sábado 24/10/20

Ratas que abandonan el barco

El coronavirus es uno de esos desastres que en estos tiempos de globalización se expande como la pólvora por todo el globo terráqueo.

Por activa y por pasiva. Todo se ha dicho, y escrito, y comentado, y blablabla..., desde estúpidas tertulias a sesudos artículos. Todos se expresan con mayor o menor acierto, y unos pocos lo hacen -como dicen en mi pueblo- meando fuera del tiesto. El tiesto es España, esa palabra, que no país, por el que dicen luchar, cuya unidad temen se rompa. España invadida por un enemigo común, de unos y de otros, enemigo social sin distinción de estatus ni de ideologías, pandemia, no sé si provocada, pero sí expandida, que conlleva un estado general de alteración social, conocido como “la doctrina del shock”. Título del libro de la periodista canadiense Naomí Klein, publicado en 2007, donde analiza los desastres originados en muchos países con la aplicación de economías promovidas por los Estados Unidos, a partir de las teorías de Friedman y sus seguidores de la Escuela de Chicago. El capitalismo del desastre, desarrollado desde 1973 (Chile/Pinochet) a hoy (guerra de Irak, 2003), o el huracán Katrina, que origina pobreza en los débiles y riqueza en los grandes emporios supranacionales que, para llenar su bolsa, tratan de reconstruir ese desastre, aumentando más las desigualdades. La conmoción, confusión y pánico que engendran tales acontecimientos, como ahora el virus letal en todo el mundo, pueden dar pie a los gobiernos a tomar medidas y reformas hasta perturbar, cuando no aniquilar, el estado de bienestar, y si es preciso, conculcar los derechos humanos. Para eso se ha cultivado e inoculado esa violenta destrucción del orden social y su economía. Reformas siempre impopulares, pero aceptadas por la mayoría social para evitar lo peor, en espera de tiempos mejores, que casi nunca llegan.

El coronavirus es uno de esos desastres que en estos tiempos de “globalización” se expande como la pólvora por todo el “globo terráqueo”, y como la pólvora, explota alterando no sólo la vida social a la que estaba acostumbrado el ciudadano del consumismo, sino también el medio en el que vive, contaminando y depredando. Uno es consecuencia del otro. Quizá la naturaleza se esté defendiendo y regenerándose a sí misma ante la desidia de los humanos y su interés por la economía, antes que por la ecología, y por la vida.

Baste esta introducción de frases respetuosas con mis lectores, para dar paso a la gestión que de este estado vírico están haciendo nuestros políticos, dejando a un lado opiniones, chateos y wasapeos, que de todos los colores, ideologías, comentarios, obscenidades, falsedades, y hasta insultos, se divulgan por móviles e internet, junto a otras ocurrencias para soportar mejor la cuarentena. Todo encaminado, desde la derechona más rancia e inoperante, a derribar un gobierno que no les sienta bien.

Tampoco entro -pues en mis artículos he hablado muchas veces de esto- en el descaro, el atrevimiento, la sinvergonzonería, y la falta de moral de los políticos del PP y VOX (por resaltar a los que tiran del carro de la insolidaridad), queriendo vender una moto, criticando lo mal que lo está haciendo el gobierno de coalición. Se olvidan los del PP (Partido Podrido) que ellos, en situación más benigna, lo hicieron peor desmantelando la sanidad pública, recortando servicios, echando a la puta calle (ya empiezo con las soeces anunciadas) a funcionarios y demás personal en sanidad, educación, seguridad, investigación... para recortar gastos -no había crisis que lo justificara-, y llenarse sus bolsillos -eso lo justificaban por financiarse-, y de paso trasladar empresas públicas a manos privadas. Un robo descarado por el que deberían ser juzgados, enviados a la cárcel y con el dinero devuelto a donde pertenecía, incluida la comisión. El virus de la corrupción. ¿Con qué argumentos nos vienen ahora? Quieren echar la carga del mochuelo cadáver sobre un gobierno que se está partiendo el pecho por sacar adelante este caos de muerte y miedo. Una carga que viene de atrás, fruto de recortes, mamandurrias y corrupción sistémica de anteriores gobiernos manipulados por grandes empresas.

Oposición inmoral y soez

Critican la falta de preparación de nuestros actuales dirigentes, que no saben administrar esta situación estrambótica, cuando ellos no fueron capaces de gestionar temas tan simples como el traslado de unos cadáveres, por seguir con muertos (Yak-42, atentado 11-M), menos graves que la pandemia. Que carecen de preparación, por ser nuevos en el poder, cuando ellos, dirigentes de la oposición, se han encontrado no en las facultades, sino en la calle, falsos diplomas, másteres y estudios... y el poder y las “mordidas” han sido su diario comportamiento. Incapaces ante la marea negra del petrolero Prestige, que perdía petróleo por todas partes como ellos pierden sus mentiras a estribor y babor. Ahora se encuentran muy a su pesar sin ese poder al que estaban acostumbrados para hacer fortuna. No pensaban en España. El país les tenía sin cuidado. Se aprovechaban de él para, en connivencia con sus compinches sin escrúpulos (Dios los cría y ellos se juntan) hacer negocios, construir grandes obras que no sirven para nada, y mentir más que hablan. Si así se comportaban en tiempos de bonanza, o de crisis menos graves, cómo van a tener un comportamiento honesto cuando el barco naufraga. Como las ratas abandonan pronto el barco. Imitan a esa Europa del norte, insolidaria y ciega que no sabe o no ve que la riqueza, la vida, los frutos comestibles, están en la zona sur. La UE en peligro, advierten... Pues que se vaya al carajo junto a su técnica y su falso progreso, que “yo nací en el Mediterráneo”.

Hablan de romper España, sacan a relucir otra vez el coco del comunismo, se alinean con grandes empresas que quieren lavar su cara practicando la caridad, en lugar de pagar impuestos... Se llenan la boca lanzando mil tonterías porque no tienen argumentos para hacer una oposición digna. Recurren a iniciativas de pacotilla, como los obispos  a la oración, que lejos de mejorar la situación, la empeoran, matando a débiles y abandonando a los más necesitados.

Van de Oposición y ni siquiera saben oponerse, son incapaces de oponerse, acostumbrados al ordeno y mando, por algo vienen de donde vienen. Se llenan la boca con la nación, cuando su nación es Suiza y otros “paraísos”, y no cultivan el suyo que les da la vida... Temen que se rompa España, cuando ellos la han dejado rota con sus recortes, aumentando la desigualdad y privando a los españoles de una existencia mejor, reservada a unos cuantos, y no a quienes precisamente con  su sudor y lágrimas se lo merecen. El español solidario, que paga sus impuestos y no los evade. El español condenado a un trabajo precario, que, según dicen no se merece una subida del salario mínimo, porque, repetían, se crearía un desastre económico y empresarial... En fin, una oposición que no sabe estar a la altura que las circunstancias exigen de colaboración, arrimar el brazo, de anteponer las vidas humanas a la economía, de luchar para acabar con esta situación de shock, y ofrecer iniciativas ahora y para cuando esta pandemia haya sido vencida con el pueblo unido.

Desgraciadamente, parece que esta oposición política está muy alejada del pueblo.  Son ratas que abandonan el barco.

Ratas que abandonan el barco