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sábado. 01.10.2022

Política Podrida

El Partido Popular, el menos popular de todos los partidos, también conocido como el Partido Podrido, el más podrido de todos los partidos, dirige España por segunda vez, y otra vez la envía al desastre diciendo que hay que dar un paso al frente dejándole gobernar, colocados al borde del precipicio, donde sin duda caeremos si sigue gobernando. En los casi trece años (8+5) que ha estado en el poder ha seguido desvalijando, cual ladrón choricero, este rico país, al que ha empobrecido con sus nefastas políticas, primero con Aznar, económico/inmobiliarias y especulativas, y luego, con Rajoy, en régimen de austeridad y recortes sociales, mientras sus dirigentes y allegados, con la disculpa de la crisis, inventada por ellos mismos para que los demás sufrieran y ellos se aprovecharan, se han “forrado y aforado” para burlar la ley y evitar la Justicia. Su poderosa maquinaria de propaganda, apoyada por grandes empresarios sin escrúpulos, y medios de comunicación y desinformación, compañeros de corruptelas y evasores de capitales, han legitimado que se siga presentando a unas elecciones, y las gane. Esto sólo ocurre en este país, y en alguna que otra república bananera. Que un partido podrido por la corrupción siga presente en las urnas, dice muy poco de nuestra democracia, cuya esencia es la igualdad de oportunidades, la transparencia y la libertad. La corrupción, en mayor grado la corrupción sistémica de quienes administran una sociedad, es característica de las organizaciones mafiosas y criminales, y en su escenario no ha lugar la igualdad, la justicia y la libertad. La corrupción, promovida desde el mismo poder, anula esas condiciones fundamentales, sumiendo a la sociedad en el miedo, la pobreza y el agravio, donde el bien común desaparece para dar paso al interés privado en detrimento del interés de la mayoría. La corrupción no es solamente desviación de capitales, inversión en obras inútiles, malversación de fondos públicos con comisiones y sobresueldos, ni favoritismos a uno u otro sector, a una u otra empresa, conculcando la igualdad de oportunidades. La corrupción es un crimen social. El cáncer de la democracia. Con ella imperante acaba la convivencia social, se destruye el progreso y se anula el futuro de un país.

Para empezar, por ser un partido corrupto, no debería presentarse a unas elecciones. Y si sumamos que es un partido que debería haber sido condenado, declarado ilegítimo, y anulado, por estar al margen de la legalidad, según la Ley de Memoria Histórica, y su financiación con dinero público, su razón de ser se vuelve nula.

Además, igual que cualquier partido con reminiscencias nazis o fascistas, como en Alemania, Austria e Italia, estaría prohibido, como lo están estos dos en esos países. No ha habido condena oficial del franquismo como en otras partes el nazismo. Un ejemplo lo dio Austria cuando su canciller, Kurt Waldheim, salió elegido y se vio obligado a dimitir en 1992 al descubrirse que había ocultado su pasado sirviendo en una unidad de las SS. No solamente le obligaron a dejar la presidencia austríaca, tras un largo currículum de prestigio en política nacional e internacional, sino que abandonó su carrera política y tuvo que abstenerse de presentarse a próximas elecciones, hasta acabar siendo declarado persona “non grata”, por su pasado y por haber mentido ocultando parte de ese pasado. Eso debería ocurrir en España con muchos de estos políticos que colaboraron directa o indirectamente con el régimen de la dictadura. Pero no, mienten, dirigen grupos de ladrones dedicados a esquilmar la sociedad, y siguen en la política, ascendiendo puestos o presentándose a elecciones como honrados demócratas, a pesar de su pasado y de sus presentes corruptelas, propias del oscurantismo de la dictadura. Piden descaradamente el voto, y la gente ciegamente les vota. Porque en España los dirigentes del PP son herederos y colaboradores de esa historia oscura de donde surgió esta democracia, que mientras siga así será una democracia impropia, viciada.

El partido nazi, el fascismo, el Partido Popular, son  partidos que en su misma esencia atentan contra los principios de la democracia. No digo que el PP sea fascista, que ni a eso llegan, son simplemente una panda de granujas taimados, cuyo afán es únicamente amontonar dinero para disponer  de un “volquete de putas”, comprar el último deportivo y presumir de dinero ante sus “coleguitas”, que en tales términos se expresan.

En España, con una ley semejante a las promulgadas en países del entorno, no se ha condenado todavía oficial y formalmente el franquismo, régimen de características semejantes, incluso peores por su impunidad y la prolongación histórica en asesinatos, hermano gemelo de los anteriores, que, como los anteriores, atentó y acabó con la democracia. Basta con mirar su historia. Son hijos/nietos del franquismo más puro y duro, fundado por dos estrechos colaboradores del dictador, y producto de un fracaso. Un rejunte de pequeños partidos de antiguos dirigentes franquistas. Repasemos brevemente su historia para no llevarnos a engaño.

Colaboradores y herederos de la dictadura

El actual PP surgió del fracaso sorprendente del genuinamente denominado Alianza Popular, fundado y presidido por un ministro de la dictadura. El permanente ministro que lo fuera todo con Franco, Fraga Iribarne, fundó en  1976 Alianza Popular. Pequeño partido a su imagen y semejanza, que en principio, con Franco “in memoriam”, parecía tener las de ganar. Apenas si obtuvo votos: en 1977, el 8%, y en 1979, el 6% La derecha, fraguistas y franquistas, políticos de medio pelo y palmeros al unísono, liberales por decir algo, monárquicos escondidos, demócratas recién nacidos o cristianos… estaba dividida, y tantas iniciales y siglas no esperaban tal batacazo. Por eso el longevo en edad, “dignidad y gobiernos”, don Manuel Fraga Iribarne, experto en lides políticas y astuto, que del error aprendió enseguida, fundió su fracasada Alianza Popular, y refundó, junto a Ruiz-Gallardón, padre, otra alianza en 1989, el nuevo conocido como Partido Popular, donde integró multitud de siglas con el perenne tufo personalista y franquista.

Los expertos en poder omnímodo, favorecidos hasta entonces, y frustrados por perderlo después de tanto tiempo en él y con él, haciendo de su capa un sayo, y de las ajenas, sus fortunas, no podían desperdiciar la oportunidad de volver a encaramarse donde tiempo atrás estuvieran, apartando a los que nadaban entre dos aguas, una vez deshecha la UCD. Unidos en el ideal comenzaron a estructurarse para llegar, después de quitar a unos y poner a otros, a la Moncloa. De la más rancia Democracia Cristiana pasando por otros partidos, personalistas y efímeros como el Liberal, Coalición Democrática, Ciudadanía Liberal, Renovación Española, Coalición Popular, etc -nótese el reparo en llamarse “Partido”, algo que a tenor del “Espíritu Arias Navarro”, con su “democracia orgánica”, sonaba a herejía socio/comunista/masónica, intolerable para sus estrechas mentes-, disfrazados de “demócratas de toda la vida”, conformaron este partido, el PP, actualmente más “partido” que nunca. Tras pasar, por fin, muchos debates donde predominaba la nomenclatura “asociación”, “alianza”, “coalición”... convinieron en admitir el nombre de “partido”, y confundirse con otros. Todo un alarde de imaginación, a tenor de los pobres resultados pasados y del reajuste y rejunte de ideologías de la extinta UCD. Una vez eliminado el gran personaje, el valiente ex presidente Suárez, los que no le aceptaban, por no considerarle fiel al legado, pensaron suplantarle, y para ello y para hacer frente a los llamados “partidos” de la izquierda, que venía fuerte y amenazante, tuvieron, digo, la feliz idea de unirse, eso sí, sin Suárez, considerado por muchos de sus antiguos compañeros un traidor a los “Principios del Movimiento”, como si el movimiento fuera tal y tuviera otros principios que el de provocar el final de la utopía.

Unirse para ganar. Pero no lo lograron, aunque unidos se mantuvieron bajo la batuta del que, nada más morir Franco, se creía ya presidente nacional, soñando con vivir en el Pardo, como su antiguo amo. Tenaz, pertinaz, duro y perseverante como buen gallego, no podía, después de haber pervivido en los más altos puestos en diferentes etapas de la dictadura, no podía conformarse con menos que ser presidente. Su constancia en tiempos revueltos, al frente de ese nuevo partido en el que aparecían timoneles nuevos cada dos por tres para dirigirlo, Vestrynge (que derechas no tiene nada, y menos de derecha rancia, como luego ha demostrado), Hernández Mancha (de cuyo nombre nadie se acuerda), la constancia del dinosaurio Fraga, digo, sobreviviente a una y otra catástrofe, le llevó por fin al acierto del sucesor, y a la presidencia de su tierra, que ya era su tierra -en eso tenía razón- antes incluso de ser su presidente, la olvidada y hermosa Galicia.

Pero no hay dicha ni desdicha que cien años dure, y la dicha de uno fue la desdicha del PSOE…Quizá tuvieran razón los que hablaban del contubernio contra los socialistas con sus tan aireados y pregonados casos de corrupción, que salpicaron hasta al mismísimo presidente y a su segundo de a bordo, por culpa de su “hermanísimo”, y que tuvo la decencia de dimitir, gesto que poco se ha visto luego en otros.

Era, por fin, la hora del emergente partido de la gaviota, ave carroñera disfrazada de paloma. Igual es paloma que gaviota, ambas son aves sobre las que se ha hecho mucha mala poesía, en las que se han simbolizado grandes y divinos acontecimientos, y cuya realidad difiere mucho de la buena imagen que de ambas tenemos o nos hemos forjado los humanos. Bajo esas siglas, nombrado  ya el definitivo sucesor, otro bajito bigotudo, que hablaba catalán en la intimidad, como su mujer hablaba inglés en público, llegado de la presidencia de Castilla-León, consigue el poder en 1996.

Este partido, que se veía triunfador por la caída en picado socialista, y al que le costó sus largos años de peregrinaje por el desierto, buscó, para dar imagen de renovación –el mismo perro con diferente collar- un nuevo líder que con menos gracia que un pato cojo, se pone al frente de la nación española. El rejuntado partido llamado Popular, reminiscencia de aquella Alianza Popular, deja de ser oposición y como una piña aplaude a su nuevo líder, reminiscencia del aplauso masivo, franquista-fraguista. Se pregona como una derecha nueva a estilo europeo, pero quedó demostrado que el zorro pierde el pelo, pero no las mañas.

Comienzan, a escala nacional, las privatizaciones, Argentaria, Enagás, Repsol, Endesa, Telefónica, Aceralia, Tabacalera, Iberia... y siguen las privatizaciones en el ámbito municipal de empresas de vida y muerte, como el cuidado de parques y jardines, la Funeraria (la de Madrid se vendió a dos hermanos empresarios por cien pesetas), los polideportivos, la limpieza, las escuelas municipales de música, y un largo etcétera de servicios de los que se han visto privados los vecinos en cada municipio. 

Después, el nuevo PP volvió a perder el poder, hasta que llegó otro gallego prometiendo el oro y el moro, con un mensaje del mismo calibre que los garbanzos del señor Fraga. El oro quedó para ellos, empresarios afines y dirigentes del partido, y el moro, junto a la mayoría de españoles, fue perseguido y robado hasta quedarse todos sin garbanzos, con la boca abierta, estupefactos ante tanto choriceo, impotentes ante tanta corrupción, y sin saber qué hacer cuando un partido practica la corrupción, desde su misma fundación, el “caso Naseiro” de entonces, multiplicado ahora con otros muchos casos, desde Rato a Rita, pasando por Bárcenas, y acabando en los más “Granados” dirigentes, y la multitud de cajas B en Madrid y Valencia, pasando por Suiza y acabando en las islas Caimán... Deplorable.

La historia es la historia, los hechos son los hechos, aquí y en Europa, donde un partido como el que nos ocupa estaría prohibido, hubiera dejado de existir, y no se le hubiera permitido presentarse a unas elecciones, a resultas de su historia pasada y de su corrupción actual.

Política Podrida