Jueves 27.06.2019

Miedo a la subida del Salario Mínimo

Un empleado bien pagado, es un valor que deberá tener en cuenta el empresario

Si este año recién estrenado trae alguna novedad que destacar, esta es la iniciativa del gobierno a subir el salario mínimo. Algo muy loable sabiendo que España era el tercero por la cola (en Grecia y Portugal es menor) en cuanto a la cantidad del salario que deben cobrar los trabajadores en Europa. Muy loable si tenemos en cuenta que el vigente rondaba los 700 euros por mes. Una miseria. Ni pa' pipas, que diría un castizo.

El gobierno, a instancias de Podemos, partido cuasi afín al PSOE, ambos fieles a sus fundamentos sociales, ha tenido la valentía de no esperar a 2020 para proponer una subida que si en en sus inicios se planteaba escalonada y tímida, ha terminado por causar un fuerte debate al hacerlo de una vez, pronto, con un porcentaje que nadie esperaba, más del 22%. Es la primera vez, en la historia de la economía social española, que el salario mínimo sube de esta manera, justa y legal por otra parte, ante la situación de precariedad que se encontraba más de un tercio de las familias españolas, al subir los costes de las necesidades primarias, sin apenas tocar los sueldos, cuyas subidas eran del 0,25 %, como las que hacía el PP, y lo pregonaban sacando los santos ministros de la cosa en procesión; resaltaban su dadivosidad enviando cartas a diestro y siniestro contando el esfuerzo que debían hacer para llegar a esa limosna. Costaban más las cartas que la pregonada subida. Pero así es el discurso de la derecha, sacar pecho cuando critican, sin lanzar iniciativas originales y coherentes, meter el miedo en cuerpo, y recurrir a tópicos típicos cuando quieren proponer algo, acompañado del lamento de no poder hacer otra cosa ante la situación creada. (Véase su pacto con VOX en Andalucía para tomar el poder, con cuyas ideas “voxistas” no querían saber nada, y por el poder, goloso y deseado, aceptan como si fueran suyas. Quizá lo sean).

Pero volviendo al tema del SMI, recordemos el debate que se ha montado desde que fuera una simple propuesta. Lo veían como la causa del desastre de la nación y su progreso económico  agoreros economistas (los economistas siempre son agoreros, no ven más que números que al ser muchos, les embota la cabeza y acaban por dar un manotazo). Para otros era el comienzo del fin del empleo, y el paro aumentaría hasta límites insostenibles. Hasta en la educación, o sea, en la enseñanza para entendernos mejor, causaría estragos si, Pedro Sánchez y su gobierno en pleno, ponía en marcha tal subida del SMI a 900 euros. Ningún joven pasaría de la educación elemental, ni pensar en estudios superiores, ni siquiera el bachillerato, al saberse que en cuanto entrara a trabajar, ganaría casi mil eurazos. El desaprovechamiento, el abandono escolar, la golfería, haría presa en nuestros centros educativos, nuestra juventud sería más ignorante todavía al contar con que no necesitaba estudios para ganar dinero, que con el sueldo mínimo, tan alto, provechoso y amplio, podía trabajar de lo que fuera, porque en todo caso, esa cantidad la tenía asegurada.

No sé si ocurrirá así. No me siento profeta como para vaticinar, al estilo de los economistas y otros agoreros, que un salario mínimo digno, no alto, cause esta hecatombe. No sé si su impacto social y económico será tan desastroso, pero me temo que no sea así. Estoy seguro, contando que también hay otra ley económica que lo dice: a más poder adquisitivo, mayor consumo. Objetivo de esta sociedad anclada en un sistema pensado por mentes de perogrullo que nos dirigen y nos aseguran modelos de vida que nada tienen de razonables ni lógicos.

Es normal que muchos empresarios de pacotilla y políticos afines, como economistas al servicio de, crean que la subida a 900 euros no beneficiará al país en general, ni siquiera a los trabajadores, y por supuesto menos todavía al mismo empresario que deberá añadir a esa cantidad los impuestos y tasas correspondientes a cada contrato. Otra falacia. Un empleado bien pagado, será más responsable, tratará de beneficiar siempre a la empresa, y se desvivirá por ella, es decir, además de su productividad, que mejorará en calidad, contará con su fidelidad. Un empleado bien pagado, es un valor que deberá tener en cuenta el empresario. Y debo decir que uno de los defectos de muchos empresarios españoles, y, por supuesto, de las multinacionales, es que no consideran al trabajador como un valor, sino como una parte más de sus máquinas, y le da igual uno que otro, inclinándose por el que le salga más barato. Como decía mi abuela, al final lo barato sale caro. Y así van algunas empresas. Buscar mano de obra más barata en otros países, no beneficiará a largo plazo a la empresa, su productividad y calidad se resentirá. Cada vez el consumidor exige más. Una prueba son los comercios chinos que tanto han proliferado en algunas zonas de España, y que al principio de implantarse se encontraban continuamente llenos de clientes. Cada vez surge más a menudo el comentario y la impresión de que la mercancía que venden los chinos, es peor que la nacional o europea, y que hasta en aquellos artículos que parece no haber diferencia, al final, de un modo u otro, se descubre su falta de consistencia; al primer uso, se ha quedado el cliente sin ella, y hay que acercarse a la ferretería de siempre a comprar otra herramienta.

Claro, tengo en cuenta que así está montado el sistema. Pero es un sistema que hay que desmontar. Es pues lógico y natural, que a mayor compensación económica del trabajador, éste se esmerará más en su trabajo, y lejos de perjudicar el consumo y la productividad, ambos aumenten. Porque sin consumo, de nada sirve la productividad. ¿Quién va a comprar o consumir si no hay poder adquisitivo? ¿Para qué producir si no hay mercado?

Pero no era este miedo vaticinado por los expertos por la subida del SMI en el que me quería fijar. Hay otro miedo sobre el que quiero versar el final de mi comentario: el miedo del mismo empleado. Va a resultar un dilema a quien esté trabajando en una empresa, solicitar aumento del sueldo base (igual a la subida del SMI) a su jefe, pensando que si lo pide, el jefe se lo vaya a conceder, imponiéndole peores condiciones, o por el contrario, no solamente se lo deniegue, sino que lo ponga de patitas en la calle por reclamarlo. Cuestión difícil sobre el terreno del tajo. Con mayor razón si dicho empleado no tiene sobre el papel la suficiente preparación, o si teniéndola, no ejerce labores propias de esa preparación. Ante tal dilema, puede que opte el empleado, indefenso, por quedar como estaba, con el miedo a perder el trabajo, aunque gane menos, que solicitar aumento de sueldo equiparándolo a lo estipulado por ley. En este aspecto, es necesario que el gobierno adopte medidas necesarias para que cada trabajador cuente con el salario mínimo estipulado. Deberá habilitar inspectores de trabajo, así como los sindicatos poner manos a la obra a sus delegados, para que se cumpla lo establecido. Y se acabe el miedo al sueldo mínimo.

De los agoreros, mejor es alejarse. Ya sabemos a quién sirven.   

Miedo a la subida del Salario Mínimo