Nuevatribuna

Opiniones e insultos

La corresponsal de TVE en Nueva York, Almudena Ariza.
La corresponsal de TVE en Nueva York, Almudena Ariza.

Libertad de expresión e insultos siempre serán incompatibles. Y eso es lo que parece haber inclinado la balanza a favor de una de las más populares periodistas de Televisión Española en un contencioso que tuvo su capítulo digital más vistoso ya en el 9 de septiembre, día que contaba con el artículo de Rosario G. Gómez para El País titulado `Sanción de 30.000 euros por insultar a Almudena Ariza´. ¿Cuáles habían sido las principales consecuencias de dicha resolución? “La sentencia contra el documentalista Artur Balder sostiene que `la libertad de expresión no ampara el derecho al insulto´”, resume dicho medio ese viernes de septiembre. El proceso (seguido, a buen seguro, por tantos y tantos profesionales del periodismo español) resulta significativo: “El juzgado de primera Instancia número 40 de Madrid considera que la publicación en diferentes webs de expresiones insultantes y denigrantes contra la actual corresponsal de TVE en Nueva York suponen una `intromisión ilegítima´ en su honor”. 

No es fácil sin embargo, analizar con acierto contenciosos como el que nos ocupa: “Ariza interpuso una denuncia contra Balder después de que este publicara en varias páginas de Internet acusaciones contra ella por discrepancias sobre un reportaje emitido en TVE dedicado a los españoles que emigraron hace décadas a Nueva York. Ariza contactó con Balder y este le remitió el vídeo de un documental, pero finalmente, atendiendo a criterios profesionales, no fue incluido en la información de TVE”. ¿Qué pasó después? El caso muestra, una vez más, el poder de las redes, sea cual fuere la intención de dicho profesional frente a la pantalla: “Tras un intercambio de correos electrónicos, el documentalista emprendió en la Red una campaña contra la periodista, a la que tildó de `corrupta´,  `enchufada´ y `pirata´”. 

Profesionalidad

En este sentido, la “sentencia señala que Balder utilizó `no solo palabras y expresiones insultantes y denigrantes, sino que le atribuyen la comisión de delitos de manera completamente infundada con una evidente voluntad de hacer el mayor daño posible al honor, imagen y profesionalidad de su víctima, sobre todo conociendo que lo que se publica en Internet permanece de manera casi indestructible e imperecedera en la Red´”, según Rosario G. Gómez, que recuerda otro aspecto destacable del conflicto: “La periodista lamenta que `una vez más, muchos optan por publicar titulares atractivos sin indagar en lo que hay detrás. Esta vez yo misma, una periodista, he sido víctima de algunos de los peores vicios de la profesión´”.

Vicios de la profesión: he ahí la enésima cuestión. Pero también preocupa, a finales de septiembre, el presente de las libertades en España, situación reflejada en la página web de Amnistía Internacional de tal guisa: “En relación a las amenazas a los derechos humanos en España, sobre la libertad de expresión, asociación y reunión, es especialmente preocupante el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía española y el refuerzo de una legislación represiva que no muestra sino un interés de socavar la libertad de expresión”. Poco antes, el día 14, La Opinión de Zamora había aportado un artículo de G.B. que arrancaba con este texto: “Los alrededores del Pabellón de La Josa han amanecido esta mañana con varias pintadas en señal de protesta por el I Festival por la Libertad de Expresión que se celebra hoy en San José Obrero y en el que participan, entre otros grupos, la compañía de `Títeres desde abajo´, que fueron encarcelados durante cinco días acusados de ensalzar a el terrorismo de ETA, delito del que fueron absueltos el pasado mes de junio”. “`Fuera etarras de Zamora´, `Titiriteros Proetarras´, `Guarido cómplice´, `CNT y Guarido etarras´ o `Guarido traidor´ son algunos de los insultos que rezan las pintadas aparecidas en paredes y aceras de la zona”, concluía el trabajo.

 Así pues, el insulto, verbal o visual, seguía reinando en el día a día de los medios de comunicación a las puertas de octubre de 2016. Y no solo se ceban con los personajes de los programas más cutres y artificiales: Moha Gerehou, periodista y activista contra el racismo recordaba en El Confidencial del 27 de septiembre que “Hasta que no haya una desgracia, nadie se tomará en serio el racismo en internet”. R. Pérez firma el artículo: “`Simio de mierda´, `comienza a despedirte de tu familia´, `no aceptaremos monos en España´... Las redes sociales, una herramienta muy útil y práctica para relacionarnos entre nosotros y conocer mejor nuestro mundo, son también demasiado a menudo, el hábitat donde algunos salvajes, con la tranquilidad que da el anonimato, dan rienda suelta a las ideas más despreciables. El machismo es una de ellas. El racismo es otra. Moha Gerehou lo sabe bien. Es periodista de Eldiario.es, y presidente de la asociación SOS Racismo. Nacido en Huesca pero con raíces en Gambia, cuenta resignado pero enérgico que para él los insultos y amenazas racistas son el día a día en Twitter. `A mediados de julio participé en una campaña, con la etiqueta #EstadoEspañolNoTanBlanco, que buscaba mostrar que hay muchos ciudadanos de otras razas en España. La respuesta fue que empezaron a subastarme´, cuenta”.

El insulto no es opinión. Y nos enfrentamos al último tercio del año 2016. Sí, del siglo XXI.