domingo 22.09.2019

Caminando el verano

Hay ocasiones que el tiempo late con lentitud. Cuesta trabajo distinguir al día de hoy del de ayer. La rutina se asienta en el caminar de la vida porque, quizás, se ha hecho de quieto… o puede que se haya disfrazado con la espera del autoengaño, la del ˂˂hoy no vendrá, pero mañana sí˃˃, que se decían Vladimir y Estragón cuando, inútilmente, aguardaban a su Godot.

En otros momentos, en mañanas de verano aún templadas, contemplando el deambular tranquilo de paseantes ociosos, brota con cautela la esperanza de que en cualquier momento, en cualquier lugar, un cruce de miradas, la sonrisa compartida, la caricia fugaz, la mano en la mano o el pellizco en lo hondo mitigue el quejido del ˂˂¡Qué horror, no pasa nada!˃˃…

Y en esos trajines andaba cuando, en el banco contiguo a la mesa de terraza que ocupo, un hombre le dice a otro: ¡Sé que me has dicho tu nombre, pero lo he olvidado! Y el aludido, tras una pausa larga como la mañana, responde: ¿Te he dicho mi nombre…? ¡Pues no lo recuerdo!

Sin apagarse el eco de la conversación me levanto y sigo caminando el verano. La espera para conocer el final no me tienta. El día empieza a calentar.

Caminando el verano