sábado 24.08.2019

Franco on the rock

El Valle de los caídos no sólo es lugar ideal para celebrar conciertos de música, roquera, floklórica, clásica, o de zarzuela, tan castiza ella como él, sino también obras de teatro, convenciones al aire libre, simposios de ecología... Anda que no hay cosas por hacer ahí

No se le ha ocurrido a nadie, como dice el humorista Dani Rovira. Pues a mí, sí. Y dejo constancia en esta columna y grabado en letra de molde. Que luego no vengan otros con la  misma idea. No sé si porque no se atreven, porque les parezca una falta de respeto, porque no se lo merezca, o por cualquier otra razón patriótica o eclesial, pero a nadie se le ha ocurrido. Nadie lo ha dicho. Y me parece una ideal genial. Una idea que nadie podrá discutir, y con la que estarán de acuerdo sobre todo los que pertenecemos a la época dorada del rock y de la canción protesta. Incluso solamente los que pertenecen a la época dorada del rock, sin la “canción protesta”, aunque el rock, quede dicho, también era una forma de protestar. Así pues, aquí va mi idea por si alguien quiere llevarla a cabo. Que lo haga, y sea sin tardanza, querido Sancho. Podía haberse hecho hace años, con mayorías en los gobiernos, pero ni “socialistas” ni “populares” tuvieron agallas para hacerlo.

Una vez extraído debajo de la losa lo que quede, si es que queda, que se destine el lugar a la idea que propongo. Seguro que marcará un hito, del que acaso, como ocurriera con aquel famoso “Festival de los Pueblos Ibéricos” del año 76, celebrado en el campus de la Autónoma de Madrid, apenas se hable, porque siga sentando mal a mucha gente, a esa que todo lo que se haga en torno a ese generalito que mandó en España 40 años, lo considera traición, ofensa, y libertinaje. Como sucedió con ese festival, el que más gente ha congregado en la historia musical de España, del que apenas se habló, y eso que el susodicho, entonces como ahora, era cadáver. Pero ya se sabe, hay gente que se aferra a los cadáveres porque para ellos la muerte no deja de tener su culto. Y hay que irse con la música a otra parte, salvo si se trata de marchas militares.

Y voy con mi idea, que espero sirva para unir a los españoles y sea la solución a tantas iniciativas como se han barajado, respecto a qué hacer con el Valle de los Caídos, que así se llama ahora, y el famoso cadáver que reposa dentro, al pie de un altar, por el que tanto apego religioso sentía en vida, y parece que ni muerto abandona. Se barajan iniciativas sin que hasta ahora ninguna prospere. Aquí va la de este humilde servidor de la patria, por si puede aportar algo a tantos devaneos, y poner un poco de orden en tanto barullo de un lado y de otro, a sabiendas de que por medio está la iglesia con la que siempre uno se topa, Sancho... Idea a la que espero se adhieran muchos y acabe siendo realidad. Porque a nadie ofende la música, y porque a las multitudes no hay que tenerlas miedo, con mayor razón si se trata de unir personas con la música. Si la música amansa las fieras, cómo no a los humanos, aunque a veces nos comportemos peor que fieras (pido perdón a las fieras que nos superan en humanidad). Se unirán jóvenes y no tan jóvenes, estoy seguro; todos estamos en situación de desastre, como sucedió con aquel magno festival de los pueblos de España, que acudieron a él gentes de toda edad, condición, providencia y lugar. Y también, por qué no decirlo, de toda ideología. Hoy las ideologías están confundidas entre sí, y en lugar de separar debieran unir. Por eso mi idea, aunque en principio pueda parecer un tanto estrafalaria, o irrespetuosa, es válida a todas luces, y puede ser un punto de encuentro, la unidad, idea tan querida por el señor difunto, de las diversas Españas. Nada de museo de la memoria, que nadie lo visitará, sólo unos cuantos nostálgicos del pasado. Nada de demolerlo, que no estamos para demoler nada, con lo que costó en dineros y en vidas. Es más, quizá con tanto volumen de vatios de sonido se venga abajo, si es tan endeble el monumento como cuentan. Y si no lo es, pues eso.

Habrá adivinado el lector de qué va la cosa. Vatios, música, multitud reunida... Se viene haciendo desde hace muchos veranos en Gredos, bautizado como Festival de la Naturaleza, al que han acudido artistas de renombre internacional y públicos de todas partes, incluida la más lejana Europa. Otro aliciente, Europa... y Madrid con Aranjuez (mon amour), Segovia, Ávila, Toledo y el Escorial, tan próximos, como gran reclamo. El turismo crecería, sin duda, y repuntaría en el interior de esta España nuestra, ofreciendo algo más que playa y sol.

Como se trata de dar a toda esa infraestructura un nuevo servicio, una vez retirado el cadáver de los cadáveres, esta es mi propuesta: convertirlo en un rockódromo permanente. Sería el mejor y el más espectacular de toda Europa, y parte del extranjero. Ninguno como él tendrá esas vistas, ni esa ubicación privilegiada, en el mismo centro de España, sobre la montaña, visible desde todas partes. Los dictadores, como los faraones, no son tontos, eligen lo que mejor les va, aunque tengan que aniquilar a medio pueblo, o devastar un bosque. Y Franquito no era un dictador menor, se buscó las alturas para acceder más alto después de muerto. Quizá haya quien se lo encuentre en el cielo, que más no se puede subir, ni ayudado por los poderes de las pirámides, ni por los de la altísima cruz.

No sólo es lugar ideal para celebrar conciertos de música, roquera, floklórica, clásica, o de zarzuela, tan castiza ella como él, sino también obras de teatro, convenciones al aire libre, simposios de ecología... Anda que no hay cosas por hacer ahí... Hace falta imaginación. Estas se me ocurren a mí a vuela pluma, pero pueden celebrarse otros muchos eventos para todo tipo de público, acordes con la época del año.

Podía registrar la idea, amigo Sancho, por si surgen conflictos de apropiación indebida. Pero sería inútil, sabiendo cómo dictaminan los jueces. Frente a un pobre paria, que da ideas... ganaría la banca. Ésta no tiene ideas, pero tiene tanto poder como la iglesia. Ambas andan por medio.

He empezado por nombrar conciertos de música. No estaría mal como experimento. Se podría invitar, para empezar con sentido patrio, a aquellos músicos de la llamada en la “larga noche”, “canción protesta”, por honrar la memoria histórica a la que está vinculado el mausoleo, y porque ellos hicieron mucho por el cambio de régimen, protestando contra la mordaza del dictador, y animando a las masas juveniles a que hicieran lo mismo con sus gritos, sus puños en alto, sus ansias de libertad. Propongo que en la inauguración del nuevo uso del recinto, abriera el espectáculo Lluis Llach, por eso de la “Estaca” podrida, símil por fin apropiado, y artista polémico entonces y ahora, y después de recordar a los grandes que fueron y se fueron (v.gr. Labordeta, Ovidi Montllor, Elisa Serna...), las actuaciones de los que siguen en la brecha, desde la Bonet a Serrat y Sabina, otros más jóvenes como Pedro Guerra, Serrano, Luis Pastor, Rosendo, y todos aquellos que sin ser conocidos, pero emergentes, como Rendi Nue y sus letras, y raperos perseguidos, tengan algo que aportar en esta línea de compromiso social. Y para cerrar la solemne inauguración, la presencia del gran Raimon y su himno “Al vent”, que cantamos incluso los que no sabíamos valenciano, y confundíamos con catalán, que era parecido pero no era lo mismo, y que, como otras “lenguas españolas”, estaba prohibido.

Tampoco estaría mal para la inauguración, contar con la presencia de gente ilustre, famosillos de cierta monta y “chorizos” de negro montaje. Se me ocurre una lista a la que se podían añadir otros personajes de enjundia, fama, y actualidad, que le presten su correspondiente boato, caché y repercusión internacional. Por ejemplo, no podía faltar en primera fila, porque así ha estado durante estos últimos años, la ínclita ex todo, María Dolores de Cospedal, con su mantilla y peineta, representante de la mujer española engalanada; o la marquesa de Aguirre, por su omnipresencia en todas partes, cuando estaba y cuando no estaba en política. Eso sí, con su aparcamiento reservado, vigilado por su protegido, el patriota Santiago Abascal, tan afecto al lugar. La señá marquesa debe llevar los tacones bien altos, para evitar hacer declaraciones, y para que se la vea bien, que es lo importante. Que la vean. También debían ser invitados en lugar preferente expertos en materias propias de tal evento: el cloaquista Villarejo, espía de albañal, para grabarlo. López-Viejo, para limpiar luego el recinto, sacar sus buenos dineros de la basura y desperdicios, y esconderlos en el altillo de Granados. El ex jefe de la comunidad y la mafia, alias González (bis), repartiendo botellas de agua del Canal a los presentes. El contable Bárcenas, negro informático, para llevar las cuentas de lo recaudado. M. Rajoy, el de clara oratoria, para anunciar con su galimatías y original verborrea las actuaciones. El belfo Aznar, sentado en el trono, rebuznando instrucciones, escoltado a su izquierda por Rivera y a su derecha por Casado, acólitos con pretensiones de estrellas. Y tantos otros personajes, personajillos y malandrines, como pululan en la política de esta España nuestra. Así puede ser el inicio de la lista de invitados de la derecha; los de la izquierda los daré otro día, si prospera la idea.    

Una advertencia: quien organice el tinglado, que se atenga a las consecuencias. Según está el percal, le puede caer una de no te menees, inmóvil, igual que está el Chaparrito en esa basílica de ese Cuelgamuros. ¡Ah! Se me olvidaba apuntar que antes del concierto, hay que sacar el cadáver y llevarlo a donde sea. También he pensado en ese lugar de “destino para la eternidad” del susodicho, pero esta idea no pienso decirla, ni escribirla. Que luego me cuelgan. No precisamente en Cuelgamuros. Apunta, querido Sancho.

Franco on the rock