miércoles 19.02.2020

El dinero, la Iglesia y los problemas del celibato

En este mundo en el que a menudo nada es lo que parece, y donde, como dice la sabia filosofía popular, “piensa mal y acertarás”, el oficio de periodista suele convertirse en policial, mirar entre bambalinas, y leer entre líneas lo que a bombo y platillo se publica, originando sonoras tormentas que atraen la atención del vulgo como un imán la chatarra. No faltan quienes varían este refrán por “piensa mal y te quedarás corto”. Su aplicación a la noticia del escándalo montado por las relaciones de faldas del hasta ahora obispo de Mallorca, Javier Salinas, de la que hemos dado breve referencia en este periódico, ha provocado en este periodista algunas reflexiones sobre el vínculo de la iglesia con el dinero y el poder, su estrecha e histórica relación con las clases altas de la sociedad. Además de otra reflexión sobre la guarda del celibato, estado obligatorio del clero, que suele arrastrar más problemas afectivos que acciones virtuosas, y que tantas veces se ha puesto en entredicho por los mismos célibes, por su feligresía y por teólogos, que lo cuantifican con mayores inconvenientes que ventajas, argumentando en pro de su abolición que no es mandato divino ni evangélico, sino de la norma eclesial, a resultas de los abusos que en otros tiempos, hasta el siglo XII (Concilio de Lertrán y de Elvira), mantenían quienes se dedicaban al servicio religioso. Abusos que siguieron posteriormente a su promulgación canónica. Así como la mayoría lo mantenía siendo fiel a su voto de castidad, que debe ir más allá del simple celibato, otros muchos se lo saltaban a la torera, como el caso del obispo de Mallorca, que con su simple petición de perdón y misericordia por “si ha ofendido a alguien”, no basta. Tiene que ser valiente y dar el paso definitivo. No es la solución su cese y traslado, como sucede con los jóvenes del botellón que si se les impide hacerlo en un parque, se irán a otro, y así sucesivamente, vana medida que no acabará con esas reuniones alcohólicas, o como con los delincuentes, a los que hay que separarlos de la sociedad a la que perjudican. En el caso del obispo, perjudica sobremanera por su alto cargo a los feligreses de su diócesis y a la iglesia en general.

Ante esta “infidelidad” al voto, los eclesiásticos cabales, optaban por seguir a su corazón, y colgar los hábitos, acción honrosa y encomiable, pues es mejor, como se dice, ser buen cristiano, que mal sacerdote. Con esta actitud entre los católicos creyentes no ha lugar al escándalo, considerando que como hombres que son, antes de ser curas u obispos, tienen sus debilidades, y el sexo no sólo es debilidad, sino virtud divina que nos ha creado distintos, complementarios y de fuerte atracción entre los sexos (y la atracción en los humanos, antes que “por procreación”, o sea, el instinto, es por placer, o sea, conocimiento).

Si se opta por el camino eclesial, hay que abandonar el casamiento, y cumplir con los preceptos, aunque no sean dogmas de fe, como el celibato, que precisamente por no ser dogma de fe, es revisable, y su obligatoriedad susceptible de posible abolición. Saben a lo que se exponen los seminaristas antes de tomar las órdenes, y así debe ser mientras sea esa la norma, y no venga un Papa que decida abolirla. Es un debate que está sobre la mesa, puesto ahora de actualidad a raíz de estas relaciones entre el obispo de Mallorca y la señora de la alta sociedad que oficiaba como secretaria particular.

Es natural que un obispo, como jerarca con multitud de asuntos diocesanos, tenga no sólo un secretario, sino varios; este cargo lo desempeña siempre un sacerdote de su confianza, al frente de su equipo de colaboradores. Hasta ahora, por eso de guardar las apariencias y el peligro que late entre jefes y secretarias, no lo desempeñaban mujeres, ni siquiera monjas, para alejar más la tentación. La iglesia católica es reacia a que las “costillas de Adán” ocupen cargos (es fácil deducir porqué). Ya el mero hecho de que el obispo Salinas mantuviera como tal a una señora de la alta sociedad mallorquina, Sonia Valenzuela, había levantado, hace dos años, suspicacias no sólo entre el clero de su diócesis, sino entre la misma alta sociedad que veían algo raro en tanto favoritismo (la nombró además responsable de asuntos externos o pastorales). 

Tales relaciones impropias de un obispo, han llevado a su amiga y colaboradora ha pedir la nulidad de su matrimonio y a negociar con su ex marido el divorcio. Esta es la noticia, pero vete a saber qué hay detrás de tanta información divulgada por todos los medios. ¿No se tratará quizá de desviar la atención de otros asuntos más graves que una simple infidelidad, aunque sea con un alto jerarca de la iglesia, o precisamente por ser con un alto jerarca de la iglesia, sabiendo las precauciones que en casos similares suele mantener el estamento eclesial? La iglesia/poder y el poder/capital no dan puntada sin nudo, sobre todo si detrás se barajan intereses que pueden favorecer a uno y otro. Cuando hay dinero por medio -posee junto a su marido varias propiedades inmobiliarias de alto valor en la isla y es familia emparentada con “grandes” de España, y algunos “grandes” corruptos-, el sexo, mayormente a esa edad, suele quedar relegado a un segundo plano, y puede utilizarse para desviar la verdadera atención ante el interés y curiosidad que despierta el morbo. Riqueza a la que quizá tampoco sea ajeno el obispo, obispos pobres he conocido pocos. Es comportamiento común que las grandes fortunas traten de ocultar sus acciones y negocios para eludir al fisco o privarle de cierta cantidad que se diluye en oscuras operaciones financieras, a las que nos ha acostumbrado este gobierno y las altas fortunas en este país de empresarios chorizos y políticos corruptos, desde el simple alcalde de una aldea, al mismo ex presidente de la Comunidad, Jaume Matas, sin olvidar al cuñadísimo del Rey, ex duque para más señas. Y todo, en el mismo escenario Balear.

Me gustaría, y así se lo hago saber a la Hacienda Pública, que de la misma manera que vigila a empleados y pensionistas, cuyo cotejo es fácil, ponga al menos los mismos medios en estas acciones de los ricos para pillarles in fraganti, en la seguridad de que reportará su investigación mayores beneficios al Estado que las minucias de las declaraciones de pensionistas, funcionarios y otros empleados, cuyas riquezas y patrimonio son fáciles de controlar por estar bien a la vista. Si no hay nada denunciable, mejor, se verá que sólo hay lo que se ve, un divorcio por relaciones impropias.

Finalmente, pasemos del dinero y sus correspondientes ingenierías financieras que no se ven, y se cumplen, a una norma que se ve, pero no se cumple, y provoca en un debate que dura más de medio siglo, desde aquel famoso Vaticano II, tema que, junto a la infalibilidad del Papa, a pesar de haber vertido mucha tinta, queda pendiente de resolver: el celibato.

Los riesgos del celibato

En otras concepciones cristianas y muchas religiones, sus “ministros” no tienen la obligación de permanecer solteros. Los pastores protestantes están casados y a la par que cuidan de su grey, mantienen una familia. Bien sabido es que el apóstol Pedro, el primer Papa, tenía suegra, de la que se habla en el Evangelio, y se da a entender porque así estaba establecido entre la sociedad judía. En cierta manera se refleja también en los mismos Evangelios, que la esposa de Jesús era María Magdalena. El “Evangelio (apócrifo/gnóstico) de María Magdalena” así la pinta: “Pedro dijo a Mariam, “hermana, sabemos que el Maestro te amó más que a las demás mujeres” (X, vers. 1 a 3)”. 

Los mismos católicos heterodoxos, de rito oriental, están dispensados del celibato, igual que los sacerdotes anglicanos, y otras iglesias cristianas. Las hay más avanzadas, que aprobaron el sacerdocio femenino, el gran tabú, como hemos apuntado, de la Iglesia católica.

Hay teólogos que abogan porque sea de libre elección, evitando de esa manera caer en los riesgos que encierran verse privados del don de la sexualidad. Se evitarían aberraciones como la pederastia y otras relaciones impropias o, como dirían, “contra natura”. Su integración social sería más normal, completa, solidaria y comunitaria al padecer los mismos problemas que cualquier matrimonio, con lo cual unirían la sabiduría teórica a su experiencia personal a la hora de ofrecer consejos y ayudas a su comunidad. Existen comunidades cristianas y grupos sacerdotales que aun estando casados siguen ejerciendo su ministerio y celebrando la liturgia, misas y sacramentos, y son aceptados como un miembro más de la comunidad sin lugar a escándalo ni otros comportamientos. En el mundo se calcula que hay alrededor de 90.000 sacerdotes casados que siguen dando ejemplo de su compromiso matrimonial y evangélico. En España se pueden contar entre 6000 y 8000 sacerdotes casados. Incluso hay una Asociación de Sacerdotes Casados, que funciona en España, en Méjico y en otros países de América Latina....Tienen sus reuniones y celebran congresos de cuando en cuando para debatir este y otros temas relacionados con su ministerio y la postura de la iglesia frente a su pastoral, mal vista en la mayoría de los sectores de la jerarquía católica. Algunos de estos curas ofician en la clandestinidad; siguen manteniendo su ministerio y su lucha contra esta ley que consideran “contra natura”, obsoleta y perjudicial hasta para ejercer su labor.

El dinero, la Iglesia y los problemas del celibato