarado recientemente:“He vivido muchos años al lado de la Escuela Naval de Marín, en la calle Salvador Moreno. Ahora no sé por qué le han quitado el nombre a la calle, yo la sigo llamando así”. Y se queda tan tranquilo. Rajoy no ha podido olvidar que el personaje que daba nombre a la calle participó en el golpe militar de 1936. Rajoy no ha podido olvidar que Salvador Moreno puso en marcha una sangrienta guerra que duró tres años, y tampoco ha podido olvidar que Salvador Moreno fue nombrado ministro de una dictadura criminal que duró 40 años, Así pues, Rajoy deja claro su respeto al franquismo. Después de una escalada impresionante de corrupción y de reducir los derechos de las clases populares al mínimo, el Partido Popular baja en intención de voto, pero sube “Ciudadanos”, que es un remedo del PP con claras intenciones de continuar las políticas de ajustes y desprotección a las capas populares e ir desmantelado los servicios públicos.

El posibilismo más elemental se ha pertrechado en la práctica de mayoría de los políticos, generando entre sus votantes frustración y resentimiento; sentimientos de los que se nutre la ultraderecha. Y la grave situación pilla a la izquierda desnortada, disminuida y fragmentada cuando debería estar atenta a cuanto acontece en Europa y en el mundo. Es necesario dar un giro radical a la política actual antes de que sea demasiado tarde. Pero esto solo será posible si hay un frente de izquierdas que no tenga miedo de llamar a las cosas por su nombre y de ponerlas en su sitio. Como decía Warren Buffett, hace algunos años: "Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando".