miércoles 20/10/21

Preguntando a Julio, (Anguita, claro)

Nunca me pareció fiero, aunque es cierto que siempre lo había visto de lejos.

Nunca me pareció fiero, aunque es cierto que siempre lo había visto de lejos. Y al decir de lejos me refiero a lejanía de cuerpo y alma porque doy por supuesto que los comunistas tienen alma, al menos los españoles y a los que conozco; y quien quiera que me contradiga, que es muy dueño o dueña, pero me lo demuestre con método científico basado en el materialismo dialéctico o seguiré en mis trece.

Mi conocimiento había sido a través de televisión y, aunque en ocasiones en primer plano,  no me es posible ahondar en una mirada que no nos mira, ni adivinar si un torcer de labios es rictus, sonrisa o mueca. Ni por supuesto es posible por este medio, aún, tener entre la tuya una mano que te permita conocer la calidez del apretón y si  es poseedora de corriente alterna o continua.

Pude conversar con Julio Anguita, a solas –casi- en medio de los suyos (o al menos a mí me parecieron todos suyos,  pero en esto háganme el mismo caso que sí les dijera que acabo de aterrizar en China y que todos los chinos son iguales)  en un Congreso. Como pueden leer, los acontecimientos de tiempos pretéritos me llevaban a los sitios más insospechados y en un orden absolutamente infrecuente: días antes de mi conocimiento de Julio  fui a un evento a la Cárcel de Carabanchel y después  a una reunión multitudinaria del Partido Comunista. Años antes, pocos,  hubiera sido exactamente al revés…

Julio,  de cerca, me pareció aún más indefenso; con una timidez de adolescente al que le ha crecido una barba entrecana que aún duda si convertirle en monje, guerrero, profeta, adelantado, visionario... o en Rey de bastos, con perdón. Y me sorprendió su camisa polo, donde cada botón estaba en su ojal; el pantalón más bien holgado y la pobreza evidente: no tenía ni teléfono móvil. Y su risa. Ríe con boca y ojos, enseñando un poquitín los dientes, tan poquito que algunos debieron pensar que no tenía, o confundían dientes con dentelladas...

Julio, qué días aquellos de congresos y pactos; de entendimientos y hablar…! ¿Dónde fueron los tiempos aquellos...que puede que no vuelvan?

A ti, y a los de entonces, pregunto: ¿Olvidasteis enseñar esos caminos a quienes venían detrás? ¿Cómo de aquellos califas estos reyezuelos…de su propio ombligo?

Ay, Julio, ay, cómo está nuestra Alhama.

Preguntando a Julio, (Anguita, claro)