jueves 22.08.2019

El “trifachito”

Se esperaba que la derechona echara para atrás los presupuestos, pero no que nacionalistas, independentistas y otras hierbas hicieran lo mismo, y se aliaran con su mayor enemigo

Parece que vienen avanzando. De malas maneras. Como los legionarios y los “tabores” en la invasión de la península, cuando el golpe de Estado de “Franquito” el 18 de julio de 1936. Para ¡salvar España! era el grito, y tras el grito, la guerra con sus ríos de sangre y la devastación de un país, cuyas consecuencias aún perduran. Pensábamos que nos habíamos librado de esas huestes dirigidas por mentes con serrín en la cabeza y sangre en las manos. Pero no. Las guerras, y peor las fratricidas, no acaban cuando sale el último “parte”, perduran durante generaciones. El país, cualquier país, no se recupera hasta pasado un siglo, o más. Aquel día sí fue un auténtico golpe de Estado, a un gobierno democrático, por una porción de militares rebeldes azuzados por la iglesia, apoyados por la banca, y ayudados por varias potencias internacionales. Un golpe de Estado, que duró 40 años con sus largas noches y terribles torturas cívicas, sociales y personales.

Pensaba que hablar de eso, era absurdo en estos tiempos de paz y democracia -aunque sea limitada-, y sacar a relucir estos términos impropios hoy, refiriéndose a unos catalanes que echan mano de su estatut, y a un presidente de gobierno elegido por mayoría en el Parlamento, era de mala entraña, y con objetivos parecidos a los de entonces. Hurgar en el avispero. ¿Para soliviantar masas? ¿Para atraer votos contando mentiras, usando demagogia propia de tiempos pasados y recurriendo a discursos que de tanto repetir durante 50 años, han calado en nuestros genes, y forman parte de un sentimiento social rayano en el miedo, la resignación y la desesperación? A veces, cuando escucho las soflamas de estos tres desenfrenados jovencitos, encaramados en escenarios de obsoleta parafernalia, me vienen recuerdos de discursos de antiguos fascistas, incluso nazis, de hace más de medio siglo. Palabras que suenan a algo, y no dicen nada, su eco es el mismo en Berlín que en Moscú, en Roma o Madrid, ayer y hoy. Frases que parecen correctas pero son mendaces, afirmaciones tergiversadas que no persiguen otra cosa que la inquietud, e influir en la gente ignorante y sin criterio para diferenciar la gestión política de los insultos o argumentos traídos por los pelos que no se ajustan la mayoría de las veces a la verdad, como el tan renombrado golpe de Estado del actual Presidente de Gobierno, y de los independentistas, o el afán que tienen mentes calenturientas en romper España, como si España no estuviera, desde hace tiempo, rota, desangelada, desequilibrada y empobrecida en riqueza, en derechos, en servicios, y en convivencia.    

Y me pregunto: ¿sabrá esto el “trifachito”?: Riverita debe haber sacado sus conocimientos de la barra del bar de su familia. Ya se sabe de qué se habla en un bar, siempre de lo mismo, y con los mismos argumentos. Casado quiere aparentar mayor preparación, sobre todo por haber sacado su máster en Aravaca, junto a una vaca atada a una estaca. Y qué decir del Abascal, cuyos pensamientos se remontan al emperador que hablaba con su caballo, o al “ostentóreo (sic) GIL y Gil, cuyo caballo sabía más de política que él, que por no saber, ni de fútbol, ni de albañilería. Eso sí, le daba una patada a un ladrillo, y aparecía dinero, como él decía, presumiendo de su fortuna y quizá también de su suerte; más de una vez se libró de la cárcel. Los tres jovencitos, imitadores de gente poco deseable, como el dictador Franco -otro aprendiz de fascista- del que copian al pie de la letra sus frases y pensamiento, ante la carencia de los propios, van a volver a hacer de España, “una”, metida de nuevo en un cuartel. “Grande”, cuyo peso nos aplaste a todos; y “libre”, dejando que los grandes empresarios prosperen en su riqueza y poder, mientras, esclavizan a quienes realmente producen... Si no lo remedian los votos de la gente sensata, acabarán con el futuro de este país forjando un presente desolador. Una vuelta  atrás. Como pasada una guerra.

Sus apariciones en la política ya están sembrando el caos entre los mismos partidos. Y eso que acaban de empezar. Se ha visto esta semana en el tema de los Presupuestos Generales. Se esperaba que la derechona los echara para atrás, pero no que nacionalistas, independentistas y otras hierbas hicieran lo mismo, y se aliaran con su mayor enemigo. O son tontos o están ciegos o saben de política menos que el caballo de Abascal, de Calígula o de Gil. Los caballos se conforman con la pastura que les eches, comer ahora, que luego ya se verá. Ni esto han pensado quienes se acaban de cerrar las puertas al futuro pretendido, quizá hasta dentro de décadas. Y entre negociaciones y nulos resultados, por querer más en un espacio imposible, la casa sin barrer.

Un caos. Se han  aliado los independentistas con aquellos que están en contra de su independencia, los anti con los capi, a la par que se dividen las Mareas, y otras corrientes sin cauce fijo. Así no vamos a buen puerto. Y menos con un “trifachito” como administradores. Puede que ocurra como la alianza secreta del primer Triunvirato en la república de Roma, entre Julio César, Pompeyo y Licinio Craso. Acabó mal por la ambición de los tres cónsules que generó guerras civiles y dictaduras, poniendo al imperio al borde del caos que no tardaría en llegar.

Paciente España. Pobre país, guiado por ciegos. No ven que por detrás vienen arreando peligrosamente. Hay que acabar con intereses personales de poder, partido o figurón, y tratar de llegar a un consenso sensato por el bien de todos. Ciñámonos a lo fundamental. Hay que evitar guerras, dictaduras y recortes. Ya vendrá lo demás. Seguro que con el trifachito na de na

El “trifachito”