domingo 31.05.2020

La izquierda primaria

La realidad de la acción política es bastante más compleja y poliédrica que la realidad de la teoría política, tan estética, útil para seguir el rumbo, no perderlo...

La realidad de la acción política es bastante más compleja y poliédrica que la realidad de la teoría política, tan estética, útil para seguir el rumbo, no perderlo, mejor, pero a veces también tan pesada, como un lastre excesivo para aquella acción que culminará en el cambio social.    

Los tiempos políticos son frenéticos, los tiempos institucionales son convulsos, y los tiempos sociales son dramáticos, urgentes; en este contexto, las respuestas que se pongan sobre la mesa desde la izquierda política no deben obviar en ningún caso la exigencia de honestidad y radicalidad (profundidad), que la ciudadanía de hoy en día proclama: el cómo y el qué, ahora, se funden de manera indisociable.   

Algunos creemos que es tiempo de palabras sencillas y de gestos concretos; hablar claro y apostar sin complejos por fórmulas de encuentro con la izquierda social; de llegar un poco más lejos, un poco antes y un poco mejor, a establecer mecanismos o procesos realmente democráticos y en confluencia con la sociedad, para revertir desde abajo y todo lo horizontalmente que podamos, el nefasto camino del Gobierno del Estado.

Sobre el horizonte de las próximas elecciones europeas nuestra asunción, gesto, debe ser la elaboración colectiva y participada socialmente de un frente amplio popular de toda la izquierda, pero que entre en contacto con un espectro social más grueso, y que reconozca como nosotros la urgencia de cambiar de rumbo. Las europeas no son el único espacio, ni el más importante, pero sí uno de los primeros en los que se puede concretar esta apuesta.    

Los mensajes de ese nuevo frente amplio popular serían socialmente inequívocos y políticamente contundentes: la izquierda política ha aprendido la lección, los tiempos han cambiado y es necesario trascender la “vieja política cascarrabias” (Luis García Montero) y también hacer que cambien por lo tanto sus métodos, su forma de organizarse y de relacionarse con la sociedad.

El mensaje más ilusionante, que generaría enormes corrientes de simpatía y llamaría la atención de toda la sociedad de izquierdas y progresista, es éste: contamos con vosotros, vamos a cambiar este Estado antisocial y la relación de fuerzas en Europa, primero, y en España, después, y queremos que tú seas el centro de esta transformación, que tú decidas.

Para convertir ese mensaje en un relato común y compartido existen herramientas de sobra contrastadas y utilizadas de manera usual en otros contextos políticos: desde la elección de proyectos de obra de Nueva York o hasta las exitosas iniciativas de democracia en red de la plataforma Ahora Tú Decides en nuestro país; son numerosas las experiencias fiables de democracia participativa que se han puesto en marcha, que han convencido y sobre todo, que han servido, han sido útiles en los últimos años.      

Ni como político, ni como periodista, ni como ciudadano de izquierdas, se me ocurren  mensajes más apropiados para concitar mi interés, primero, mi participación, después, y mi compromiso, finalmente.

Con las cotas de abstención que auguran las encuestas y la difusa muerte del bipartidismo (iluso el que la proclame ya), no intentar al máximo una confluencia político-social profunda sería, además de falto de ambición, una histórica irresponsabilidad, tan histórica como lo es la oportunidad de que la izquierda gane unas elecciones (incluso simbólicamente las ganaría, sin ganarlas matemáticamente).

La gran pregunta es si la izquierda primaria en la que aún estamos instalados sabrá evolucionar hacia modelos actuales y más abiertos; acceder a un nuevo estadio y trascender los actuales espacios de creación y acción políticas. Por supuesto, sin perder sus (nuestras) ideas. 

La izquierda primaria