martes 27/7/21

El sueño europeo y la pesadilla nacionalista

bancera

Los populismos nacionalistas en Alemania, Francia, Holanda, y también en Cataluña, coinciden en señalar a un colectivo al que culpar falsamente del sufrimiento asociado a la crisis, sean inmigrantes, sean élites políticas en general o sea “el Estado español”

Mientras el escenario español se atasca con el mono-tema del falso referéndum separatista en Cataluña, la política europea debate cómo afrontar el desafío que supone la entrada en el Parlamento alemán de casi un centenar de diputados partidarios del nacionalismo extremo, el odio racial y la eurofobia.

El nacionalismo exacerbado es una enfermedad que no cesa de crecer en los principales países de Europa, si bien con formulaciones y amenazas de distinta naturaleza y alcance. Los populismos nacionalistas en Alemania, Francia, Holanda, y también en Cataluña, coinciden en señalar a un colectivo al que culpar falsamente del sufrimiento asociado a la crisis, sean inmigrantes, sean élites políticas en general o sea “el Estado español”.

Y la respuesta debe ser tan contundente en la denuncia de su manipulación como eficaz a la hora de resolver los problemas de fondo que alimentan su discurso y sus apoyos sociales. Estos problemas de fondo son perfectamente identificables: la desigualdad y la pobreza crecientes que ocasiona la globalización liberalizada; y las limitaciones de participación efectiva que evidencia el modelo democrático vigente.

Por eso resulta tan frustrante por limitada la respuesta que están ofreciendo los grandes líderes europeos ante la magnitud del desafío. La pragmática Merkel parece contentarse con construir una nueva coalición de Gobierno que mantenga con socios distintos la misma inercia perniciosa de los últimos años. Y el grandilocuente Macron ha dibujado un “sueño europeo” sin más concreción que un “comisario del euro”, un “fondo monetario europeo” y una “fuerza conjunta de intervención militar”.

La inercia obtusa de Merkel y la artificiosidad pacata de Macron solo lograrán aumentar la frustración de millones de europeos y el caldo de cultivo para nacionalistas, populistas y eurófobos.  Y  a todo esto, ¿dónde está la izquierda europea? ¿Qué propone para salvar el reto re-nacionalista y para relanzar el auténtico sueño europeo?

Los europeos no avanzaremos en la construcción de un “demos” propio y no lograremos contrarrestar la movilización emocional que proporcionan los nuevos nacionalismos con el tran-tran de Merkel y las propuestas limitadas de Macron. El sueño europeo necesita de planteamientos más ambiciosos e ilusionantes.

¿Por qué no impulsar, una Agencia Tributaria Europea que comience a regular y a recaudar impuestos suficientes y progresivos de manera homogénea, acabando con la elusión, el dumping y los paraísos fiscales de facto? ¿Por qué no financiar con esos fondos un Estado de Bienestar Europeo que garantice a todos los europeos unos adecuados servicios sanitarios, educativos y de lucha contra la pobreza?

¿Por qué no establecer un Estatuto de los Trabajadores Europeos que garantice un salario mínimo común y unas condiciones laborales homogéneas de obligado cumplimiento por todas las empresas, frente a la pobreza laboral rampante? ¿Por qué no un sistema de pensiones conjunto y una política común de vivienda que proporcione seguridades nuevas a mayores y jóvenes en Europa?

¿Por qué no avanzar en la mejora de la calidad de nuestras democracias? ¿Por qué no proporcionar más apertura, más transparencia y más participación ciudadana efectiva en los procesos de decisión que atañen a la colectividad? ¿Por qué no aportar más legitimidad democrática a los centros europeos de decisión?

Estas medidas sí ayudarían probablemente a frenar en seco las veleidades neo-nacionalistas y sí restarían fundamentación al discurso eurófobo. Esto sí sería de verdad un sueño europeo. Con este tipo de medidas se podrían vislumbrar claramente las ventajas de la Europa federal a la que parece aspirar la (aún) mayor parte de la representación política europea.

¿Alguien se atreve siquiera a soñarlo?

El sueño europeo y la pesadilla nacionalista