domingo. 19.05.2024

Del pacto memo a la zorra cuidando las gallinas

Algunos políticos que han ejercido el poder o quieren ejercerlo desprecian a los españoles o creen que los españoles son tontos a tenor de sus declaraciones y hechos, sobre todo, pactos entre uno y otro partido. Muchos de esos mismos políticos no saben de cuentas o las echan mal, esperando que el orden de factores altere el producto, como se decía en tiempos de escuela; piensan que tales cuentas les salgan positivas y puedan ganar si a algún otro tonto de sus compañeros en el hemiciclo le da por abstenerse, por no saber a qué atenerse, o sabiéndolo, que la política a menudo es el arte de la hipocresía. No faltarán quienes, como ha ocurrido más de una vez en esta corta democracia impropia, se dejen llevar por el mercadeo del carguito o de cualquier dádiva que le asegure su existencia cómoda y acomodada para toda la vida. La corrupción, el mercadeo, la traición y la hipocresía están presentes en democracia desde su mismo origen, multiplicado y llevado al arte de la insidia, la envidia y el crimen por los primeros imperios, de los que aún bebemos los humanos. Los españoles, nuestros políticos, no son ajenos a esos vicios endémicos y ancestrales practicados y perfeccionados por nuestros antepasados, los romanos, y eso que “Roma no pagaba a traidores”, máximas ambas, tirar la piedra y esconder la mano, que siguen implantadas en la sociedad, sobre todo en el ejercicio del poder. Y es que el poder suele ser endeble, y es necesario para su afianzamiento mancharlo de sangre pensando que de esa manera resulte duradero. Con sangre y con dinero. Hay que ser muy cabal, con todo el sentido castellano de este calificativo, para que el poder no obnubile la mente y mantenga acciones e intenciones dentro de una ética estricta y consecuente.  Lo dijo muchas veces el Viejo y admirado Profesor Tierno Galván, cuando era alcalde de Madrid: “el poder corrompe en la medida de quien lo ejerce”. Aparte de él, personas cabales en política he visto pocas a lo largo de esta democracia española, proliferan más los que carecen de ética que los que la practican y no caen en las garras de la hipocresía y la corrupción.

A muchos de estos individuos metidos “a” la política para medrar y no por un compromiso social, nunca se les descubre, y si así ocurre, suele ser demasiado tarde, cuando han esquilmado su parte correspondiente a los buenos contribuyentes. A otros enseguida se les ve el plumero, y eso lo notan los ciudadanos que les corresponden con su disminución de adeptos y votaciones. Los ciudadanos conscientes de la importancia de su voto, que hay quienes votan lo que les dicen y a quienes inducen los grandes medios, vendidos casi todos ellos, mendigos del poder, voceros de intereses que nada tienen que ver con lo que pregonan, y mucho menos con lo que realmente la sociedad demanda. Son los mismos a quienes no les interesa el cambio, porque le tienen miedo, y procuran malmeter, como se dice en mi pueblo, contra los que quieren cambiar y tratan de llevar a cabo la política que necesita la mayoría social, la que siempre sale perjudicada por las actitudes y acciones de la anterior. El cambio siempre conlleva riesgo, y el riesgo precisamente a quienes están manejando el poder y las grandes finanzas, no les interesa. Estos, los de la cúpula, no saben que su base es la sociedad de la que ellos se aprovechan y que les mantiene. Son unos inconscientes porque no saben que los de abajo son más numerosos, y algún día, ya no muy lejano debido a la libre y universal interacción comunicativa, se pueden rebelar y se habrán de rebelar a sabiendas de que siguiendo por el camino marcado por esa cúpula protegida falsamente, acabarán ellos y los demás. Son los demás aquellos que aman la vida por encima del dinero, que quieren seguir viviendo en un mundo sin contaminar, que su dedicación y su lucha no es tanto el negocio cuanto la consecución de la felicidad. Son aquellos que cuando les oprimen tanto, explotan. Una bomba de relojería con el tiempo marcado por la degradación ambiental y la presión social que ya empiezan a no ser consentidas. De la “globalización pasiva” se pasará a la “glocalización activa” como punto de arranque de esa rebeldía, de esa nueva primavera que haga florecer la naturaleza y dignificar al ser humano. En España ha empezado ese cambio, y es hora, a pesar de la presión mediática, de llevar a cabo ese cambio. El primer síntoma, muy importante para zafarse de tanto manejo decimonónico que ha venido empobreciendo este rico y hermoso país, con la alternancia en el poder de dos únicos partidos, es el fin del bipartidismo. Se abre un camino por recorrer y cada cual debe fijar la senda por la que ha de ir. Es decir, se debe definir como persona y como partido, y mostrar claramente al lado de quién está, si de las finanzas o de la sociedad, si de la corrupción o de la ética. Unas finanzas nunca más ficticias y más en el aire que las de ahora, y una sociedad nunca con los pies en la tierra como ahora. La sociedad española solicita un cambio, lo ha hecho por dos veces, tímidamente porque es consciente de que el extremismo lleva a la confrontación; y es consciente por sí misma o por tradición generacional, y por sus secuelas, de que la confrontación no lleva sino a ríos de sangre que sólo interesa al poder para su afianzamiento, no a la mayoría, poderosa y resignada. Por eso lo ha hecho tímidamente en ambas elecciones. Si algo queda de inconsciencia, se debe  no tanto a la estupidez como nos hacen creer algunos, sino a la ignorancia, a la nefasta influencia, por desgracia, de unos medios de comunicación al servicio de esa cúpula cuyo interés único es mantenerse a costa de los demás y al precio que sea, recortando, amedrentando, privando de derechos y empobreciendo en general, porque cuanto más pobres son unos en recursos y fuerza, más ricos se vuelven otros.

CUENTAS MEMAS Y ZORROS EN EL CORRAL

Pongamos nombre y apellidos a estas reflexiones generales, bajando a un alborotado corral, al que medios de comunicación y políticos sin escrúpulos quieren buscar solución, pero no la encuentran. Habrá que dar la razón a nuestro querido Marx, el actor humorista (que nadie se escandalice), Groucho Marx, cuando dice que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, y aplicar las soluciones equivocadas”. Esto están haciendo algunos líderes que pregonan “la urgencia de solucionar los problemas urgentes”, y se han  pasado semanas y meses haciendo mutis por el foro, alargando los plazos esperando que el poder de nuevo le caiga del cielo, o se lo traiga Papá  Noel. Es la irresponsabilidad de un presidente en funciones que no funciona, un Rajoy que, como buen gallego, no se sabe qué piensa, haciendo honor a su idiosincrasia, de donde procede “idiota”, y cuando uno se lo encuentra por los pasillos, por no decir la escalera donde no se sabe si sube o baja, si viene o se va, si se presenta o no deja presentarse, aplaza la investidura hasta su limite.

Tras tantas negociaciones, conversaciones, dimes y diretes, respuestas a preguntas con otras preguntas, balones fuera acusando a los demás de irresponsables, de no querer pactar, de blababla, encuentra por fin un escudero, porque a otro no podía encontrar ni los demás quieren ser, por eso de dime con quién andas o con quién te juntas, y te diré quién eres: Albert Rivera, el catalán que es mucho español, como él, y que hasta ahora quería demostrar lo que no era juntándose antes con otro, que por lo visto, tampoco había echado las cuentas. Y llega ufano el aparecido Riverita a un pacto memo, inútil, después de andar dando bandazos a un lado y a otro, como las diligencias en el oeste, perseguidas por los indios, en su caso por sus votantes que le han retirado el apoyo anterior por hacer lo que no tenía que hacer. Antes no se sabía de qué iba, pretendía ser lo que no era. Ahora no; ahora se le ha visto el plumero, precisamente el que no corresponde a los jefes indios. Están hechos el uno para el otro. No en vano ha tardado en definirse el líder -es un decir, como Rajoy- del prometedor Ciudadanos, que naciendo catalán es menos catalán que nadie (la única diferencia con Rajoy, que es gallego y ejerce de gallego). Por fin, y eso es bueno para ir aclarando el corral, se le ha visto el plumero. Claro que si no encuentran otros escuderos, labor difícil, querido Sancho, el pacto no deja de ser un  “pacto memo”, porque no va a ninguna parte. Tampoco van a engañar al español espabilado con ese otro “pacto interno” de luchar contra la corrupción. ¡Vaya paradoja digna de Unamuno! Luchar contra la corrupción aliándose con el partido más corrupto de Europa. Poner la zorra al cuidado de las gallinas.

Ni arrimándose a la candidatura del actual presidente en funciones, señor Rajoy, ni a la del líder del PSOE, Pedro Sánchez, pudieron lograr ni siquiera una mayoría de escaños positivos frente al “no” del resto de la Cámara. No superaron a las votaciones negativas. Todos alegaron entonces que la culpa no era suya, blandiendo esta perogrullada como bandera de su buen hacer “por España”. No hubo, pues, otra salida que acudir por segunda vez a las urnas el pasado 26-junio, con un resultado parecido.

Si en las anteriores elecciones el único pacto conseguido fue entre PSOE y C,s, y las cuentas no salieron, en las actuales circunstancias, el pacto es semejante en su intrínseca memez, alterando los factores. No sé si habrán echado cuentas, pero bien sabido es que el orden de factores no altera el producto,  que dos más tres suman cinco, igual que tres más dos (2+3=5><3+2=5). Si entonces no consiguieron ni siquiera una mayoría simple, es decir, más votos afirmativos que negativos, en esta segunda vuelta, con este nuevo pacto, el resultado viene abocado irremediablemente a ser el mismo, y el señor Rajoy, ahora, como entonces el señor Sánchez, se quedarán sin ser proclamados presidentes, y sin posibilidad de poder formar gobierno. Es, de nuevo, un pacto entre memos, o un “pacto memo”, es decir, una acción inútil con un resultado que no sirve para nada.

Pero ahora como hace unos meses, tampoco el PSOE puede alcanzar la mayoría ni siquiera aliándose con Podemos, aunque se quedaría a las puertas que podría traspasar con la unión de los partidos independentistas y regionalistas, más proclives a pactar con cualquiera menos con el PP. Sin embargo, es la opción más lógica. Pero ya se sabe que el señor Sánchez está entre la espada y la pared, entre la influencia de los barones de su partido, que ya quitaron la “S” y la “O” al partido, y  hoy pretenden enterrarla, y los medios de comunicación que le asustan como si un pacto con Podemos fuera la hecatombe. Y es la única solución por donde pasaría el cambio, si realmente el líder del PSOE también lo desea.

Rivera “se ha desnudado” y ha mostrado claramente su ideología, que nada tiene que ver con un gobierno de progreso y de izquierda. Sanchez debería hacer lo mismo, y mostrar a las claras a qué partido pertenece. Bien es cierto, así el líder de C,s lo ha manifestado, que ha pactado con el PP porque han conseguido llegar a un acuerdo para luchar contra la corrupción. Pero como se dice vulgarmente en frase muy expresiva, han puesto la zorra al cuidado de las gallinas. ¿Qué es sino pretender esa lucha contra la corrupción arrimándose al partido más corrupto de Europa, en el que sus principales dirigentes, de antes y de ahora, están pringados hasta las narices? Un partido que ha hecho de la corrupción un sistema de gobierno, una mafia, una “organización criminal estructurada para delinquir”, como han  dicho los jueces en sus sentencias. Un partido que ha usado del poder en beneficio propio esquilmando a los ciudadanos a los que no solamente ha empobrecido, sino ha llevado a la muerte... Y su líder, un gallego, hoy como ayer, espera que la mayoría de la sociedad representada en otros partidos, le apoye...

Finalmente, repito, ha quedado clara la postura de un partido que perdió votos por aliarse con el PSOE y ahora los quiere recuperar con su alianza con el PP, por la afinidad entre ambos, y porque esperan, como se supone lo hace Mariano Rajoy, que si se llega a unas terceras elecciones, el PP siga subiendo, como lo ha hecho en las segundas, gane más escaños y Ciudadanos sea entonces su fiel escudero en el poder.

Queda por descifrar una tercera incógnita: y son el PSOE y Podemos, dos partidos de los que todavía no se sabe si llegarán a pactar, y si se les sumarán los nacionalistas y otros minoritarios; sólo se da por seguro que votarán todos “no” a Rajoy. Aunque entre los socialistas hay voces de antiguos dirigentes que abogan por la abstención, permitiendo de ese modo una minoría simple que daría el poder al PP. Sería un grave riesgo que pondría entre las cuerdas a un PSOE cada vez más  a la baja.

Mientras tanto, del oscuro Rajoy -serán sus genes- no se sabe si sube o baja de la escalera, si está o no pactando con otros... Asunto difícil de conseguir. Quizá espere que los pactos le caigan del cielo. Si el poder no se lo dan los votantes, quizá se lo traiga Papa Noel o los Reyes Magos. Porque, si todo sigue en tablas, si sigue la incertidumbre, habrá que ir a unas terceras elecciones, que serían en Navidad. Y si sigue subiendo, no habrá quien le baje.

Del pacto memo a la zorra cuidando las gallinas