Nuevatribuna

Incierto futuro religioso

El Confidencial del 20 de agosto quitaba el sueño de golpe al lector más adormecido cuando éste repasaba el titular del artículo de Marta Sofía Ruiz: `Unos documentos en cuya redacción participó Joseph Smith, fundador de la iglesia mormona, son la base del proyecto de un empresario que diseña ciudades de alta densidad´. Y así es como el aterrado lector se enteraba de algo definido con las siguientes palabras: “Buscando documentos referidos a su religión para aprender más sobre ella, el empresario David Hall acabó encontrando unos textos de Joseph Smith, fundador de los mormones, en los que se describe detalladamente la creación de una ciudad. Tomándolos como referencia, y convencido de que ofrecen una solución a los problemas medioambientales del planeta, el empresario ha comenzado a adquirir tierras en distintos estados norteamericanos –principalmente en Vermont y Utah– y a invertir millones de dólares en desarrollar la tecnología necesaria para fundar comunidades que sigan el modelo detallado en los papeles”. 

Los papeles, que el empresario ha estudiado “al detalle y de forma obsesiva” durante todo este tiempo, “relatan la visión que Joseph Smith y dos de sus colaboradores tenían para la creación de la llamada Ciudad de Sión. Según Hall, las especificaciones que aparecen en el texto ya fueron empleadas por el fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días –la iglesia mormona– para construir algunos edificios y mejorar algunas comunidades, aunque no con el nivel de detalle con el que él lo está haciendo”. 

¿Tal es el poder de los grupos sectarios hoy en día? 

Iglesia católica 

Quizá tenga, el auge de estos grupos, algo que ver con que `Faltan sacerdotes en las parroquias´. Juan G. Bedoya se hacía eco de un hecho cierto en El País del 22 de agosto: “En el siglo XIX, la Iglesia romana perdió a los obreros, en el XX a los intelectuales y a los jóvenes. En este siglo XXI lleva camino de perder a las mujeres, que son con creces la mitad más activa de esa confesión”. Y es que, en España “hay 23.071 parroquias, de las que al menos 5.000 no disponen de sacerdote permanente. ¿Soluciones? Las mujeres, que son inmensa mayoría en todas las iglesias, lo ven claro: el diaconado femenino, como un primer paso”. Alto y claro, como buena parte de lo que Bedoya propone, pero, ¿es, éste, el camino elegido por los altos cargos de la Iglesia en España? 

No es probable y, mientras tanto, Carina Farreras recuerda, en La Vanguardia del 26 de agosto, que, en “octubre del 2010, la abogada Leire Quintana (Bilbao, 1972) se despojó de su ropa habitual para cubrirse con los hábitos monacales. Tenía 37 años, familia, amigos, un piso en propiedad en Madrid y ejercía de directiva en una pequeña empresa. En ese momento, carecía de pareja e hijos. Permaneció cuatro años en un monasterio cisterciense del norte de España conviviendo con otras diez religiosas, todas españolas, dedicadas a la vida consagrada, como los 10.800 monjes y monjas que residen en los claustros en España”. “Pero su destino -añade-, como el de la protagonista de Sonrisas y lágrimas, no era el monacato. Recuperó la ropa mundana y escribió su experiencia (Una canción inesperada, Maeva)”.  

Es una más de las historias de hombres y mujeres preocupadas, en mayor o menor medida, por el bienestar del prójimo a las que hacen referencia periodistas y ensayistas como Juan G. Bedoya en medios de comunicación donde comparten actualidad con aventuras nada confusas pero sí promovidas por millonarios como decididos a todo menos a ayudar a los más desfavorecidos, como David Hall o José Luis Mendoza. `El gran mecenas del deporte español es un murciano que extendía cheques al Papa´ es el titular que presenta el artículo de Alfredo Pascual para El Confidencial (28 de agosto): “Durante este verano, con la temporada de fútbol de vacaciones, La Condomina registró unas colas inusuales. Los aficionados no esperaban para entrar, sino a que saliesen los clásicos asientos rojos del estadio. Porque La Condomina ya no es grana, como el Real Murcia, sino azul. Azul como la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y como su creador, José Luis Mendoza (Cartagena, 1949), propietario del equipo mejor clasificado de la región y también del único bolsillo que ha osado reformar el estadio, de titularidad municipal, desde 1978. Céntrico, con casi un siglo de vida y refugio histórico del Real Murcia, muchos han visto en la colonización de La Condomina un nuevo símbolo del poder que Mendoza ha acumulado en la ciudad”.  

La cosa se las trae: “A Mendoza le apasiona el deporte, dicen desde su entorno, y patrocinarlo es su mayor orgullo. Ha convertido la UCAM en la universidad oficial de los deportistas de alto nivel en España. Ahora está de enhorabuena: once de los diecisiete medallistas españoles en Río son alumnos de su universidad, en la que se graduarán sin dejarse ver por allí ni pagar matrícula. Mireia Belmonte en publicidad, Maialen Chorraut en dirección de empresas o Ruth Beitia en psicología. Como guinda está su equipo de baloncesto, el histórico CB Murcia, definitivamente consolidado entre los clubes importantes de la ACB tras una brillante campaña en la que hizo temblar al Real Madrid en playoffs”. Hasta ese punto, todo ha funcionado a las mil maravillas pero, según Pascual, los “éxitos deportivos han proyectado una imagen pública de Mendoza, la del salvavidas del deporte español que, aun veraz, no alcanza para describir una trayectoria propia de un personaje de otro tiempo. En Murcia su figura va asociada a la polémica. El relato general le define como un hombre ambicioso, muy conservador en el ideario, religioso hasta el delirio y con contactos al más alto nivel en la iglesia católica y el Partido Popular de Murcia. `Una buena muestra de su poder son los enemigos que ha dejado por el camino: sin ser político, eclesiástico o académico ha derribado consejeros, obispos y catedráticos. Ha sustituido a Tomás Fuertes, expresidente de ElPozo, como el poder fáctico más importante de la región´, considera un periodista local. No le viene de cuna: criado en una familia trabajadora, pasó sus primeros años ayudando a su padre en el bar familiar mientras hacía sus pinitos con las pesas o el atletismo de velocidad. Todo lo que tiene procede del trabajo, ya sea en el desarrollo de la universidad o en el fortalecimiento de su red de influencia”. 

¿Cuál es, entonces, el problema? “Además de la deportiva, la otra gran pasión de Mendoza es la religión. Casado y con catorce hijos (siete y siete), pertenece a los kikos desde la juventud y tiene a Juan Pablo II y Josemaria Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, entre sus referentes personales. En 1991 se fue a las misiones en República Dominicana, junto a su mujer y sus ocho hijos de la época, donde asegura haber visto a la Virgen y haber recibido amenazas de muerte `por evangelizar en terreno de sectas´. A su regreso, en pleno brote de espiritualidad exacerbada, comenzó a relacionarse con los círculos de poder religiosos. Cambió a sus hijos a un colegio del Opus Dei y se ganó la simpatía de pesos pesados de la iglesia católica como los cardenales Antonio Cañizares o Antonio María Rouco Varela. Su apoyo fue definitivo en la gestación de la UCAM”. Al igual que David Hall, cuanto llega a tocar Mendoza genera dudas: “Algunas fuentes consideran que Mendoza, en realidad, se refugió en la religión para conseguir una universidad que de ningún otro modo le habrían concedido, ya que, en España, la iglesia católica es la única que puede fundar una institución de enseñanza sin permiso administrativo. A Mendoza ya le conocían en Educación: a principios de los 80 detectaron que una pequeña academia, regentada por Mendoza y su hermano menor Vicente, estaba ofertando títulos homologados por la Universidad de Murcia que resultaron no estarlo. En torno a 800 personas se vieron afectadas, pero nunca se presentó una demanda y las autoridades académicas zanjaron el asunto sin sanciones por respeto al psiquiatra Demetrio Barcia, socio de Mendoza en esta aventura académica”.   

Pero… continuemos: “En junio de 2015 una inspección urbanística a petición de Ahora Murcia detectó que Mendoza ha edificado 3.000 metros cuadrados irregularmente en el campus universitario. José Luis Camacho Porto, el responsable de disciplina urbanística del ayuntamiento, nunca alertó de la situación pese a que acude varias veces por semana a la universidad a impartir clases. Otros fueron menos discretos aún, como el ex director de deportes de Murcia Antonio Peñalver, que firmó 27 contratos con la UCAM justo antes de abandonar el cargo y ponerse en nómina de Mendoza. No son casos aislados: la lista de concejales y cargos técnicos de las instituciones que han sido empleados o titulados en la UCAM no ha dejado de crecer desde 2006”. “La UCAM y José Luis Mendoza son indivisibles -añade Pascual-. Fundada en 1997 en unos terrenos cedidos por el obispado de Murcia, la de San Antonio es la única universidad católica de España que pertenece a un laico. Así lo firmó el obispo Javier Azagra en el acta de erección y así lo defendió Mendoza cuando el obispo de Cartagena, Juan Antonio Reig Pla, se empeñó en fiscalizar la UCAM y reclamó su titularidad. En 2008 la Abogacía del Estado le dio la razón a Reig Pla, pero la decisión ya estaba decantada del lado de Mendoza. Lo que Reig Pla no sabía es que Mendoza había estado enviando al Papa cheques nominales desde que empezó a hacer dinero con la universidad, cuya matrícula media ronda los 5.000 euros, a través de su nuncio. Cada año el nuncio se dejaba caer por la universidad, daba una charla y se marchaba con un cheque. Según Mendoza, en veinte años ha enviado 49 millones a la Santa Sede. El cardenal Tarsicio Bertone, número dos del Vaticano, falló en favor de Mendoza y como castigo mandó a Reig Pla a la diócesis de Alcalá de Henares”. Todo ello no está exento de problemas, pues Bergoglio y su nuncio no han aparecido desde hace tiempo por la UCAM, “lo que en el lenguaje diplomático de la iglesia bien se considera reprobación. El Vaticano ha dejado de aceptar los cheques de Mendoza y ha iniciado una investigación sobre las donaciones”. 

¿Por qué nos recuerdan, tales actitudes, los arranques de egocentrismo de los jefes de la mafia más violenta?