martes 20.08.2019

Robar para gobernar, gobernar para robar

El principal principio es el oscurantismo, no responder ante nadie ni por nada. Su comportamiento, a imitación de su maestro en lides políticas, es conceder privilegios a quienes mantienen el sistema, y tapar las corruptelas típicas del mismo

He aquí la cuestión. Buen dilema para Hamlet. ¿Qué fue primero? La gallina o el huevo. Creo que primero fue la organización. En cuanto la maquinaria se puso en marcha, engrasada por los mecánicos de la dictadura, siguió el nuevo rumbo anclada en los moldes de un sistema político cuya característica fundamental era el oscurantismo y el palo y tente tieso. Todo, respetando, a tenor de los nuevos tiempos, como dicen sus gerifaltes, la Constitución, la cual se acomodan a sus intereses. Si no es así, la apartan para ajustarse a sus principios de partido. “Principios” de donde vienen, donde se han educado y crecido, y nunca abandonan. Son su guía. Lo llevan en sus genes. El principal principio -bien aprendida tienen la lección- es el oscurantismo, no responder ante nadie ni por nada. Su comportamiento, a imitación de su maestro en lides políticas, es conceder privilegios a quienes mantienen el sistema, y tapar las corruptelas típicas del mismo. Quienes no acepten sus reglas, rechace y muestre disconformidad, o haga crítica contra el orden establecido, quedan fuera del sistema y se pueden considerar proscritos. Conmigo o contra mí. No ascenderán jamás a puestos dirigentes, ni obtendrán dádivas ni prebendas. Solamente acatando en firme y a pie juntillas lo que de arriba se dicta, tendrán derecho a ser beneficiados. Además, serán cuidadosamente protegidos. Es práctica de hace siglos: “Al enemigo la ley; al amigo, el favor”. Máxima decimonónica que aún perdura, y que el PP, en sus principios, y como sistema, aplica en la actualidad.

El poder les unió en tiempos oscuros. Por el poder se mantienen, y por el poder hacen lo que sea para acrecentarlo. Para alcanzar el poder, se arrimaron al árbol, el único del paraíso ficticio, que mayor sombra daba. No les importaba de dónde venía el dinero, sino dónde estaba: en la especulación inmobiliaria y financiera, en el tráfico de tabaco, licores y drogas, en el estraperlo... Y sobre todo, en la connivencia con bancos y grandes empresas, incluido el fútbol y los medios de comunicación. Aunque esas obras se hicieran a un coste muy alto en vidas humanas, pueblos y economías, y no sirvieran para nada: pantanos que pierden agua, autopistas sin coches y aeropuertos sin aviones. Atentado humano y natural. Crimen ecológico. Y detrás, el dinero, mucho dinero.

Conseguido ese primer empujón, apoyados en la iglesia católica, apostólica y española, y su enorme influencia en la educación, social y religiosa, era fácil mantenerse, y asegurarse su vuelta en caso de que las cosas, muerto el caudillo y sus dictados, se torcieran y otros quisieran ocupar su lugar. Por eso, todo se hizo como se hizo. Pero a menudo el poder y el dinero obnubila las mentes y dejan un resquicio que por mucho que quieran tapar, no pueden: la libertad de opinión. Con ley mordaza o sin ella, con y sin subvenciones, ni propaganda política, ahí está, vivita y coleando. Hoy nadie puede poner fronteras a su divulgación, y las opiniones, comentarios, chistes y críticas, corren por el universo en menos que canta un gallo. Internet y sus congéneres nos han convertido en una corrala donde el canto del gallo se oye en todas las casas al mismo tiempo. Y cuando uno quiere acallar al gallo, éste ha volado. O le sustituyen otros. Por gallos que no quede.

Hay que seguir cultivando esas amistades corruptas, con fotos incluidas, para dar más caché a la cosa, que a los ricos todo el mundo admira, junto a los grandes del narcotráfico y empresas. Hay que convertirse en sujetos doctorados, en mentirosos y caraduras, formando familias dentro del partido para conquistar mayores parcelas de poder o ampliar y asegurar el poder conseguido. En caso de peligro, por el riesgo de que se vea el plumero, hay que ocultar esas relaciones cuando no convengan, o envolverlas en papel legal. El propio partido, en esta actividad delictiva, divido en parcelas o familias, se organiza como banda de delincuentes que extorsionan, ordenan y reparten obras y beneficios en su favor y en el de sus amigos y afines. Típico de las dictaduras. Robar y gobernar, gobernar y robar, es todo uno. Ni Hamlet sería capaz de descifrar tal busilis, vislumbrar la solución y apostar por qué fue antes o después. Entre esta manera de gobernar del PP, y la forma de actuar de cualquier mafia, no hay diferencia. No olvidemos, como he apuntado en otros artículos, que la mafia es invento español desde hace tres siglos. Cuando nuestro rey alcalde, Carlos III, allí, en Sicilia, era su rey Carlos VII.

Y de su ambiguo acólito, el C,s qué pensar. No se sabe si está con la calavera en la mano, haciéndose la pregunta de por dónde comenzar: ¿robar o gobernar? Dicen que gobernar, porque luchan, dicen, contra la corrupción, pero se alían con los corruptos, y no se atreven a dar la cara por las cuentas claras. Y qué curioso, ni Hacienda, ni Montoro, tan controladores, se meten con ellos, mientras amenazan con pedir cuentas a otros también emergentes, que andan ahí entre el si pueden y no pueden. Ciudadanos son también hijos de quien son, postreros, invento de sustitución de un partido carcomido por su comportamiento hurtador. Imposible sacarlo ya a flote. No valía una operación  de imagen. Se quedaría en el quirófano. Su estado es comatoso. Mejor es. más barato y seguro, nuevas caras para mantener todo tal cual, arrimados a la sombra del mejor árbol, el capital, protegidos y aupados por él. Ciudadanos, el repuesto del PP, del azul al naranja, preludio de una política acibarada. Por los indicios que han dejado ver, parece que están en la fase primera: robar para gobernar. Recogiendo fondos para ir cada uno abriéndose camino en las listas. Los que más aporten por tal o cual puesto en las listas irán los primeros. Ha sucedido ya. A mayor aporte, colocación más alta. Se sabe de concejales y diputados que lo son porque han pagado por posicionarse bien en las listas para conseguir su escaño.

Y del Riverita, o de la Arrimadas, ¿qué decir? Como sus apellidos indican, hay que arrimarse para estar a punto de saltar la ribera y conseguir la otra orilla, la orilla del poder. Los bancos, los grandes industriales de Cataluña y otros lugares, ya tienen el repuesto para los sucumbidos partidos de la corrupción, en el ámbito nacional, el PP, y en Cataluña, el del 3%. En ambos, van unidos el robo y el poder, práctica del PP desde sus tiempos de Alianza (de donde proviene), un partido presidido por uno de los dictadores y padre de la Constitución. Un fascista declarado, “padre de la Constitución”. ¡Qué contradicción! Así, contradictorio sería en cualquier país democrático de nuestro entorno. Como lo es que siga gobernando un partido corrupto, que en lugar de administrar, se adueña del dinero público, y ejecuta obras para su mayor gloria y de su bolsillo. Contradicción, pura contradicción. Pero no en España. Aquí es normal que existan “demócratas de toda la vida”. Franco lo era. ¿O no? También hacía puentes. Y plebiscitos. Y los ganaba por goleada. ¡Cómo nos engañan!

Robar para gobernar, gobernar para robar