jueves 22.08.2019

Los Reyes Magos eran de Andalucía

Es una de tantas controversias desatadas por el episodio que narra la visita de unos reyes para adorar a Jesucristo recién nacido. No llegaron de Oriente, sino de España. Claro que en aquel tiempo España no era el país que hoy conocemos, ni Andalucía se llamaba así, sino Tartessos. Este es el lugar de donde, según afirma el Papa emérito, Benedicto XVI, en su libro “La Infancia de Jesús”, publicado hace seis o siete años, antes de retirarse del curial ruido de mitras y conspiraciones, partieron camino de Belén los tres Reyes Magos. Tampoco eran reyes, aunque probablemente fueran estudiosos de los astros, y tampoco eran tres, comenzaron siendo dos, y se ha llegado a pensar, como así se contempla en la tradición de las primitivas iglesias de Armenia, diez o doce. El número es lo de menos, así como sus estudios, y las conclusiones que a partir de unos datos metahistóricos se pueden sacar. Lo importante es la tradición y su significado que encierra la aparición de un Mesías que se hace visible al mundo a través de esa visita, y de la que el mundo espera su salvación.

También dice el Papa emérito en su libro, y hay que darle toda la fiabilidad posible por eso de la infalibilidad y porque si hay un estudioso de las Escrituras es este Papa, conocido antes como Cardenal Ratzinger, que no había tal portal, y por supuesto ni mulas ni animales parecidos, añadidos por la tradición basada en la huida a Egipto a lomos de un asno, como medio de transporte, para huir y para empadronarse.

No llegaron de Oriente sino de España.

Joseph Ratzinger, o sea, el emérito Papa Benedicto XVI, levantó mucha polémica con estas afirmaciones que desmontaron importantes tradiciones navideñas en el mundo cristiano. En su libro La infancia de Jesús, no sólo saca la mula y el buey del portal de Belén, sino que sitúa el origen de los Reyes Magos, que hasta ahora venían de Oriente, en el extremo occidental del mundo conocido en aquel momento. Esa zona no podía ser otra que Andalucía, que entonces no se llamaba así, y que estaba bajo dominación romana, un pueblo y una cultura que ha llegado hasta nosotros como de las más conocidas de entonces, la cultura de los Tartessos. Según afirma en el libro, no son elucubraciones papales sin ningún fundamento. Dice basarse en los textos sagrados, sobre todo del evangelista Mateo y del profeta Isaías, donde se deduce que la procedencia de Melchor, Gaspar y Baltasar no era otra que Tarsis -o Tartessos-, un reino y una cultura bastante avanzada de por sí, que los historiadores ubican en una amplia zona entre las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla.

"Tartessos" era la denominación con la que los griegos conocían a la primera y más importante civilización de Occidente, situada en el suroeste de la Península Ibérica. El primer estado organizado que se formó en vieja Hispania, hacia finales del segundo milenio antes de Cristo, Adquirió una extraordinaria personalidad política y cultural. Los tartesos fueron los primeros hispánicos que se relacionaron con los pueblos históricos civilizados del Mediterráneo oriental, llegados al litoral peninsular con propósitos de tráfico mercantil. No hay que olvidar que el famoso Mare Nostrum era el medio de comunicación más importante en esa época entre Asia y Europa. Y en los bordes de ese mar tranquilo y rico, se hallaba al occidente una de las penínsulas más ricas en minas y agricultura de toda la ribera mediterránea. Por la facilidad para el intercambio comercial y por sus riquezas, Tartessos alcanzó inmenso poderío. El país de los tartessos es citado en numerosas fuentes históricas siempre como pueblo rico y rebosante de esplendor. Estaba situado en una región bañada por el entonces río "Tartessos". Río que fue llamado posteriormente "Betis" por los romanos y "Guadalquivir" por los musulmanes.

Del mismo modo que se extendió la fama de riquezas, también el intercambio de ideas y culturas, entre ellas los relatos que llegaban de oriente, de las otras orillas marítimas. Y no hay que olvidar que el imperio romano unía, para bien y para mal, oriente y occidente con su imperio que abarcaba los cuatro puntos cardinales del Mediterráneo.

¿Por qué tres Reyes o Magos?

Aunque en las primeras comunidades cristianas de Armenia se habla de doce reyes, a semejanza de los doce apóstoles, ha prevalecido la tradición con otros detalles a modo de simbología, entre ellas, hacerlos representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad, así como la simbología de las tres edades del hombre, representando a los tres continentes (Asia, África y Europa), entonces conocidos. 

La adoración de los Reyes Magos está también tratada en los evangelios aprócrifos, esos textos que no considera canónicos la iglesia católica, es decir, que no están admitidos dentro de su cuerpo legal, pero que fueron algunos muy utilizados en las primitivas comunidades cristianas, como el Evangelio de María Magdalena, el de Judas, o el de Tomás. Sin embargo, son textos de los que se ha echado mano a la hora de investigar hechos de esa época relacionados con el cristianismo o el judaísmo. Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan, Pastor Juan, un famoso y generoso emperador de Etiopía. Era, a la vez, gobernante y sacerdote, incluso patriarca según algunas fuentes (como cita la Wikipedia). De ahí su título de «preste» (apócope de presbítero), de una nación cristiana aislada entre musulmanes y paganos en algún lugar de Oriente. Según los relatos medievales, descendía de los tres Reyes Magos, por lo que la tradición asegura que de esa zona vendrían por tanto los Reyes Magos. Era un mandatario generoso y hombre virtuoso, que regía un territorio lleno de riquezas y extraños tesoros, que afianza la idea de los regalos que llevaron a Jesús en Belén. Aunque también se supone que esos regalos procedían de esa otra región de España, también rica, y que el oro, el incienso y la mirra, tenían olor andaluz, que en nada podría envidiar a la del cuerno africano.

El Evangelio habla de que fueron tres los regalos que acabo de citar, pero no concreta que fueran tres los Magos -el número tres tiene alto significado simbólico y cabalístico-.  La primera referencia concreta respecto al número de Reyes Magos la da Orígenes, conocido escritor eclesiástico, en el siglo III d. C. En el siglo V, el Papa León, el Magno, estableció oficialmente su número en 3 para toda la cristiandad. Y a mediados del siglo VI, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) se les asignaron los nombres de "Melchor", "Gaspar" y "Baltasar", que ya se apuntaban en algunos textos antiguos con nombres de sonido semejante.

La adoración de los Reyes aparece en el Evangelio de San Mateo, aunque ahí se habla sólo de sabios sin referencia al número ni a sus nombres. Estos magos mutan en reyes en Tertuliano (160-245) y en Prudencio, y tal título se generaliza y se asienta en la tradición cristiana en el S. XI. Este autor no refiere el dato de ser reyes, pues los define como steleros, es decir, aficionados al estudio de las estrellas. El hecho de que sean tres los reyes va asociado a que sean tres los dones y a las supuestas reliquias conservadas en un cofre de oro en la catedral de Colonia. Y cómo no, al misterio más grande, muchas veces contado y jamás aclarado, el de la Trinidad, “el Dios Uno y Trino”, que decía el catecismo.

Los Reyes Magos eran de Andalucía