jueves. 18.04.2024

Basura radiactiva y otros despropósitos

Podemos pensar en términos relativos todas las incoherencias y despropósitos que se están cometiendo en nuestro entorno, quizá ello nos consuele, aunque no nos disculpa...

Podemos pensar en términos relativos todas las incoherencias y despropósitos que se están cometiendo en nuestro entorno, quizá ello nos consuele, aunque no nos disculpa de la pasividad con la que afrontamos las consecuencias de un sistema de vida que puede volverse en contra nuestra. Nuestra casa común, y la vida tal como la conocemos, puede terminar en una gran catástrofe si la humanidad, en su conjunto, no da un viraje importante al uso y abuso de las costumbres adquiridas en las últimas décadas de nuestra historia. Acostumbramos a pensar que el voto que cada cuatro años se deposita en una urna resuelve todos los graves problemas que padece la humanidad, pero no debemos olvidar que existen otras variables que no van adheridos a la papeleta. Siendo el voto un importante instrumento no lo es todo, ya que las líneas maestras de la economía están dirigidas desde otros centros de poder que escapan a los gobiernos elegidos en unos países, o impuestos en otros.

Las decisiones de Estado han dejando de ser el soporte de la organización política y social de nuestro mundo y la humanidad está degenerado en una nueva y peligrosa fase que pone el mundo conocido al borde del abismo. Cuando todavía no se han superado lacras de nuestra especie como las hambrunas, las enfermedades endémicas en multitud de países, llamados “del tercer mundo”, nuevos peligros nos acechan; riesgos que hasta hace poco parecían invisibles van mostrando su verdadera faz. Aunque los inminentes peligros son engendrados por una minoría, será toda la humanidad la que pague las consecuencias de las decisiones tomadas desde el Olimpo de los nuevos dioses; hombres y algunas mujeres atrapados por la erótica de poder, una erótica que no les permite pensar en las consecuencias de sus actos. Posiblemente, ni siquiera piensen que a ellos y ellas también pueden ahogarse en el tsunami de tanto despropósito.

Guerras y más guerras, invasiones y más invasiones, degradación y explotación del medio ambiente; el poder de unos sobre otros. Ya sabemos que la historia de la humanidad está llena de situaciones trágicas que ésta nos habla de la dominación de unos sobre otros. Es en este punto donde la reflexión se hace más necesaria para no banalizar ciertas situaciones que están sucediendo. Suele argumentarse que la vida siempre fue así, que el pez grande se como al chico, o frases similares, pero es muy peligro  relativizar ciertas situaciones o actitudes de las que nos podríamos arrepentir más pronto que tarde.

Actualmente se puede matar a mucha más gente en menor tiempo, contaminar extensas zonas geográfica en pocos minutos, causar destrucciones masivas en la infraestructuras de los pueblos, condenarlos a morir, poco a poco, de inanición o de lacras degenerativas, motivadas por contaminaciones de todo tipo. Actualmente, la cantidad de basura radiactiva que existe sobre la tierra es de tal calibre que ésta puede cambiar los parámetros con que nos movemos en la actualidad. Pensar que los creadores de tanto despropósito resolverán los problemas que ellos generan es, cuando menos, un larde de ingenuidad, ya que ellos niegan el daño causado al entorno que acoge la vida sobre la Tierra. Saben acaso ¿dónde piensan guardar tanto desecho? Estamos  seguros de que no puede desaparecer de nuestro planeta por arte de magia. El mar ha sido, durante años, un peligroso cementerio de basura, pero hasta los mayores defensores de dichos basureros saben que es muy peligroso seguir almacenando residuos en el fondo marino. Y saben que los residuos radiactivos gozan de una larga vida, a diferencia de la vida de las personas y de otras especies. Quizá por eso piensen, los que manejan los resortes del poder, que ellos no durarán el tiempo suficiente para contemplar y padecer los desórdenes naturales que se están engendrando; desbarajustes creados bajo las premisas del enriquecimiento rápido y de la perpetuación del bárbaro sistema imperante.

Durante los últimos cincuenta años del siglo XX, se han almacenado miles de toneladas de material radiactivo; desechos generados por todo tipo de armamento y por los residuos que generan las plantas de energía nuclear de uso civil. Basura mortífera que pende, cual espada de Damocles, sobre nuestras cabezas y las de generaciones venideras. Algunos ya han sopesado enviar la basura hacia el espacio y sólo el elevado coste de la operación les hará desistir de tal proyecto; puede que alguna mente calenturienta piense colonizar algún planeta para dicho menester, aunque aún no lo hayan dicho. ¿Caben en la tierra más desechos radiactivos? ¿Puede la especie humana permitirse el lujo de continuar ignorando dicho peligro?

Existen científicos no sujetos a las órdenes de los centros de poder, aunque pocos, pero aún así surge otra incógnita; ¿son capaces de desactivar los despropósitos que otros realizan? Sin lugar a dudas, ellos son esenciales para dar la voz de alarma, pero no pueden, por sí solos, enfrentarse a tan difícil reto; desafío que incumbe a toda la sociedad. Estamos inmersos en una sociedad completamente dual y contradictoria; una sociedad capaz de generar progresos extraordinarios en el campo de la ciencia y la medicina, pero sin voluntad para dar respuesta a lacras milenarias y frenar los abusos que en nombre de la “libertad” se vienen ejerciendo.

Los principales riesgos para la humanidad son: el cambio climático, la ya anunciada escasez de agua, los residuos radiactivos y el potencial armamentístico que acumulan diversos países. El armamento nuclear existente bastaría para acabar con nuestro planeta varías veces. Desde que comenzó la gran ofensiva contra Oriente Medio se han lanzado miles de toneladas de proyectiles de uranio empobrecido; material altamente nocivo que está generando cambios genéticos en muchas especies. El doctor Durakovic, experto en medicina nuclear que trabajó para el Departamento de Defensa de EE.UU. , al que se le encomendó un estudio sobre “el síndrome del Golfo” que afectaba a soldados estadounidenses, encontró altas cantidades de uranio empobrecido en los huesos de los soldados. El resultado de la investigación fue de tal calibre que se paralizó el proyecto. Durakovic siguió investigando por su cuenta y pudo constatar las terribles consecuencias del isótopo U 238 (denominación empleada para nombrar al uranio empobrecido).

A pesar de las alarmas vertidas por algunos científicos, no se dejan de fabricar tan mortíferas armas porque ahí están los intereses comerciales para impedirlo. ¿Estamos ante el principio del fin de la humanidad? Estamos ante el final de quienes comenzaron a plasmar el mundo percibido y el soñado sobre las paredes de las cuevas que habitaron. ¿Estamos ante la degeneración de la especie que se proclamó reina del universo? ¿Nos enfrentamos al nuevo reto de la adaptación de las especies ante el uranio radiactivo o sucumbiremos en el intento? Estos son algunos de los retos que debemos afrontar durante los próximos años. La devastadora incoherencia en la que se mueve el bárbaro sistema imperante muestra la cara más horrible de una humanidad que nada entre la confusión y la imprudencia; una temeridad generada por la ambición de una economía que no contempla a la humanidad más que a través de los beneficios que ésta pueda generarles.

Basura radiactiva y otros despropósitos