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martes. 09.08.2022

Pinto, pinto…

Razones familiares y de otras índoles me han hecho transitar estos días diferentes barrios de Madrid.

Razones familiares y de otras índoles me han hecho transitar estos días diferentes barrios de Madrid. En todos ellos he hallado un común denominador: mierdas. No me refiero a suciedad que, en algunos, también, sino a excrementos orgánicos procedentes de seres diversos: perros, equinos, ovejas y otros inespecíficos. Además, y es a lo que voy, luciendo todos ellos, en su cima o así, otra característica igualitaria: huella(s) de pisada(s) humana(s).

Tras constatar que el hallazgo no era casual sino generalizado, pensé que si bien las cagarrutillas de oveja podían haber sido pisadas al descuido dado su tamaño e infrecuencia en la ciudad y sobre las cacas de canes quien más o quien menos ha puesto el pie a lo largo de la vida, lo que no me cabía en la cabeza es que los montículos de estiércol caballuno, que los ve un anciano de cansada vista y los detectan los sagaces invidentes, estuvieran hollados por pies humanos de tamaños diversos.

Y en estas reflexiones he estado sumido hasta que hoy, a las cinco y veintiocho de la mañana, me desperté diciendo: ¡claro, coño! Que es mi Eureka personal: -Las oleadas que se mueven por Madrid en los últimos días, e imagino que por el resto del país también, buscan con ahínco la suerte para los dos sorteos en ciernes: los de los días 20 y 22. Si unos pretende el gordo de navidad, otros la fortuna de gobernar y solucionarse la vida durante cuatro… o más años, que no es cuestión baladí y razón suficiente para ir pisando mierdas de toda índole.

Solucionado el enigma me dormí placenteramente hasta las siete, mi hora del café de inicio de jornada en la que aún perduraba mi pensamiento exitoso…Y como lo uno lleva a lo otro, y por pura lógica, me hallé concatenando lo de la mierda con la política: ¿A quién voto? ¿Otra rumiación en ciernes? Pero no. Tuve la respuesta antes de finalizar el moje de la galleta maría.

Como todos los partidos garantizan: estado de bienestar, incremento de la economía, rebaja de impuestos, mejoras en sanidad y educación, fin de la corrupción, salarios máximos, subida de las pensiones y otras promesas también de valor incuestionable, me dije, acudiré al colegio electoral plantándome ante el mostrador en que se exhiben las papeletas de todos los grupos en liza y comenzando, al azar, por uno de ellos iré señalando uno y otros al compás del pinto, pinto, gorgorito…hasta llegar al final diciendo ‘y esta papeleta que se esconda’, metiendo la afortunada en el sobre y depositándola en la urna.

Engullí el resto de galleta, apuré el café y al grito, mental, de ¡¡Jerónimo!! Fuíme a WC…

Pinto, pinto…