sábado. 02.03.2024

Mediar…¿o no?

Cuando ya crees que lo has visto todo, o casi todo, va don Eduardo y protagoniza un anuncio de pan de molde. 

Cuando ya crees que lo has visto todo, o casi todo, va don Eduardo y protagoniza un anuncio de pan de molde. Y la vida se relativiza y piensas que Einstein tenía razón, que el tiempo no existe y que la luz camina a velocidad superior a la del sonido y tiene peso, aunque leve, como el ser.

En esas andaba mi mente cuando un rugido estridente, salido de boca de varón, traspasó el espacio que nos separaba y me alcanzó: ‘-y para qué quiero yo esto sino tengo nada para meter en ella…’ graznaba a la vez que esgrimía una barra de pan como si fuera una escopeta del doce, apuntándola a otro ser. El semejante, o sea el interpelado, en rugido no menor en sonoridad, respondió: ‘-como vaya para allá te voy a decir lo que vas a meter y por dónde’.

Hay cosas de la vida que me incomodan, como es la falta de generosidad. Otras me repelen, la agresividad entre ellas. Y tiendo a atemperar situaciones en la que la violencia se presenta, interviniendo, mediando. En esta ocasión, conforme me aproximaba al de la barra de pan en esgrima, empecé a sopesarlo: rapado en cresta, fornido y en camiseta de tirantes, congestión facial y mandíbula encajada. Así que me giré para contemplar al respondón por ver si…ejem: un calco. Un poco más bajo en estatura vertical. En la horizontal más fornido, con unos brazos de grosor como el doble de mis piernas, juntas…o más. Y unos ojos saltones empujados por una sangre en ebullición.

Mi buen amigo interior me dijo, prudente él: ¿Porqué no dejas que con su pan se lo coman? Que ya tienes una edad…Y sin ni siquiera responderle, fuime.

Mediar…¿o no?