miércoles 21.08.2019

20-N día del subnormal

España ha cambiado, aunque algunos no quieran. Sus manifestaciones son indicio de ceguera y casi de apología del terrorismo. Y todavía faltan cambios, que sin duda llegarán. El futuro lo tienen las nuevas generaciones que no saben quién fue ese señor. Y deben saberlo para que no se repitan “salvapatrias”

No quería haber escrito nada sobre este día por el recuerdo que trae. Tenía pensado haber publicado en esta fecha algo que nada tuviera que ver con la defunción de un general que dio un golpe de Estado, montó una guerra entre hermanos, acabó con un gobierno elegido por el pueblo, y mató y arruinó uno de los países que podía haber sido puntero en Europa, con un avance social justo e igualitario, y una prosperidad cultural y económica, que en pocos años hubiera superado al resto de países continentales. Pero vino ese general apoyado por potencias extranjeras, y se cargó todo. Se creía “enviado de Dios para salvar España” de tanto desorden y corrupción. En su lugar instaló la paz de los muertos, impuso el orden cuartelero, sembró la discordia, extendió el miedo, y destruyó cualquier atisbo de libertad y prosperidad. Una fecha para celebrar el renacimiento de una nación. Para unos, sí. Para otros, no. Ese día, para media España, fue motivo de celebración, llegó lo que se esperaba con ansia, su muerte. Para otros, fue día de tristeza porque sin su vara se temía lo que llegaba... ¡la anarquía! Para aquellos, con el champán en la mano, se hacía realidad una añorada esperanza. Para otros, con el luto en el cuerpo, terminaba una era bajo la vigilancia del todopoderoso. Así era. Las dos caras de la misma moneda. Y cierto es, tenía todos los poderes. Así había marchado esta sociedad, dentro y fuera de nuestras fronteras, a paso de uniformado cuartel. Convirtió España en su cuartel, con arrestos y calabozos incluidos, y luego en su negocio, familiar, de amigos y clientes que le aplaudían y le mantenían, incluso bajo palio. Se habla de fortunas, pero la de su familia -imposible de investigar, y menos de expropiar- es de las más grandes de Europa. En su persona, que presumía de austeridad y honradez, el poder, el dinero, el crimen y la corrupción, eran “el pan nuestro de cada día”, que se lo bendecía la iglesia, desde el desayuno con sentencias de muerte, hasta la misa de doce con bendición eclesiástica. Y cuando no eran sentencias de muerte, conmutaba la pena por cadena perpetua. Todo bajo su ordeno y mando. Recién acabada la guerra, le presentaron el expediente del poeta Miguel Hernández. Un condenado más a muerte, a cuya conmutación, recomendada de importantes afiliados a su régimen, hizo caso omiso. Cuando vio su expediente de condena, con la solicitud de su absolución, movidos por compasión hacia el poeta, personaje inocente, y preguntó quién era, no obtuvieron otra respuesta que "¡ah!, ése... que se pudra en la cárcel". Y como tantos otros inocentes -todos eran inocentes- se pudrieron en la humedad de los calabozos.   

Así era el general que liberó a España de las hordas marxistas y el contubernio judeo-masónico. Era tan bajo de inteligencia como de estatura, moral y física, que necesitaría a otros para tan gloriosa misión.  Con ayuda y apoyo de las democracias vigentes, desde las Europeas, a la de los EE UU, la más interesada, junto a Hitler, en que montara esa guerra, salió victorioso. ¡Ah! Se me olvidaba. Y la ayuda de Dios, que por algo fue declarada “Cruzada” por la Santísima Iglesia, que veía tambalear su negocio con tanto ateísmo e imperante libertinaje.

Estuve hecho un mar de dudas sobre si decir o no decir algo acerca de ese día que murió Franco, un 20 de noviembre de 1975. Pero ante lo que he visto en los medios informativos, manifestaciones en favor del personaje, y de su memoria, no he tenido otro remedio que anotar algo sobre el tema. Sobre todo, porque parece mentira, y nadie se ha atrevido a hacerlo, no haber declarado, hace años, su régimen y su parafernalia, como ilegales. No haber prohibido cualquier manifestación, asociación, o su exaltación, como han hecho otros países, Alemania con el nazismo, e Italia con el fascismo. Aquí, no. Aquí somos de otra tela. “España es diferente”, lo dijo un colega suyo, amante de torturas y muertes, a escondidas y en plena calle, ministro suyo toda la vida, que acabó convirtiéndose, como demócrata de toda la vida, en presidente de una sucursal de España, para resarcirse de no haberlo sido antes de toda la finca, que pudiera constituir su herencia completa. Amamantado en las ubres franquistas, hubiera continuado su labor con la misma dedicación, ímpetu y mano dura que el general. Y como él, toda una caterva de palmeros franquistas, que presumiendo de continuar el régimen vigente, y seguir con sus prebendas, hubiera arrastrado a España al abismo. Claro que los tiempos ni la misma sociedad lo iban a permitir.

Cuando todavía mamaba mucha gente de esa ubre, en la llamada Transición, el recuerdo del jefe muerto, permanecía presente, y así querían difundirlo. Cada día aparecían pintadas en cualquier muro de cualquier lugar, no precisamente grafitis. Decían de todo, desde “Con Franco vivíamos mejor”, a la que habían añadido, con otro color y otra letra “algunos”,  a “Suárez, traidor”, y otras lindezas por el estilo. En muchas de ellas, precisamente por estas fechas, como aviso a que nadie lo olvidara, habían escrito: “20-N”, a la que añadían en algunas, “Manifestación en Plaza Oriente”, o simplemente, “20-N. Nuestro Día”.

Recuerdo que hice fotos de esas pintadas. (Las he buscado y no doy con ellas, por eso no quería escribir nada). Sobre todo de dos que me llamaron la atención. Una por su garrafal falta de ortografía, y la otra por el añadido, con otra caligrafía, a la fecha consignada. Estaban en la misma pared, aunque muy separadas: “No al govierno”, una, y la otra, “20-N”, con el sugerente añadido: “Día del subnormal”. Ambas tenían justificación. El nuevo gobierno de Suárez no les merecería ser denominado como tal, pues según su parecer no llegaba a eso, era defectuoso. Y la fecha era una nueva efeméride que pretendían hacer recordar a todo españolito.

“20-N, día del subnormal”. Me pareció muy acertada. Y que nadie se ofenda. Entonces esta palabra era de uso “políticamente correcto”, que diríamos hoy. No era insulto, sino descripción, muy propia en su sentido literal: alguien que está en facultades mentales por debajo de la normalidad. Entonces no se refería a una enfermedad, sino al comportamiento, resultado de mente desviada o sin desarrollar socialmente lo debido. Hoy más que nunca, vistas tales manifestaciones, aplicable literalmente a los que todavía no han asimilado que España vive en una “normalidad democrática”, de la que carecía esos años con ese señor en el poder. Años de conculcación de los Derechos Humanos, a los que nadie, con dos dedos de frente, quiere volver. Desgraciadamente todavía hay gente e instituciones que les gustaría el paso atrás.

“20-N, día del subnormal”. Con razón en estos tiempos globalizados y de mestizaje, donde  impera el intercambio, y hay conceptos superados por la cultura y el sentido común. Y por el respeto a los demás. Nada que ver con la “Discapacidad intelectual” concebida como enfermedad.

España ha cambiado, aunque algunos no quieran. Sus manifestaciones son indicio de ceguera y casi de apología del terrorismo. Y todavía faltan cambios, que sin duda llegarán. El futuro lo tienen las nuevas generaciones que no saben quién fue ese señor. Y deben saberlo para que no se repitan “salvapatrias”.

20-N día del subnormal