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lunes. 08.08.2022

¿Era para esto? Creo que no

Congreso

Antes de adentrarme en el charco cuya profundidad intuyo, dado que estamos en un país democrático, y con libertad de expresión, pero que si opinas de modo diferente a quien te lee o escucha corres el riesgo de ser tachado de «facha», «rojo» o término similar que denota la riqueza de lenguaje de quien emite el vocablo –democracia, libertad de expresión y capacidad, no tienen porqué ir de la mano- quiero reseñar aquí y ahora, para evitar elucubraciones y facilitar epítetos, que tras mi marcha del CDS siguiendo a Suárez me sentí cómodo en IU hasta la fagocitosis por Podemos. Mi voto desde entonces  está huérfano.

Dicho lo anterior, y si alguien es de ofensa fácil, y aunque no sea la pretensión con lo que sigue, que no continúe leyendo la motivación al «Creo que no» en respuesta al interrogante «¿Era para esto?».

Y creo que no, porque cada vez que he emitido mi voto ha sido a «favor de». A favor de una opción. De la opción más en consonancia con mi sentir social. Con las inclinaciones hacia políticas económicas, educativas, sanitarias, de igualdad… más acorde con mi sentir. Nunca he pretendido que mi voto sea utilizado como arma arrojadiza, ni «en contra de». Siempre a favor. No he sido partidario de hacer políticas para «echar» sino para «conquistar», para alcanzar la gobernabilidad por los votos de mis afines.

La moción de censura es un instrumento constitucional para circunstancias excepcionales con la que estoy de acuerdo, faltaría más. Pero si prospera, como ha sido el caso, es imprescindible regresar a la casilla de salida democrática, a las urnas, a dar la palabra a los ciudadanos para que ellos, nosotros, todos, marquemos el camino a seguir por nuestros representantes. Y sin demoras personales ni partidistas. Si no se procede de este modo el resultado de la moción de censura, su finalidad,  se falsifica y prostituye.

Se falsifica porque de la unión de políticas tan contrapuestas para su logro, tan en las antípodas de las que por separado optaron sus respectivos votantes, ha emergido un ser que no lo reconocería ni la madre que lo parió.

Se prostituye porque quienes votaron unas políticas sociales determinadas no pueden reconocerse en un gobierno que no solamente renuncia a ellas, sino que cohabita con las de su oponente previo pago de unos presupuestos generales que hacen chirriar los ejes de la carreta.

¿Mal menor, que dicen algunos? Quizás, por formación o deformación profesional, no soy partidario de males. Cuando a un ser humano se le informa que se le ha detectado un tumor…pequeñito, en su interior solo resuena un «tengo cáncer». Ni pequeñito ni grande: ¡Cáncer!

¿Era para esto? Creo que no