domingo 12.07.2020

Constitucionalistas

No hay nada más contrario a la Constitución Española de 1978, que su utilización para identificar una posición política partidaria y zaherir a las demás.

El éxito de la Constitución de 1978 radica precisamente en su carácter suprapartidario. La Carta Magna recoge el compendio de derechos fundamentales que garantizan nuestras libertades, al tiempo que establece los procedimientos que nos convierten en una democracia homologable a las más avanzadas del mundo

Y no hay mayor falsificación histórica y política acerca de esa misma Constitución, su origen y su vigencia, que tratar de situar al PSOE fuera del constitucionalismo.

Sin embargo, estos son los componentes habituales del discurso de las derechas españolas y sus portavoces más significados, como Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas.

El éxito de la Constitución de 1978 radica precisamente en su carácter suprapartidario. La Carta Magna recoge el compendio de derechos fundamentales que garantizan nuestras libertades, al tiempo que establece los procedimientos que nos convierten en una democracia homologable a las más avanzadas del mundo.

Esgrimir las reglas que fundamentan nuestra convivencia como un patrimonio particular y partidista, así como un arma contra el adversario político, ha de considerarse una actitud abiertamente inconstitucional.

La Constitución de 1978 es encuentro y concordia, todo lo contrario del desencuentro y el enfrentamiento permanente que procuran los que se hacen llamar constitucionalistas a sí mismos de manera excluyente.

El PSOE es uno de los artífices protagonistas de la Transición Democrática y de la aprobación de la Constitución Española del 78. Lo atestiguan el sacrificio de muchos luchadores socialistas por la libertad, las aportaciones intelectuales de dirigentes como Gregorio Peces Barba, y el liderazgo de grandes hombres como Felipe González y Alfonso Guerra.

La Constitución no la hizo el PSOE, desde luego. Pero el Partido Socialista fue una de las organizaciones que más determinación y esfuerzo aportó a su elaboración en el Parlamento, y a su aprobación mediante referéndum en la sociedad española.

Desde entonces, además, el PSOE ha sido el partido político que más tiempo ha gobernado España conforme al ordenamiento constitucional.

Por tanto, tachar a los militantes y votantes del PSOE como “anti-constitucionalistas” resulta ridículo, y movería a la hilaridad si no fuéramos conscientes de que la reiteración de tales acusaciones falsas contribuyen a deteriorar el clima político y la convivencia social.

Y que lo haga el partido de José María Aznar, que calificó la Constitución como “charlotada intolerable”, o el partido de Arrimadas, que se apoya también en la ultraderecha franquista para tocar poder, más que paradójico, es obsceno.

Efectivamente, hay quienes en nuestro país se manifiestan contrarios a preceptos clave de nuestra Constitución, como la integridad territorial o la monarquía parlamentaria. Y quieren cambiarla en parte, en todo o, incluso, hacer otra constitución propia para un sujeto político que reivindican distinto.

Se equivocan gravemente, porque esta Constitución ha proporcionado, proporciona y ha de proporcionar convivencia, libertad y progreso al conjunto del pueblo español, por muchos años.

Pero incluso aquellos que no la aceptan han de admitir que hoy ejercen su libertad de expresión y de participación política, precisamente, gracias a la Constitución Española de 1978. En consecuencia, también estos han de ser considerados constitucionalistas, desde esta perspectiva al menos. Esa es la grandeza de nuestra Carta Magna que no acaban de entender Casado y Arrimadas.

Dejen de usar la Constitución como un ariete contra los demás, y léanla con un poco más de atención. Por favor.

Constitucionalistas