miércoles 17.07.2019

Vertientes de la desigualdad de género

Los datos confirman un aumento en el número de condenas a maltratadores impuestas por los jueces.

El día 8 de marzo, en el que determinadas encuestas hablaban del repunte del paro y la corrupción como principales preocupaciones de la ciudadanía española, Aitana Constans destacaba en El Mundo que las “mujeres van ganando terreno en los puestos de responsabilidad dentro de la Administración Pública española, aunque levemente” y que, en “el caso de las Comunidades Autónomas, la estadística es más positiva en aras de alcanzar la paridad de los cargos públicos, ya que en 2006 la proporción de mujeres presidentas y consejeras de las comunidades era de un 33% y, 10 años después, es del 42%”. El día anterior, sin embargo, Pablo Elorduy aseguraba en Diagonal que la “brecha salarial en España ha aumentado en los últimos cuatro años” y que las “mujeres cobran de media 4.620 euros menos que los hombres, según los técnicos de Hacienda.

Así pues, en la primera semana del tercer mes del presente, esos tres tipos de desigualdad (laboral, económico y de género) destacaban en las páginas de papel y en las electrónicas. Con razón: podía leerse tan movido día otra noticia que informaba sobre el hecho de que el “Supremo despoja del título a la hija extramatrimonial de un conde”. Fernando J. Pérez hablaba alto y claro en El País: “El alto tribunal da prevalencia a las cartas de concesión de los honores nobiliarios, del antiguo régimen, frente al principio de igualdad”. Lo cierto es que algunas decisiones parecen manar de responsables totalmente irresponsables: “El derecho nobiliario, mezcla de tradición y genealogía, vuelve a situarse como un reducto al margen del principio constitucional de igualdad. El Tribunal Supremo ha fallado que la única hija biológica de Pedro Ignacio Muguiro y Morales-Arce, conde de Casa Ayala, se quede sin el título nobiliario que ostenta su padre porque nació fuera del matrimonio”.

Perpetuidad

“La Sala de lo Civil del alto tribunal -aportaba el artículo-ha dado la razón al noble y a su hermano, Alejandro, y ha otorgado prevalencia a la carta de concesión del título de conde de Casa Ayala, firmada en 1791 por Carlos IV y que establece que esta distinción se transmite `perpetuamente y para siempre jamás´ a los `herederos y sucesores nacidos de legítimo matrimonio´”. Afortunadamente, el “fallo cuenta con un voto particular discrepante que establece: `No podemos admitir espacios blindados frente a la Constitución, por antigua que sea su data´”, pero… ¿perpetuamente? ¿para siempre jamás? “123.725 mujeres denunciaron el año pasado ser víctimas de violencia de género. Algunas denunciaron más de una vez, lo que eleva a 129.123 el número de denuncias que llegaron a los juzgados, una media de 353 denuncias al día, según los datos extraídos del informe anual de 2015 del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), publicado este viernes”. Es Reyes Rincón para El País, 11 de marzo: “Los datos confirman el discreto pero constante aumento en el número de denuncias por violencia de género que ya se reflejaba en los últimos informes trimestrales del Observatorio. En el saldo anual, las denuncias se han incrementado un 1,9% respecto a 2014, cuando la media de denuncias diarias fue de 347. Los datos confirman también un aumento en el número de condenas a maltratadores impuestas por los jueces y en el de órdenes de protección concedidas”, confirma el texto.

Perpetuidad… para el que la compra. Pero, ¿cuál es el presente en lo referente a dicha desigualdad? “El machismo perdura a pesar de las campañas de sensibilización y de que, en 2004, el Parlamento aprobara a instancias del Gobierno socialista la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, aseguraba Iñigo Aduriz en Cambio 16 digital el día 12, artículo en el que añadía que todos “los expertos denuncian eso mismo: que el argumento de la crisis y los consiguientes recortes del Gobierno del PP en la materia han descuidado el aspecto educativo que contemplaba la ley”. Por todo ello, concluye Aduriz, el “colectivo feminista enmarca sus reivindicaciones en un contexto de `desigualdad estructural´ y, por eso, aboga por poner en marcha `medidas integrales para el cambio social y político´. Por cierto, es el ejemplar de Cambio 16 del 2 de agosto de 2004 el soporte en el que Janette Cabezas y Eli Zubiría se hacían eco del informe anual del Programa de las Naciones Unidas: el Índice de Desarrollo Humano (IDH) habla de varios retrocesos en España, “como la considerable diferencia de salarios entre hombres y mujeres, que ha alcanzado un 44 por ciento”.

¿Hemos avanzado algo en estos catorce años? La respuesta no puede ni debe estar en el viento. 

Vertientes de la desigualdad de género