domingo. 03.03.2024

Grecia, lecciones de Democracia

La nueva palabra en boga y en boca de la oligarquía typical spanish es “populismo”, calificativo aplicado a la gestión del gobierno griego.

tsipras

De popular a “populismo”, derivación semántica que haría las delicias de la “Psicopatología de la vida cotidiana” del psiquiatra austríaco Sigmund Freud.

“Después de milenios, Grecia, cuna de la democracia, la rescata y vuelve a darle todo su valor primigenio, el pueblo ordena y manda a sus gobernantes elegidos”.


Ante la noticia de la dimisión del primer ministro griego Alexis Tsipras por los malditos recortes que la ominosa Troika le exige frente el nuevo rescate para pagar la deuda, ajena al pueblo y a su gobierno, importantes politólogos y sus, no menos importantes, medios de comunicación de masas, están sembrando la alarma en el pueblo español para que aprendamos la lección de a quién hay que votar, y a quién no. Sobre todo a quién no hay que votar. Una palabra les llena ahora la boca sustituyendo a otra cuyo sentido era difuso, confuso y estúpido, tergiversando lo que ella en sí misma, derivada de un sonoro apellido,  encerraba: Bolivariano. Tengo que confesar, pobre de mí, infelice e ignorante, que nunca supe qué querían decir con ese adjetivo las lenguas viperinas de los dirigentes “populares” (perdón por el calificativo), al referirse a las intenciones políticas de un nuevo partido, surgido del pueblo, como deben surgir los partidos, de abajo, no desde arriba, como por ejemplo el fenecido “sindicato vertical” de hogaño. La nueva palabra en boga y en boca de la oligarquía typical spanish es “populismo”, calificativo aplicado a la gestión del gobierno griego y a los proyectos del nuevo partido español con semejanzas griegas (y bolivarianas, repito). No sé qué diría Freud de estas derivaciones semánticas, a modo de lapsus linguae. Popular y populismo, a mi corto modo de entender, parece estar relacionadas. Pero como desde Freud ha llovido lo suyo y por lo visto ya está superado, he preferido fijarme en el propio significado, a partir del diccionario de la Real Academia por si me infundiera luz al respecto. Del primer concepto es fácil hallar la explicación, semántica e histórica, y es de suponer que teniendo como tiene tantas connotaciones no les guste a esta oligarquía de la España cañí, que también tuvo la osadía de implantarse en el Nuevo Continente donde estuvieron haciendo de las suyas y de las ajenas, viviendo a cuerpo de virrey y explotando –ya era su costumbre- a los indígenas porque eran “salvajes”, como si ellos, los que fueron, no lo fueran. Con esos “civilizados europeos” acabaron los, por el pueblo, admirados próceres, denominación acertada que se mantiene con respeto y adoración, educados muchos en España, y que, influidos por las ideas de independencia de la revolución francesa y el romanticismo, fueron los artífices de la liberación de los invasores; con su revolución independentista, entre otros, por venir al caso, Simón Bolívar, lograron crear nuevos países y naciones libres. Explicación y fundamento tiene, pues, tal calificativo y su sentido peyorativo, muy lógico para esas clases privilegiadas que lo eran, lo son y lo siguen siendo, aquí y en América, donde los echaron a patadas y arcabunazos.

Sobre el segundo adjetivo, populismo, he querido indagar y no he encontrado una definición, ni siquiera en la RAE, institución por excelencia en esto de las lenguas. Sea como sea, aun sin ser, todos sabemos a lo que se refieren estos dirigentes “peperos” -mejor que populares-, al aplicar esa palabra a políticas que no son las suyas y que no les gustan, acostumbrados  a hacer de su capa un sayo y de las ajenas una túnica que guardan en baúles fiscales. Eso sí, para engañar a ingenuos con falsas caretas; siguiendo el lema del emperador Augusto de que el lenguaje debe servir para disfrazar la realidad, se hacen llamar a sí mismos “populares”. Puestos a buscar tres pies al gato, recordando además la teoría del subconsciente de Freud y su Psicopatología de la vida cotidiana, uno se inclinaría a pensar que con tal adjetivo se definen a sí mismos, pues la raíz es la misma en ambos conceptos. Como añadiría el famoso Montesquieu “cuanto menos piensan los hombres, más hablan”, se nota que en las mentes preclaras del Partido Popular parece que en su pensamiento el pueblo está ausente, a tenor de su comportamiento a expensas del mismo.

Pero descendamos al significado que a tales conceptos aplican los bocazas del PP –de boca larga e ideas cortas, porque según el lenguaje, así es el pensamiento- cuando sacan a relucir esa raíz al hablar de los partidos que tratan de identificarse con el pueblo, y cuentan siempre con el pueblo a la hora de tomar decisiones, postura contraria a la suya, pese a su divisa “popular”, que de popular no tiene ni la sombra. Aprovechan la dimisión del dirigente del partido griego en el gobierno calificando de fracaso esa política de marcado, según ellos, carácter “populista”, viéndolo siempre negativo, como decía el entrenador holandés de fútbol, y augurando que si España sigue caminos parecidos, su futuro será inviable, caerá en el caos, vendrá la hecatombe. Como si todos esos desastres no hubieran llegado ya con su política “popular”. Desde los tiempos de Aznar; el carismático del atentado que no le rozó, admirador de Reagan, otra “víctima” de atentado carismático, y la Thatcher, dama de hierro y espada, uno se quiso montar, cual si de una peli se tratara (algo debía quedarle de sus buenos/malos tiempos de actor), la guerra de las galaxias, y la otra, con su neoliberalismo, se montó otra  a miles de millas de distancia, y arruinó la boyante economía anglosajona.

EL PUEBLO ORDENA Y MANDA

Es el fracaso del populismo, argumentan los sabios politólogos, ante la dimisión del presidente heleno. Un hecho que visto desde una perspectiva lógica –de logos, palabra griega- no es otra que prestar de nuevo oídos al pueblo para que éste mande lo que debe hacer su gobierno, popular, o sea, del pueblo, ante tal encrucijada. Para eso corren el riesgo de las urnas, no quieren mantener el sillón, el poder a toda costa, no han sido elegidos –y probablemente lo vuelvan a ser- para empobrecer a su gente a favor de intereses ajenos, sino para fomentar su progreso, mejorar su vida, dignificar una sociedad, a la que terceros países quieren denigrar para enriquecerse ellos y comprar una nación que es un vergel a precio de saldo, donde puedan vivir bien y disfrutar del ocio quienes no han nacido rodeados de mares y riquezas naturales. Es el pueblo con su palabra quien les marcará el camino. Toda una lección de democracia que después de milenios vuelve a rescatar precisamente el país que la inventó. Rescatarla y darle su auténtico valor.

Grande es la diferencia de actuación de un partido en el gobierno allá, y otro acá. Grecia, de nuevo, como cuna de la democracia, está dando una lección a todos los regímenes de la ominosa Eurozona. Ante decisiones que pueden marcar de por vida a un país, sus gobernantes cuentan con el pueblo antes que con su propio y particular interés, personal o partidista. Harán lo que digan sus ciudadanos, aun a riesgo de que la voz popular les prive de un próximo mandato. Lo hacen porque saben que el poder no es suyo, sino que reside en el pueblo y a él se deben y ante él deben responder. Si eso es populismo

Puede que sí, y puede que no, que discurriría un castizo, porque hasta ahora en nuestros gobernantes, sobre todo en los gobiernos del sr. Aznar, que inauguró la nueva etapa “popular”, y luego en la de su sustituto, a cada cual más nefasto, eso de contar con el pueblo, na de na. ¿Pa qué?, si ellos saben lo que hacen arrimándose, en el caso de Aznar, al todopoderoso presidente de los EE UU para apoyarle en una flagrante y bárbara invasión, como si a ese Bush-vao le hiciera falta un apoyo, e invadir y montar una guerra que solamente beneficiaba a los Estados Unidos y a su industria petrolera y armamentista. Debía pensar el del bigote nazi que quien a buen árbol se arrima, buena sombra le da. Y le dio, nos dio a todos, sombra y luto, negrura y dolor. No oyó las voces de múltiples y multitudinarias manifestaciones de todas las ciudades españolas en contra. Tampoco la oye su elegido, Rajoy, cuando el pueblo protesta en la calle contra la ilegal “Ley Mordaza”, contra la reforma del aborto, contra la corrupción, los recortes laborales y de derechos, contra las privatizaciones sanitarias y educativas, cierres de empresas y ERES… “España va bien”, pregonaban. Sí, señor, va bien de culo y cuesta arriba. Y ellos sin enterarse. No se coscan, que dice nuestro castizo. Por eso siguen aferrados al sillón de sus entretelas. Mientras tanto, el pueblo sigue en la calle, sin poder sentarse porque le han robado el sillón. ¡Ay!, si le hicieran más caso... 

Grecia, lecciones de Democracia