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martes 17/5/22

Ébola, el día después

El gimnasio en el que intento disciplinar el cuerpo y purificar el espíritu, hoy, el día después del primer caso de Ébola...

El gimnasio en el que intento disciplinar el cuerpo y purificar el espíritu, hoy, el día después del primer caso de Ébola en España, lleno total. Petado, como suele decirse. Las cintas transportadoras de pies y las bicicletas que recorren sendas imaginarias, en turnos de espera imposible.

¿Nos ponen las situaciones de riesgo? ¿Estamos necesitados de adrenalina? ¿Más? Me hago estas preguntas por saber, como imagino que todos los presentes en la sala, que la enfermedad del Ébola se transmite por fluidos corporales y nada como un gimnasio en el intercambio de sangre, sudor y lágrimas. O al menos, sudor y alguna que otra salivilla…

Quizás, me digo como alternativa, es que estamos vacunados contra las malas noticias, las adversidades, las crisis y sus coletazos del paro, las tarjetas opacas y la corrupción generalizada…o nos hemos resignado de tal modo que ni las siete plagas de Egipto brotando en verde nos afectan ya.

Tampoco, claro, esperamos que la situación creada y la incierta por llegar, traiga consecuencias. Nadie asumirá la responsabilidad política de haberse saltado los protocolos y asesoramientos técnicos importando el virus a nuestro territorio.

Siento, y soy solidario, con los compatriotas que enferman gravemente tanto en el extranjero como en España. La cuestión es que cuando se toma la decisión de riesgo de que muera cada uno en su casa hay que asumir las consecuencias: la corona de laurel y la foto en el éxito o la cicuta de la dimisión del cargo político en el error.

Y aquí me quedo, esperando… turno para sudar.

(Con mis mejores deseos de restablecimiento para la sanitaria afectada por el virus del Ébola)

Ébola, el día después