martes. 23.07.2024

Romper encuestas y desfacer entuertos

Encuestas y estadísticas son una forma de inducir a los indecisos a sumarse a la mayoría, o subirse al carro del ganador, como señalan los expertos.

A los afligidos, no se les ha de añadir aflicción”
Cervantes

No cabe duda de que las encuestas favorecen a quien las encarga y paga. Cuando no es así, sus resultados se ven condicionados por la ideología de quien las hace, o la intencionalidad de quien las realiza. Ante las próximas elecciones ya salen encuestas que dan como partido más votado de nuevo al que hoy sigue gobernando en funciones (sin funcionar). Sin olvidar, como dijo Baroja, que el mejor gobierno es aquel que no gobierna. Quizá por eso siga siendo favorito para el 26-J.

De manera semejante sucede con las estadísticas. Ambas, encuestas y estadísticas, están para romperlas, que dijo el sabio. Sin embargo, a menudo sucede que sus resultados y previsiones nada tienen que ver luego con la realidad, pero como ocurre con los adivinos, pocas veces se reconoce que estaban equivocados, que en el fondo encuestas y estadísticas no sirven sino para condicionar a la opinión pública, y hacerla creer lo que no es, ante la falta de argumentos de lo que debe ser. Cuando salen contrarios los datos a los previstos, se achaca a cualquier circunstancia con tal de seguir dando validez a la futurología de las matemáticas y las proporciones.

Encuestas y estadísticas son una forma de inducir a los indecisos a sumarse a la mayoría, o subirse al carro del ganador, como bien han estudiado los expertos que se dedican a manejar estas cosas. Para eso se hacen y se pregonan a diestro y siniestro. Habrá quien, a la vista de tales resultados, para no ser menos que nadie, y creer que si la mayoría se inclina por tal o cual producto, tendencia o partido político, piense que algo bueno debe tener. Todo en este mundo tiene algo de bueno y de malo, pues la perfección, según nos enseñaron, solamente es cualidad divina, y está tan lejos de nosotros, pobres mundanos, que a lo máximo que podemos aspirar es a equivocarnos lo menos posible cuando tan dados somos al error. Según esta premisa, si el error lo comete la mayoría, nos damos en pensar que será menor, que quizá ese error se haya convertido en acierto al ser aceptado por la mayoría, de tal manera que locos no pueden estar casi todos, sino quien piensa de forma contraria. Gran falacia, amigo Sancho, que nos puede llevar al desastre cuyo entuerto será luego imposible de desfacer, incluso para grandes y heroicos caballeros andantes, como son los ciudadanos de este mundo que disienten del pensamiento único y mayoritario. Garbanzos negros rechazados por no ajustarse a los parámetros marcados por quienes los marcan para que todo siga como está, y se confirmen los resultados que ellos, como buenos y certeros adivinos, ya habían previsto y analizado a través de sus estadísticas y encuestas.

CAMBIAR DE PIEL POR EL CALOR

No es bueno que alguien se salga del redil y se muestre contrario a las ideas que imperan y que han imperado siempre; para impedirlo, están los que mandan, permitiendo que todos vivamos en paz, tratando de evitar desastres, manteniendo el orden, encauzando pensamientos, obras e intenciones. Común es la creencia de que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Que si ha habido villanos que han metido la mano, el brazo y el antebrazo en las arcas de los dineros públicos, al menos no han metido la pata, y puede que si los apartamos, los que vengan detrás la metan hasta el corvejón y nos dejen con tres palmos de narices, y donde hoy hay poco pan, mañana no haya ni mendrugos que llevarse a la boca. Que mejor que honra sin barcos, es barcos sin honra, pues la honra no la necesitan; que los barcos y yates de esta gente que ha desempeñado altos cargos en altas administraciones, al menos los tienen ya pagados con dinero ajeno, y circulan libremente por autopistas y mares, sin nadie, ni jueces, ni fiscales, ni guardias, ni civiles ni de paisano, que les llamen al orden y les metan en oscuros calabozos, y si lo hacen, no es sino para seguir disfrutando de sus comodidades, y comiendo, como antes, a nuestra costa. Mejor sería, amigo Sancho, si todo fuera como debe ser, que les traigan en su mismo barco para, sin abandonar el mar tan querido, meterlos en galeras, que es otra parte del barco para navegar, obligado y sin disfrute, y sepan así cuán duro es el trabajo sin recompensa propia y en beneficio de unos pocos.

Que han metido la mano, pero no la pata, se piensa mayoritariamente. Y quién nos dice que si vienen otros no la meterán hasta los corvejones y nos llevarán a la ruina con sus políticas de reparto, sin recortes a los pobres, y con mayores impuestos a los ricos, dando a entender que los ricos serán menos ricos y los pobres menos pobres... Nunca ha sido así, los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, que los unos lo son a costa de los otros. Que quien manda, manda, y no se va a dejar mangonear por unos mindangos que ni pinchan ni cortan en la sociedad, porque eso sólo está al alcance de los privilegiados, y éstos se pueden contar con los dedos de una mano.  Y volvemos a Baroja, querido Sancho, que como tú era un sabio socarrón de pueblo que no se sometía a moldes ni a modas ni a mayorías, y distinguía, según su saber, siete clases de españoles, poniendo en los dos últimos lugares a los que triunfan sin saber y los que viven gracias a que los demás no saben. Y añadía, fiel escudero, que estos se llaman a sí mismos “políticos”, y a veces hasta “intelectuales”. Hablan y hablan, aparecen en tertulias televisivas y diarios apócrifos, vaticinando resultados, interpretando encuestas, mostrando estadísticas y augurando grandes males si los españoles votan a quienes ellos no digan.  

Y el pueblo a mirar, a callar, a obedecer, a pagar y aguantar lo que le echen. Como ha sido y seguirá siendo. Lo contrario, que el pueblo sepa elegir a quien mejor les convenga, es una quimera. A la gente hay que decirla a quién votar, para eso son las encuestas, para orientarlo. Puede que en algún caso se equivoque al elegir (pero al ser mayoría, queda dicho, será menor el error, incluso podría considerarse un acierto). Además, tal equivocación, no dejará de ser en “casos aislados”, que para eso la mayoría ha votado lo que ha votado.

Eso de que un día estén abajo los que hoy están arriba, es pura utopía (he dicho “pura”, no me malinterpreten, como con el resto del artículo). Los de abajo no saben estar arriba, y a la inversa. Por eso la historia es como es y estas cosas no suelen suceder. De siempre el poderoso hace lo que quiere, que con poder y dinero no hay nadie que le quite lo bailao. Ande yo caliente y ríase la gente, que si para eso tengo que quitar la raída capa al soldado, a tomar vientos mi dignidad y graduación, que con ella me arropo y allá cada cual con su pan, su gloria, y su frío, que yo voy bien servido, que para algo me han puesto donde me han puesto y he llegado a donde he llegado. Y para eso tengo los galones bien puestos. Si los demás son tontos... allá ellos, que no me hubieran votado y apenquen con el resultado.

Que es mejor una cuenta con cuentos en islas del tesoro que mil cuentas en penínsulas baratarias, donde hoy reinan unos y mañana otros, donde nunca se sabe si los dineros estarán seguros porque puede suceder como hace ochenta años, que los billetes de un lado no valen en el otro, y sea menester volver al trueque y al estraperlo, por no decir a la cartilla de racionamiento para quien no tenga ni donde caerse muerto.

Por cierto, querido Sancho, en este punto tengo que llevarte la contraria, y no me tildes de loco, que sé bien lo que me digo, que he visto mucha gente hambrienta acudir a ventas sin ventas, porque no se trataba de vender nada, sino de regalar comida a familias que carecen de comida y no la pueden comprar ni cultivar porque no tienen ni dinero ni trabajo. Comedores sociales, lo llaman, y debe ser lo poco que queda de social. El resto es privado. No te asombres, está ocurriendo aquí mismo, en tierras de progreso y civilización; en una nación, poderosa y rica nación, que a pesar de los desalmados (sin alma) que la esquilman, sigue perviviendo aunque casi nadie trabaja, y por tanto no produce, no por vagancia o pereza, que el español es diligente y trabajador, y sabe que el trabajo le honra y dignifica, contrariamente al hurto o sustracción de la riqueza ajena. No produce, porque no hay puestos donde emplearse, como el campo yermo... Bendita nación, tierra generosa en productos de huerta, donde apenas quedan mieses, ni pastos, ni mares que se contaminan o se venden a buitres y piratas. La quieren hundir los tan declarados patriotas cuando mejor sería hundir sus yates con ellos dentro y sus amantes de circunstancias, amantes de la familia tradicional, que no creen en el divorcio; hundirlos con  ruedas de molino cuando vayan a revisar sus cuentas con cuentos en esas islas misteriosas que toman por paraísos al modo de refugio de piratas y cueva de malandrines.

Mi querido Sancho, he decirte algo más, esta gente ha proliferado y se ha multiplicado como hongos por doquier que miremos, en mar y en tierra. Bien cierto es que “la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso, según Cide Hamete.  A su partido mejor sería denominarlo sociedad secreta de aviesas intenciones, que, formado para administrar la sociedad, mientras ésta se esfuerza en trabajar y producir, lejos de administrar en su nombre los bienes comunes, que son muchos, variados e innumerables, se dedica a esquilmar salarios, evadir capital, denigrar al vecino y deteriorar  servicios, y donde deberían poner un centro para curar males, ponen oficinas para recaudar dineros con los que llenar sus barcos camino de las islas del tesoro. Y lo que es más grave, amigo Sancho, los ciudadanos les siguen llamando políticos en lugar de piratas, o presidentes en lugar de mangantes. Deben estar cegatas estas gentes si siguen otorgando confianza a gentuza que les ha traído el mal, y lo seguirá haciendo.

Recuerda, mi fiel escudero, el zorro pierde el pelo pero no las mañas. De aquí a los próximos inicios del estío parece ser, según los adivinos, que los zorros, cambiada la piel por el calor, seguirán diezmando impunemente corrales, y a pesar de eso, les seguirán ofreciendo gallinas y bolsas de cuero con dineros quienes acudan a las cajas transparentes manejados por espurios vaticinios. Siguen tropezando en la misma piedra. Te digo algo más para que tu cerebro de escudero deje de ser prosaico y se enaltezca sobre el de otros de tabula rasa. No me extraña que se sientan orgullosos de estar como están, se han convencido de que, tropezando en la misma piedra, no son asnos. Se consideran superiores a este noble animal por un detalle que debería hacerles reflexionar sobre lo contrario. El rucio donde tú vas, es más inteligente que esos, que se creen animales racionales y no llegan al tuyo ni a las pezuñas.

Mi fiel Sancho, cuánto deberían aprender los humanos de estas nobles cabalgaduras y saber diferenciar quien les ofrece una piedra de quien les da un mendrugo de pan.    

Romper encuestas y desfacer entuertos