viernes 19.07.2019

Recuerdos de marzo

Elixabete Ansa Goicoechea asegura que existió un Mayo del 68 vasco

Elixabete Ansa Goicoechea asegura que existió un Mayo del 68 vasco, nombre del ensayo que presentó hace nada la editorial navarra Pamiela. Los cines Florida de Gasteiz acogieron recientemente el preestreno de Vitoria 3 de marzo, film que ayuda a conocer los crueles acontecimientos de aquel día de 1976 que con tanto ardor se ha intentado silenciar desde diversos estamentos y medios informativos hasta hoy. Pues bien: Juan Ibarrondo, guionista de este trabajo cinematográfico dirigido por Victor Cabaco, presenta ahora mismo en Txertoa, Recuerdos de marzo, novela basada en los acontecimientos y en los protagonistas de esos sucesos.

La novela obliga a volver la vista atrás para dar, a través de la imaginación y del recuerdo, con la ciudad y con sus ciudadanos treinta años después: “Transita por otro tiempo, muchos años atrás, cuando las cosas eran muy distintas. Para empezar, el lugar donde trabaja, el mayor centro comercial de Vitoria-Gasteiz, era entonces una de las fábricas más importantes de la ciudad: Forjas Alavesas, una siderurgia que ocupaba a unos cuantos miles de trabajadores, una de las primeras que salió a la huelga en 1976, y el lugar donde trabajaba Rufino”. Recuerdos de marzo cuenta, en realidad, con dos relatos y ambos son oportunos en tiempos de olvido obligado: “Los recuerdos de Ana siguen vericuetos indirectos en su lento viaje hasta la superficie del tiempo, y cuando trata de acordarse del porqué de la ausencia de su hija, acaba rememorando una tarde de viernes de 1976, cuando su hija salía con aquel chico. La tarde en la que apareció Eduardo”.

“De Eduardo se acuerda muy bien, pues hace poco acaba de verlo en las noticias por algún asunto que no recuerda”, puede leerse a renglón seguido en el capítulo correspondiente. Contamos, pues, con una novela escrita de manera realista, un relato centrado en esa realidad, en el pasado y el presente de unos personajes que reflejan el sufrimiento de todos los hombres y las mujeres de diferentes generaciones y diferentes estamentos sociales que vivieron los tormentos de una transición política que, en tierras sufridoras, apenas se pudo vislumbrar. Luis: “Como cuando Mikel fue detenido, acusado de ser de ETA, y luego encarcelado, hasta hoy´´. Aunque él nunca ha ido a visitarlo. No sabría qué decirle. O, más bien, temería decirle lo que piensa”.

Ana, Luis, Begoña, Blanca… Todos ellos representan a aquellos jóvenes que vivieron o conocieron dichos sucesos y otros similares. Sus recuerdos, los Recuerdos de marzo, son los de quienes nunca olvidaron la afrenta, las afrentas, y en 2006, hacen cuanto está en sus manos y en sus corazones por entender las relaciones entre ellos y quien pudiera haber sido su Gobierno, todo un Desgobierno, en realidad, enfrascado en luchas internas que rara vez llegan a oídos de ese pueblo que reclama mejoras laborales y sociales, derechos muy parecidos a los que dieron origen a la lucha por los mismos en los hechos aquí narrados, los de aquel marzo de 1976. Por su parte, la distancia que el autor decide tomar respecto a suposiciones más o menos evidentes que darían alimento a un poblado rebaño de personajes al servicio de la intransigencia política o literaria permite al lector gozar de una narración sobria, la que nos acerca el alma de una historia nada fácil de digerir.

Recuerdos de marzo son los recuerdos de un marzo nada corriente, vestidos para la ocasión con galas mucho menos vistosas que las de la llamada `buena literatura´ y que aquí resultan ser los ropajes de una novela humilde en su origen y testaruda en su edad avanzada, cuando desenmascara la mutación personal e ideológica de algunos de sus personajes más deleznables y deja en evidencia la catadura moral de políticos aprovechados y pajilleros inmorales de lo más polivalentes.

Santiago Navarro. Artículo publicado en Diario de Noticias. Navarra

Recuerdos de marzo